08. Cannabinoides y drogas de síntesis

Cannabinoides

Los humanos somos la única especie del Reino animal que empleamos la planta Cannabis sativa. Es un vegetal dioico, es decir, que tiene plantas macho y hembra, que crecen por separado. La planta macho suele morir después del ciclo de floración y tener mayor tamaño que la hembra. La riqueza en compuestos psicoactivos de ambas plantas, machos y hembras, al contrario de lo que se había venido pensando es muy parecida.

Posee más de 60 componentes psicoactivos, aunque el más conocido y el de mayor actividad es el Delta-9-Tetrahidrocannabinol (THC). El resto de los compuestos  no son activos y se desconocen los efectos de la mayor parte.

La mayor parte de los cannabinoides se encuentran en las flores de la planta hembra, seguida por las hojas y los tallos. No obstante, todas las partes de1a planta contienen, en mayor o menor proporción, compuestos psicoactivos.

Los preparados de la planta Cannabis sativa se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Marihuana: Obtenida de las hojas secas y flores.

  • Hachís: Obtenido de la resina segregada por las hojas de cannabis o hirviendo la planta.

  • Aceite de hachís: Obtenido mediante la destilación de la planta en disolventes orgánicos.

En la actualidad, debido a las mejoras en el tipo de de cultivo y a nuevas variedades de la planta, la riqueza en cannabinoides puede llegar a alcanzar hasta los 150 mg por cigarrillo, e incluso el doble si lo que se fuma es la resina y no las hojas de la planta. Un cigarrillo de marihuana puede contener un promedio de 0,5-1  gramo de la planta.

La riqueza de estos preparados disminuye con el almacenamiento de la misma, debido a dos factores principalmente: el tiempo transcurrido desde su recolección; y las condiciones de humedad del lugar donde se almacene (a mayor humedad menor riqueza).

Los preparados de cannabinoides ocupan el primer lugar entre las drogas ilegales consumidas en el mundo y su uso abarca a todas las clases sociales, grupos étnicos y niveles socioeconómicos. Los cannabinoides tienen abundantes propiedades terapeúticas para las que podrían emplearse en los casos que otros fármacos ya comercializados no sean tan efectivos.

Generalmente estos preparados se fuman, bien en forma de cigarros denominados popularmente porros, bien en una pipa de agua. Los consumidores suelen inhalar profunda y mantenidamente el humo para maximizar la absorción del THC y otros componentes psicoactivos por los pulmones. A groso modo, un porro suele contener entre un 0.5 y un 1 gramo de cannabinoides. Se sabe además que la cantidad de THC necesaria para producir efectos en los fumadores está entre 2 y 22 miligramos, dependiendo de que sean usuarios ocasionales o regulares. La cantidad de THC liberada al fumarse un porro se estima que está en un rango del 20 al 70% y su biodisponibilidad varía entre un 5 y un 24%. Si solamente 20 % del THC liberado entrara en la circulación sanguínea, la concentración de THC en sangre sería de 4.4 mg. Diversos estudios con animales han demostrado que la cantidad de THC que llega al cerebro es baja, alcanzando un 1% de la concentración máxima en sangre. Si en humanos ocurre algo parecido, eso significa que llegaría un mínimo de 44 microgramos al cerebro.

En la mayoría de los casos el uso es intermitente y limitado a determinados períodos de la vida: la mayoría de los que se inician en el consumo lo dejan entre los 20 y 30 años de edad y pocos continúan consumiendo durante años. Se estima que el 10% de los que se inician en el consumo cuando son jóvenes llegan a ser consumidores diarios más tarde, y entre el 20 y el 30% de los que se inician lo consumen solamente los fines de semana.

Los que consumen diariamente suelen ser varones, tener un nivel de escolarización inferior, consumir diariamente también alcohol y tabaco y tomar otras drogas de abuso como psicoestimulantes, sedativos, opiáceos y halucinógenos. El cannabis es la puerta de entrada para el consumo de otras drogas, lo que se denomina escalada de la drogadicción. No todos de los que consumen regularmente cannabinoides necesariamente se inician en la senda de otras drogas de abuso, pero todos los que consumen otras drogas ilegales han consumido antes de ellas cannabinoides.

