14. Psiconeuroinmunología

El nacimiento de la Psiconeuroinmunología

A finales de los 70 nació la Psiconeuroinmunología, término empleado por primera vez por el psicólogo Robert Ader en 1980, cuyo objeto de estudio son las interrelaciones que se establecen entre el SN, el sistema endocrino, el sistema inmune y la conducta.

Una visión general del sistema inmune

El sistema inmune está especializado en el reconocimiento de los agentes extraños potencialmente nocivos para el organismo que pueden poner en peligro su homeostasis y, por tanto, su supervivencia. Está integrado por una serie de órganos y tejidos diseminados por todo el cuerpo que reciben el nombre de linfoides.

Las células inmunitarias son los glóbulos blancos o leucocitos que se originan y diferencian en los órganos linfoides primarios, que son el timo y la médula ósea, pasando muchas de ellas a la sangre y a los diferentes órganos linfoides secundarios, donde permanecen en un constante estado de alerta ante la presencia de agentes extraños. Cuando éstos son detectados por el sistema inmune, se ponen en marcha diversas respuestas de defensa que actúan de forma integrada, la respuesta inespecífica y la respuesta específica o adaptativa que, desde el punto de vista filogenético, aparece en los vertebrados, alcanzando su mayor eficacia en los mamíferos.

La respuesta inespecífica es una respuesta rápida en la que se reconoce de forma global a todos los agentes extraños como tales, por lo que la respuesta desencadenada también es común a todos. Por el contrario, la respuesta específica requiere un cierto tiempo para ponerse en marcha pero, como su nombre indica, es más específica y eficaz, y guarda una memoria inmunológia del agente, muy útil para desencadenar una respuesta rápida ante posteriores contactos con él.

La respuesta inmune específica está mediada fundamentalmente por un tipo de leucocitos, los linfocitos. Esixten dos tipos principales de linfocitos, los linfocitos B y los linfocitos T que, cuando

reconocen un antígeno específico, desencadenan dos tipos diferentes de respuesta inmune específica.

Los linfocitos B, originados en la médula ósea, desencadenan la respuesta mediada por anticuerpos y los linfocitos T, que adquieren sus funciones características en el timo, desencadenan la respuesta mediada por células.

El reconocimiento del antígeno por ambos tipos de linfocitos produce su activación, lo que provoca sucesivas divisiones celulares que originan, en el caso de los linfocitos B, células plasmáticas productoras de anticuerpos y, en el caso de los linfocitos T, diferentes tipos de células activas.

En ambos casos, se producen, además, células de memoria que guardan la memoria inmunológica del antígeno y desencadenarán una respuesta rápida ante posteriores contactos con él. Sin embargo, a diferencia de los linfocitos B, los linfocitos T no son capaces de reconocer los antígenos que se encuentran libres y únicamente reconocen pequeños fragmentos del antígeno, por lo que necesitan que otras células (células presentadoras de antígenos) les presenten esos fragmentos en su superficie celular.

La presentación de estos fragmentos es llevada a cabo por moléculas propias (proteínas CMH) que se encuentran en la membrana de las células inmunitarias y de otras células del organismo.

La respuesta de los linfocitos T complementa la respuesta de los linfocitos B. Los linfocitos B secretan anticuerpos que responden rápidamente a los antígenos completos circulantes, mientras que los linfocitos T responden a los antígenos ocultos que se encuentran fragmentados en el interior celular, como ocurre durante el proceso de replicación de los virus.

Las células T activadas desempeñan diferentes papeles en la respuesta inmune, siendo algunas de ellas fundamentales para la proliferación y diferenciación de los linfocitos B a células plasmáticas y, por tanto, para la producción masiva de anticuerpos. De esta forma, los linfocitos B y los linfocitos T actúan de forma coordinada entre sí y con otras células inmunitarias y del organismo, desencadenando una respuesta integrada del sistema inmune contra el agente extraño que implica mecanismos específicos e inespecíficos.

Interacciones entre el SN, el sistema endocrino y el sistema inmune

El SN, el sistema endocrino y el sistema inmune constituyen un único e integrado sistema de defensa, cuyo objetivo es lograr la adaptación del individuo a su entorno, lo que en definitiva, garantiza su supervivenciay reproducción.

Aunque cada uno de los componentes de este sistema integrado desempeña funciones especializadas, recibe y responde a la información procedente de los demás componentes del sistema a través de las diferentes vías de comunicación que, de forma bidireccional, se establecen entre ellos.