El sistema cannabinoide endógeno

Muchos de los efectos conductuales de los cannabinoides podían estar mediados por la interacción de estos compuestos con un sitio receptor en el cerebro:

Receptor central CB1 : la unión del THC con este receptor produce la inbición de la enzima adenilato ciclasa, que se traduce en una reducción de la producción de AMPc. Tanto en el hombre como en primates y ratas la mayor densidad aparece en el globo pálido, núcleo entopeduncular, sustancia negra, hipocampo y cerebelo.

Esta distribución en el cerebro explica muchos de los efectos de los cannabinoides sobre el sistema motor y sobre las capacidades cognitivas y perceptivas.

Receptor periférico CB2, efectos de los cannabinoides sobre el sistema inmune.

Ligandos endógenos:

  • Anandamida (araquidoniletanolamida). Derivado del ácido araquidónico.

  • Etanolamina (el homo-gamma-linoleniletanolamina y el 7,10,13,16-Docosatetraeniletanolamina).

2-araquidonil glicerol. No tiene una estructura del tipo amida. Se une tanto a los receptores periféricos como a los centrales de cannabinoides.

Todos estos ligandos endógenos producen efectos semejantes cuando se administran a animales de laboratorio: reducción de la actividad espontánea, inmovilidad, hipotermia y antinocepción, efectos que son muy parecidos a los que causa la administración de THC.

Se ha descubierto una molécula transportadora presináptica de la anandamida que, igual que ocurre con otros neurotransmisores, participa posiblemente en la recaptación de la anandamida desde la hendidura sináptica; y un antagonista para los receptores CB1, el SR 141716 A.

Efectos conductuales de los cannabinoides en humanos:

  • euforia y relajación

  • alteración del sentido del tiempo

  • intensificación de las percepciones sensoriales comunes

  • disminuciones dosis dependiente de otras funciones conductuales y cognitivas que afectan al control de las capacidades motoras de los sujetos que están bajo los efectos de la droga

  • en grupo: puede producir risa contagiosa y locuacidad

  • mientras la droga está en el organismo: la memoria a corto plazo, la atención, las habilidades motoras normales y el tiempo de reacción están disminuidos

Las personas que conducen un vehículo u operan manualmente alguna maquinaria peligrosa tienen un apreciable riesgo de sufrir un accidente.

Uso ocasional produce efectos secundarios displacenteros como ansiedad y ataques de pánico:

Usuarios noveles: este tipo de efectos negativos suelen causar el abandono del consumo.

Consumidores crónicos: esos efectos secundarios aparecen cuando se ha tomado una dosis considerablemente mayor de la habitual.

Consumo crónico de cannabinoides durante la adolescencia se ha asociado también con una disminución del rendimiento académico y con fracaso escolar, pero hay estudios longitudinales sobre este tema que no encuentran una asociación tan clara entre consumo crónico en la adolescencia y bajo rendimiento escolar, porque parece que la mayoría de los consumidores crónicos ya tenían un pobre rendimiento académico antes de iniciarse en el consumo de cannabis. De igual modo, los estudios longitudinales también reducen la asociación entre consumo crónico de cannabis y delincuencia, que parece ser menor que la que reflejan los estudios realizados en una edad determinada de los sujetos .

Uso regular de cannabis también produce tolerancia a diferentes efectos fisiológicos pero no está claro que produzca tolerancia a los efectos subjetivos (euforia, relajación... etc). Así, parece requerirse consumir altas dosis durante varios días seguidos para que se produzca tolerancia a estos efectos.

Dependencia física: el cese repentino de la presencia de cannabinoides en consumidores crónicos produce una sintomatología asimilable a un síndrome de retirada que incluye:

  • Irritabilidad;

  • Insomnio;

  • Anorexia;

  • Sudoración;

  • Náuseas

El consumo crónico de cannabinoides puede agravar y hacer aflorar enfermedades mentales preexistentes, dado que está constatado que se produce un aumento de la incidencia de esquizofrenia y otras psicosis hasta seis veces mayor que en sujetos no consumidores de estas drogas.

Evaluación de los efectos reforzantes de los cannabinoides en animales

Las propiedades reforzantes positivas (y negativas) de los cannabinoides pueden estimarse mediante diversos modelos animales. Los cuatro más utilizados:

  1. Autoestimulación eléctrica intracraneal. El THC, al igual que cualquier droga de abuso, baja el umbral de autoestimulación eléctrica intracraneal de drogas.

  2. Condicionamiento preferencial al sitio. El THC produce una preferencia por el lugar de forma dosis dependiente y comparable a la de dosis bajas de cocaína, morfina y comida en animales.

  3. Discriminación de drogas. Solamente ciertos compuestos bicíclicos y los aminoalquilindoles sustituyen por THC, los efectos subjetivos que sienten los animales cuando tienen estas sustancias en su cuerpo son muy similares.

  4. Autoadministración intravenosa de drogas. La dificultad de inducir autoadministración intravenosa de THC en modelos animales sugiere que el THC funciona como un reforzador débil. Ello puede explicar que el consumo de THC no produzca una dependencia severa y que la retirada de la droga no conlleve estados muy adversos. En la mayoría de los casos los sujetos puedan abandonar el consumo sin precisar tratamiento farmacológico.   

En los tres primeros modelos el THC actúa como un reforzador positivo.

El cannabinoide sintético WIN 55.212-2  es autoadministrado por ratones intravenosamente. Es un agonista del subtipo 1 de los receptores cerebrales de cannabinoides (CB1). Se han conseguido ratones transgénicos que no llevan este subtipo de receptor y se ha comprobado que estos animales no se autoadministran el WIN 55.212-2, en comparación con los animales no transgénicos que sí llevan el subtipo de receptor. Los efectos reforzantes positivos de los cannabinoides pueden ser consecuencia directa de la activación de los receptores de cannabinoides del subtipo CB1. Estos datos invalidan al cannabinoide sintético WIN 55.212-2 como fármaco con potencialidad terapéutica por el riesgo de crear dependencia en humanos, como reflejan los resultados obtenidos en ratones. 

Mecanismos neurales que participan en los efectos reforzantes de los cannabinoides

El primer mecanismo que puede mediar en los efectos reforzantes de los cannabinoides debe ser la activación de los receptores cerebrales del subtipo CB1.

Los cannabinoides actúan también sobre:

  1. Algunos canales de calcio, a través de los cuales producen cambios en el potencial de membrana con la participación de proteínas G.

  2. Sistemas de segundos mensajeros como la fosfolipasa A2 y el calcio intracelular que no requieren la activación de ningún receptor.

Los cannabinoides producen también sus efectos comportamentales mediante la interacción con sistemas de neurotransmisores como los de:

  • Acetilcolina;

  • Dopamina

  • GABA

  • Histamina

  • Serotonina

  • Noradrenalina

  • Péptidos opioides

Es probable que en los efectos euforizantes de los cannabinoides también participe el neurotransmisor dopamina. Los cannabinoides estimulan la liberación de dopamina en el cuerpo estriado, el núcleo accumbens y la corteza medial prefrontal, que son regiones cerebrales que parecen ser importantes en la regulación de las acciones reforzantes de casi todas las drogas de abuso conocidas.

Interacción entre los sistemas endógenos de cannabinoides y opioides

Una de las primeras demostraciones de que los efectos de los cannabinoides podían realizarse con la mediación del sistema opioide endógeno provino de los experimentos hechos con animales por el grupo de E. Gardner. Demostraron que:

  • La naloxona:

    • Bloqueaba el efecto del THC en el modelo de la autoestimulación eléctrica intracraneal.

    • Bloqueaba la liberación de dopamina en el NACC, producida por la administración de THC, mediante microdiálisis.