Por un lado, el SN puede modular la actividad del sistema inmune mediante diferentes mecanismos que implican la liberación de neurotransmisores, neurohormonas, hormonas y neuropéptidos. Entre estas vías de comunicación hay que destacar las vías mediadas por el SN autónomo y el sistema endocrino, de forma que el SN puede modular la función inmune a través de la inervación simpática de los tejidos linfoides y mediante la liberación de hormonas. Ambas vías generan señales químicas que son reconocidas por los receptores presentes en las células inmunitarias, de forma que la activación o interrupción de estas señales químicas altera la actividad de las células inmunitarias y, por tanto, la función inmune. Además, también se han descubierto receptores para otros neurotransmisores y neuropéptidos en las células inmunitarias, lo que indica la gran diversidad de mecanismos por los que el SN puede modular la actividad del sistema inmune.

Por otro lado, el sistema inmune también es capaz de afectar al funcionamiento del SN y del sistema endocrino. Cuando las células inmunitarias detectan la presencia de agentes extraños, liberan sustancias químicas denominadas citocinas que son fundamentales no sólo para que las respuestas inmunitarias se produzcan de forma coordinada, sino también par informar al SN que el sistema inmune ha sido activado. Gracias a esta información, el SN puede coordinar las respuestas metabólicas, endocrinas y conductuales necesarias para restaurar la homeostasis que el agente extraño ha puesto en peligro.

Las citocinas, principales mensajeros químicos liberados por el sistema inmune, pueden producir cambios en la actividad del SN y del sistema endocrino, afectando complejos circuitos neurales encargados de la regulación de las funciones fisiológicas y de diversos aspectos de la conducta.

La presencia de receptores para citocinas en diferentes componentes de estos sistemas proporciona el medio por el que estas sustancias pueden modular la actividad nerviosa y hormonal.

La liberación de neuropéptidos, hormonas y neurotransmisores por las células del sistema inmune proporciona otra vía de comunicación más, mediante la que el sistema inmune puede modular la actividad del SN y del sistema endocrino, utilizando el mismo lenguaje químico.

Interacciones entre el sistema inmune y la conducta

Las interacciones que, de forma bidireccional, se establecen entre el sistema inmune y la conducta vienen a sumarse a las complejas interacciones existentes entre el SN, el sistema endocrino y el sistema inmune.

Durante el curso de las respuestas del sistema inmune, las citocinas liberadas por las células inmunitarias actúan como señales endógenas en el encéfalo, activando las estructuras nerviosas que regulan los componentes fisiológicos, subjetivos y conductuales de la enfermedad.

El individuo enfermo muestra a nivel conductual una disminución de ciertas actividades que podría representar una estrategia altamente organizada, importante para su supervivencia, y que reflejaría la reorganización a nivel central del estado motivacional del organismo. Esta reorganización le permite enfrentarse con mayor eficacia a los agentes extraños, al redistribuir sus recursos y relegar ciertas conductas a un segundo plano.

Se ha planteado que las citocinas podreían participar, al igual que diversos neuropéptidos, hormonas y neurotransmisores, en la regulación de las funciones adpatativas del organismo, que serían integradas a nivel límbico y del hipotálamo. Las citocinas hansido también relacionadas con el desarrollo de trastornos cognitivos y psiquiátricos muy variados y algunas de ellas han demostrado afectar diferentes aspectos de la conducta, el estado de ánimo e incluso las capacidades cognitivas. Estos hechos parecen indicar la gran diversidad de funciones que podrían desempeñar en el SN central, pasando a formar parte del amplio grupo de sustancias químicas presentes en el organismo que son capaces de modular la conducta.

Por otro lado, se ha comprobado que los factores conductuales son, a su vez, capaces de modular la función inmune. Las respuestas del sistema inmune, como otras respuestas fisiológicas y conductuales, pueden ser moduladas por procesos de condicionamiento, aunque se desconocen los mecanismos implicados. 

La existencia de inervación simpática en los tejidos linfoides, la capacidad de las células inmunitarias para recibir y responder a señales neuroendocrinas y la capacidad del SN para liberar citocinas, proporcionan mecanismos muy diversos por los que estos procesos pueden tener lugar.

Diversos estudios han encontrado cambios en algunos parámetros de la función inmune y perfiles alterados de citocinas en diversos trastornos psicopatológicos.

Las características de la conducta y personalidad de los individuos y los estados emocionales pueden modular también el estado funcional del sistema inmune, pudiendo ejercer un efecto protector frente a las enfermedades o un efecto inmunosupresor.

Se ha planteado que los factores psicosociales pueden afectar al estado emocional del individuo, en cuya regulación desempeña un importante papel el sistema límbico. Ya que existen vías de comunicación entre el SN, el sistema endocrino y el sistema inmune, es posible que estos factores psicosociales puedan alterar la función inmune y, por tanto, afectar al estado de salud del individuo. Las respuestas del organismo ante situaciones de estrés constituyen quizás, el ejemplo más representativo de que los factores psicosociales pueden afectar al funcionamiento del SN, del sistema endocrino y del sistema inmune.