  • El tratamiento con THC o con cannabinoides sintéticos como el WIN 55.212-2 estimula la liberación de dopamina en el núcleo accumbens de una manera similar a como lo hace la heroína.

  • El tratamiento con THC mejora la sintomatología adversa del síndrome de retirada de opioides precipitado por naloxona en ratas.

  • Ratas tratadas de forma crónica con THC o con extractos crudos de hachís manifiestan un síndrome de abstinencia parecido al de opiáceos cuando se les administra naloxona, y que el tratamiento con THC aumenta la expresión génica de precursores de péptidos opioides.

  • El pretratamiento con naloxona antagoniza la autoadministración intravenosa del agonista de los receptores CB1 WIN 55.212-2 en ratones, y que el pretratamiento con un antagonista específico para estos receptores, el SR 141716A, también bloquea la autoadministración de morfina en esos animales.

  • Las propiedades reforzantes de la morfina, disminuyen en animales transgénicos que no tienen el gen que codifica el receptor CB1.

Estos datos sugieren que puede existir una interacción mutua entre los sistemas endógenos de cannabinoides y opioides en la mediación de los efectos psicoactivos producidos sustancias exógenas que inciden sobre uno u otro sistema.

Drogas de síntesis

Son sustancias psicoactivas cuyo consumo está especialmente extendido en las sociedades actuales desarrolladas, llegando a ocupar el segundo lugar en frecuencia de consumo de drogas ilegales, después de los cannabinoides.

La estructura química de las drogas de síntesis más comunes  es muy similar a la de la anfetamina (un psicoestimulante ) y a la de la mescalina (un alucinógeno). Esta composición química explica sus propiedades como sustancias adictivas cuyos efectos sobre los sujetos resultan en una mezcla de sensaciones psicoestimulantes y alucinógenos. Según el tipo de sustancia, predominan más o menos los efectos psicoestimulantes o alucinógenos:

  • Metilendioxianfetamina (MDA): tiene mayores componentes alucinógenos y menos psicoestimulantes.

  • Metilendioximetanfetamina (MDMA;”éxtasis”): menos efectos alucinógenos que la anterior (MDA).

  • Metanfetamina (MA): es sobre todo psicoestimulante.

Se ingieren por vía oral, en forma de comprimidos o pastillas. Su consumo está asociado a ambientes recreceativos, comúmente durante los fines de semana.

Sintomatología típica de los psicoestimulantes y los alucinógenos:

  • aumento de la empatía

  • facilidad para la comunicación interpersonal

  • disminución de las inhibiciones y de los pensamientos negativos = apertura emocional

  • aumento de la actividad psicomotora del estado de alerta y del insomnio

  • potenciación de los sentidos auditivo, táctil y visual, especialmente en lo relativo al color.

Suelen aparecer en los primeros 20-60 minutos después del consumo, alcanzan el máximo de efecto a los 60-90 minutos y pueden llegar a durar hasta 3-5 horas.

La síntesis química de estas drogas es relativamente fácil, ello posibilita la producción de cientos de pastillas de estas sustancias. Suelen fabricarse con logotipos, figuras y colores atractivos que sirven para diferenciarlas según su composición.

Estas sustancias (al igual que el de los psicoestimulantes y alucinógenos) no producen dependencia física observable. Sus efectos principales son el promover la comunicación interpersonal.

Efectos de las drogas de síntesis sobre el Sistema Nervioso Central

Unos apuntes históricos

Datos experimentales que sugerían que los derivados de las anfetaminas causaban daño en el SN (neurotoxicidad) y, particularmente, a la neurotransmisión serotoninérgica:

La administración de estos compuestos a animales de laboratorio resultó en una acusada disminución de las concentraciones cerebrales de serotonina (5-HT), así como de su metabolito principal, el 5-hidroxi-indol-ácido acético (5-HIAA).

Los niveles de la enzima clave en la síntesis de serotonina, la triptófano hidroxilasa (TPH), también se reducían considerablemente cuando se administraban derivados de la anfetamina como la p-cloro-anfetamina (PCA), y esta disminución perduraba incluso hasta cuatro meses después.

La recaptación de serotonina estaba deteriorada de manera persistente.

Existían alteraciones neuroanatómicas en el sistema serotoninérgico como consecuencia de la administración de una sola dosis de PCA y que se mantenían hasta un mes después de la administración.

Nuevos estudios comprobaron que el neurotransmisor dopamina (DA) también se afectaba con la administración de drogas de síntesis:

Cuando los animales recibían, tratando de imitar las dosis que se autoadministran los humanos, cinco dosis de 15 mg/kg de metanfetamina a intervalos de 6 horas, se observaba una disminución significativa de los niveles de dopamina, de sus metabolitos principales, el ácido dihidroxifenil acético (DOPAC) y el ácido homovalínico (HVA), y de la enzima limitante de la síntesis de la dopamina, la enzima tirosina hidroxilasa (TH).

Con esa misma dosis de metanfetamina y el mismo tratamiento se obtuvo igualmente una clara reducción en los niveles de serotonina, su metabolito %-HIAA y la enzima TPH. La anfetamina afectaba al sistema dopaminérgico y al serotoninérgico. Era necesaria la presencia de dopamina para que el daño sobre el sistema serotoninérgico se manifestara.

La administración de otras drogas de síntesis, como la MDA y la MDMA, reducían sensiblemente los niveles de serotonina, de su metabolito 5-HIAA, de la enzima TPH y de los sitios de recaptación en varias regiones cerebrales, así como que se producía daño histológico.

¿Son reversibles los efectos neurotóxicos de las drogas de síntesis?

Los efectos de las drogas de síntesis parecen realizarse en dos fases:

  1. Fase inmediata y reversible: con microdiálisis intracerebral se ha comprobado que un efecto inmediato de las drogas de síntesis es el de liberar serotonina y dopamina en el encéfalo de roedores de laboratorio. Se inhibe la recaptación de estos dos neurotransmisores y la actividad de la enzima MAO-A, que degrada a dichos neurotransmisores. El resultado global de estas acciones es que hay un aumento de la concentración extracelular de serotonina y dopamina lo cual conlleva también un aumento de la temperatura (hipertermia) corporal. Estos efectos son reversibles puesto que duran menos de 6 horas, tiempo en el que las concentraciones extracelulares de esos neurotransmisores vuelven a la normalidad después de la administración de las drogas.

  2. Fase a largo plazo e irreversible (neurotóxica): aparece entre 24 horas y una semana después de la administración de las drogas. Durante ese período se produce una disminución de los niveles cerebrales de serotonina asociada con una disminución funcional de los sitios de recaptación de este neurotransmisor, lo cual sugiere la existencia de daño neuronal. Estas alteraciones son diferentes según la especie animal de laboratorio estudiada. En la rata y en el mono el daño se circunscribe al sistema serotoninérgico, mientras que en el ratón el sistema afectado es el dopaminérgico. El tratamiento con MDMA en el ratón influye sobre las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra que proyectan a cuerpo estriado resultando en una disminución de la concentración de dopamina en el cuerpo estriado, así como de sus metabolitos DOPAC y HVA.

Factores del daño neurotóxico en el sistema serotoninérgico

Cuando se administra MDMA, uno de los primeros fenómenos que ocurren  es la  disminución de la actividad de la enzima TPH, promovida posiblemente por la oxidación de esa enzima. Este proceso de oxidación de la TPH puede ser interferido si se administran previamente inhibidores de la recaptación de serotonina o agentes antioxidantes como la cisteína. Es posible, por tanto, que una de las primeras acciones de la MDMA sea la disminución o inactivación de los sistemas antioxidantes celulares.

Los radicales hidroxilo (agentes antioxidantes celulares) aumentan en el hipocampo como consecuencia de la administration de MDMA. Sin embargo, cuando se administran sustancias que atrapan a esos radicales hidroxilo como es el -fenil-N-ter-butil-nitrona (PBN) el daño neurotóxico es menor.

La afectación de los sistemas antioxidantes celulares por parte de la MDMA parece ser un primer efecto neurotóxico temprano. Hay otros acontecimientos celulares más tardíos que parecen influir en la neurodegeneración  de los terminales finos de serotonina y que son bloqueados cuando se administran inhibidores de la recaptación de serotonina incluso hasta 6 horas después de haber administrado la MDMA. En estos procesos más tardíos parece que participa el neurotransmisor dopamina en un modo que depende de su grado de liberación, tras la administración de la droga.

Cantidad de dopamina liberada por las drogas de síntesis más comunes (en orden decreciente):

  • Metanfetamina (MA): muy efectiva en facilitar la liberación de serotonina, menos eficaz en la de dopamina.

  • Metilendioxianfetamina (MDA): una potente droga liberadora de serotonina, pero menos aún que la primera en liberar dopamina.

  • Metilendioximetanfetamina (MDMA): eficaz en liberar serotonina, pero mucho menos que las dos drogas anteriores.

  • Metilendioxietilenanfetamina (MDEA): similar a la MDMA en la liberación de serotonina, pero mucho menos eficaz que todas las anteriores en la liberación de dopamina.

Si consideramos que todas las drogas citadas producen una disminución de la actividad de la enzima TPH en una fase temprana, y que existe poca neurotoxicidad causada por la MDEA, podemos pensar que no se producirá daño neurotóxico en una fase tardía, si no se libera una determinada cantidad de dopamina.

La función de la dopamina en la neurotoxicidad de las drogas de síntesis no está aún clara. La administración de L-DOPA (un precursor de la dopamina) junto con MDMA produce un aumento de los niveles extracelulares de dopamina, pero dicho aumento no conlleva una mayor neurotoxicidad semana más tarde.

Las fibras nerviosas de serotonina que se dañan proceden de neuronas cuyos cuerpos celulares se ubican a lo largo del tronco del encéfalo, agrupados en los núcleos del rafe.

  • Núcleos del rafe dorsal: estas son las fibras nerviosas de serotonina que se dañan.

  • Núcleos del rafe medial.

Al cabo de varios meses desde el tratamiento inicial con MDA, MDMA o PCA, se ha visto que, en animales, puede producirse una regeneración de las proyecciones serotoninérgicas dañadas provenientes del rafe dorsal. El patrón de reinervación puede ser ligeramente distinto.

Ej., lo que ocurre en monos a los 12 meses después de haber finalizado el tratamiento con MDMA. Tras haberse producido el daño, la regeneración puede implicar:

  1. mayor crecimiento en el número de terminaciones finas en ciertas ramas colaterales de los axones;

  2. crezcan ramas colaterales que antes no existían

En ratas a los 8 meses después del tratamiento con MDA o con PCA hay una regeneración completa en las cortezas frontal y occipital, siendo más rápida en la primera.

En la actualidad desconocemos si fenómenos similares se dan en humanos y qué consecuencias comportamentales puedan tener. Dada la importancia del sistema serotoninérgico en la agresión, ansiedad, depresión y esquizofrenia, entre otros procesos emocionales y cognitivos, es posible que, en el caso de que en humanos se produzca daño y una regeneración posterior, se puedan afectar las funciones psíquicas mediadas por este neurotransmisor.

¿Son las drogas de síntesis una nueva clase de fármacos? 

No hay mejores analgésicos que los opiáceos, siendo el prototipo principal la morfina. La cocaína es un excelente anestésico local y los cannabinoides ya se emplean para el tratamiento del glaucoma y como antieméticos.

En el  caso de drogas como la MDMA, algunos autores han propuesto que este tipo de sustancias pueden ser útiles para el tratamiento de trastornos de la personalidad como el antisocial y otros en los que subyace una clara falta de comunicación interpersonal.

La MDMA y otras drogas de síntesis aumentan la empatía y despiertan un deseo de estar y/o hablar con otra gente en un estado emocional de cercanía que no se da con los alucinógenos o los psicoestimulantes. Drogas de síntesis como la MDMA sería el prototipo de una nueva clase de fármacos a los que se deben denominar “entactógenos” por su capacidad para facilitar la empatía y el contacto emocional entre las personas.

En modelos animales como el paradigma de discriminación de drogas se han estudiado los efectos subjetivos que produce un análogo de la MDMA, el MBDB o -etil-MDMA. En este paradigma se entrena a los animales para que diferencien las sensaciones internas que les produce una droga frente a su disolución vehículo. La medida de la discriminación la da una conducta operante que ejecutan los animales (ej., presionar una palanca). Los animales tienen que elegir para ejecutar la conducta de presión de palanca un lado del aparato. Ej., cuando tengan en su cuerpo la droga inyectada previamente deben presionar en el lado izquierdo y si tienen la disolución vehículo, en el lado derecho. Al cabo de varias sesiones de entrenamiento, los sujetos eligen preferentemente una palanca u otra, lo cual indica que sienten los efectos de la droga frente a la disolución vehículo. Los animales discriminan los estados subjetivos internos producidos por la droga. En sesiones posteriores, se prueban otras drogas farmacológicamente similares o distintas a la inicial.

En los estudios realizados con MBDB, se entrenó primero a los sujetos a que discriminaran MBDB de su disolución vehículo. Posteriormente, se probaron varias drogas distintas tanto psicoestimulantes (cocaína, anfetamina), alucinógenos ( LSD, DOM, mescalina), agonistas serotoninérgicos (8-OH-DPAT, buspirona) e inhibidores de la recaptación de serotonina (fenfluramina). Ninguna de estas sustancias sustituyó en sus efectos a los de MBDB, lo cual sugiere que, para los animales, la droga MBDB no produce estados internos subjetivos que sean análogos a los de los psicoestimulantes o los alucinógenos.

Drogas de síntesis como la MDMA pueden constituir el prototipo de una nueva clase farmacológica, distinta a la de psicoestimulantes y alucinógenos. Uno de los problemas serían sus efectos neurotóxicos. Se han obtenido derivados de la PCA como el 6-cloro-2-aminotetralina (PCAT) o de la MDA como el metilendioxianfetaminaindano (MDAI) que no producen neurotoxicidad sobre el sistema serotoninérgico.

Otras drogas de síntesis

Estas drogas sintéticas son activas sobre las proteínas de membranas (receptores) de las neuronas que reconocen a las benzodiacepinas.

Rohipnol (flunitracepám): antagonista de los receptores de benzodiacepinas. Produce efectos sedantes e hipnópticos, además de relajación muscular y amnesia. El consumo de esta droga es preocupante, entre otras cosas, por su asociación con violaciones de las víctimas. Esta droga puede darse a las personas sin que ellas lo sepan y, mezclada con alcohol, incapacita a las víctimas de defenderse del ataque sexual. En ocasiones, la mezcla de Rohipnol con alcohol puede ser letal.

Clonacepán: agonista de los receptores de benzodiacepinas. Suele consumirse asociado con heroína y otros opiáceos, para potenciar los efectos de estos últimos. Su uso está igualmente asociado a ataques sexuales.

GHB (ácido gamma hidroxibutirato): similar al gamma aminobutírico y actúa a través de receptores cerebrales propios recientemente descubiertos. Se ha asociado a agresiones sexuales y su consumo produce euforia y sedación. Puede consumirse en forma líquida y se llama popularmente Éxtasis líquido. Mezclado con alcohol puede producir náusea y dificultades respiratorias y con metanfetamina aumenta el riesgo de  aparición de coma y ataques. Su consumo puede producir dependencia y su retirada síntomas como insomnio, ansiedad, temblores y sudoración.

Otras drogas de abuso

Inhalantes

Sustancias volátiles consumidas en forma de vapor para producir efectos psicoactivos. La mayoría de los consumidores son jóvenes que encuentran un modo fácil, barato y rápido de drogarse.

Disolventes (pinturas, barnices, gasolinas, pegamentos, colas, líquidos correctores de la escritura, etc.).

Gases (butano, propano productos refrigerantes, éter, cloroformo, halotano y óxido nítrico).

Aerosoles (sprays para el pelo y desodorantes).

Nitritos (nitrito de amilo y el nitrito de isobutilo  (Poppers)). Se han consumido preferentemente en ambientes homosexuales y ahora en la población en general.

Casi todos estos productos tienen efectos similares a los de los anestésicos. Cuando se inhalan en suficiente cantidad, producen efectos claramente tóxicos. Al principio de la inhalación, los usuarios notan una ligera estimulación. Si las inhalaciones se hacen de forma repetida, los sujetos se sienten menos inhibidos, luego con un menor control motor y así progresivamente hasta quedar inconscientes. Si la concentración de lo inhalado es alta, puede producir directamente un ataque cardíaco y la muerte. Esto ocurre con aerosoles que contienen compuestos fluorocarbonados y gases como el butano. Los inhalantes pueden producir también la muerte por asfixia dado que hay un desplazamiento del oxígeno de los pulmones y del cerebro.

Otros daños irreversibles de los inhalantes son:

  1. Pérdida de la audición, especialmente en el caso del tolueno (que está en esprays que se utilizan para hacer pintadas, en los pegamentos y colas y los productos de limpieza de ceras).

  2. Neuropatías periféricas o espasmos de las extremidades, en el caso del consumo de hexano (que se encuentra en las gasolinas, colas y pegamentos) o de óxido nitríco.

  3. Lesiones en el sistema nervioso central, en el caso del consumo de tolueno.

  4. Lesiones en la médula espinal, en el caso del consumo de benceno, que se encuentra en la gasolina.

Serias consecuencias que pueden ser reversibles son:

  1. Daño hepático y renal, especialmente en el caso de tolueno e hidrocarburos clorurados (que se encuentran en líquidos correctores de la escritura y productos para la limpieza en seco).

  2. Disminución de la oxigenación, en el caso del consumo de nitritos y de compuestos metil-clorurados (como los que se encuentran en las pinturas).

El consumo de nitritos se ha asociado al sarcoma de Kaposi, el cáncer más común en los pacientes con SIDA.

El consumo crónico de estas sustancias genera múltiples problemas psicológicos y sociales que son muy difíciles de tratar.

Anabolizantes esteroideos

Derivados de la hormona testosterona. Su efecto es promover el crecimiento muscular e incrementar la masa corporal.

Pueden tomarse por vía oral o inyectados y suelen consumirse en ciclos de semanas o meses ("cycling", en inglés). El consumo cíclico implica la toma de varias dosis durante un período de tiempo determinado, parar otro tiempo y volver a empezar. Además, se consumen diversos tipos de anabolizantes conjuntamente con el objetivo de maximizar los efectos.

El uso de estos anabolizantes produce mayor fuerza y resistencia a entrenamientos más duros y de mayor duración. Sus efectos a largo plazo se desconocen. Hay efectos secundarios que incluyen:

  • tumores de hígado;

  • ictericia;

  • retención de líquidos corporales;

  • aumento de la presión sanguínea;

  • acné;

  • temblores

  • en los hombres: merma de los testículos, reducción del número de espermatozoides, infertilidad, calvicie y desarrollo de pechos.

  • en las mujeres: crecimiento del vello facial, cambios o cese del ciclo menstrual, agrandamiento del clítoris y voz ahuecada.

  • en los adolescentes: disminución prematura del crecimiento debido a una aceleración prematura de la maduración esquelética y de los cambios puberales.

Tras abandonar su consumo suelen aparecer:

  • Cambios emocionales como síntomas paranoicos que pueden conducir a episodios muy violentos.

  • Síntomas depresivos que pueden contribuir al mantenimiento de la dependencia.

  • Celos paranoides.

  • Extrema irritabilidad.

  • Juicio alterado proveniente del convencimiento que da la idea falsa de la invencibilidad.

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