02. Desarrollo histórico del estudio de las diferencias individuales II: período clásico, crisis y resurgimiento de la Psicología de las diferencias individuales

El periodo clásico de la PD

Durante el denominado Periodo Clásico, la PD se consolida como disciplina científica, con unos objetivos perfectamente distinguibles de otras áreas de la Psicología.

Cuestiones metodológicas

Análisis de respuestas y desarrollo del paradigma R-R

El paradigma experimental, E-R, no permitía abordar el objeto de estudio de la PD, que se vio abocada al desarrollo de un paradigma completamente distinto basado en el análisis de la relación entre respuestas, o paradigma correlacional (R-R), característico de la PD clásica, regido por el análisis descriptivo de las diferencias individuales existentes en las respuestas ante una situación dada, en contexto naturales, así como por las relaciones existentes entre las respuestas observadas.

El estudio de las diferencias individuales en el seno de la PD clásica se limitó, en buena medida, a la búsqueda de relaciones de interdependencia o concomitancia entre las variables utilizadas, alejándola de toda posibilidad de experimentación y del establecimiento de relaciones causales.

Censo psicológico y principios cuantificables

El análisis de la distribución de las características psicológicas en la población forma parte del primer acercamiento al análisis de la variabilidad interindividual, y está asociado a la utilización de lo que Danzinger denomina el censo psicológico.

El estudio clásico de las diferencias individuales vendrá siempre dado por la referencia del individuo a su población de pertenencia presentando un carácter marcadamente normativo. Esto implica conocer aquellos parámetros centrales y de dispersión de la población, entre otros, necesarios para que los individuos sean clasificados y ordenados cuantitativamente en relación con las dimensiones consideradas.

Esta información permite:

  • Estimar la posición relativa de cualquier individuo en una característica determinada con respecto a su población de pertenencia, en general.
  • Comparar a los individuos entre sí, en particular, analizando las diferencias individuales existentes entre ellos.

La individualidad se concibe como una constelación de características personales definidas, siempre, en función de las características globales de la población, y desde este punto de vista, la PD clásica presenta un acercamiento nomotético.

Vinculado a este carácter normativo, la PD se nos muestra como una disciplina basada en principios marcadamente cuantitativos.

El desarrollo y aplicación de las técnicas multivariadas

Para cumplir con sus objetivos, la PD clásica creció de la mano de los desarrollo de una metodología multivariada, cada vez más potente y sofisticada, que pretendía ajustarse a los mismos, así como de la creación de un bagaje inagotable de técnicas psicométricas.

Las técnicas multivariadas permiten simplificar y sistematizar el cúmulo de datos obtenidos, así como determinar las unidades de diferenciación básicas cuya existencia se postula.

Tras las aportaciones iniciales de Spearman, el periodo clásico de la PD coincide con la introducción de la técnica del Análisis Factorial en la historia de la disciplina, dado que el desarrollo de las técnicas de la correlación y el Análisis Factorial han configurado el eje en el que la PD se ha articulado metodológicamente.

Cuestiones conceptuales y teóricas

Modelos factoriales de rasgos: dimensiones y estructuras

El primer objetivo de la PD clásica fue encontrar sus unidades básicas de análisis, aquellas que permitieran comparar a los individuos dando respuesta a preguntas tales como ¿cuáles y cuántas son las características fundamentales en las que las personas difieren? ¿Cómo se estructuran? etc. Estas unidades debían ser representativas de toda la especie humana y este elevado grado de universalidad estaría fundamentado en un origen genético y un sustrato biológico.

Para el logro de este objetivo los investigadores diferencialistas utilizaron básicamente el análisis factorial dando lugar a los denominados modelos psicométricos o estructurales, tanto de la inteligencia como de la personalidad. La finalidad de estos modelos es la de obtener, a partir de las correlaciones de las puntuaciones de los sujetos en los tests elaborados a tal efecto, información suficiente para:

  • Determinar cuántas y cuáles son las dimensiones o unidades básicas para el estudio de las diferencias individuales.
  • Establecer el tipo de estructura, la forma y organización que las dimensiones constituyen.

Una vez obtenidas las relaciones existentes entre las respuestas recogidas, técnicas como el análisis factorial permiten abordar la cuestión de si estas relaciones están producidas por una serie de factores latentes, no observables, que se corresponderían con sus unidades fundamentales: los rasgos.

Carácter aplicado del estudio de las diferencias individuales

Desde el mismo origen del estudio de las diferencias individuales, los logros alcanzados han mostrado un enfoque muy lejano a las cuestiones analizadas en los laboratorios experimentales, y muy próximo, sin embargo, a los intereses y necesidades sociales.

En función de sus objetivos la psicología mostró, así, una bifurcación clara: una psicología académica de tipo generalista y experimental, denominada básica y una psicología aplicada, vinculada a la profesionalización de la disciplina psicológica.

Una de las principales contribuciones de la PD clásica a los profesionales de la Psicología será impulsar la construcción de una extensa gama de instrumentos de evaluación, o tests, desarrollados con la finalidad de discriminar y diferenciar a los seres humanos en cualquier área psicológica socialmente relevante.

Las categorías en las que los individuos han sido tradicionalmente diferenciados no son, por lo general, socialmente neutras, sino que comportan un componente de relevancia e interés social importante.

Por último, cabe destacar que en el periodo clásico de la PD se produce la publicación de los primeros manuales clásicos de la disciplina.

El enfoque clásico de la investigación en PD se caracteriza por los siguientes aspectos:

  • Selección de muestras ampliar y heterogéneas.
  • Observación y evaluación de la variabilidad de respuestas que distintos individuos dan ante unas mismas condiciones estimulares en contextos próximos a la ocurrencia real.
  • Metodología multivariada, principalmente análisis factorial, determinando las unidades o dimensiones significativas de diferenciación psicológica entre individuos (rasgos).
  • Perspectiva internalista, fundamentada en disposiciones personales consistentes de carácter hereditario y base fisiológica (carácter universal)
  • Elaboración de modelos psicométricos de rasgos que estudian la estructura de constructos importantes como la inteligencia o la personalidad.
  • Claro potencial predictivo en áreas aplicadas.

Crisis de la PD clásica y nuevos planteamientos

El periodo clásico del estudio de las diferencias individuales presentaba determinados sesgos y deficiencias, y la suficiencia y fundamentación teórica derivada de la investigación diferencial clásica fue cuestionada desde distintos frentes. Dos factores:

  1. El cuestionamiento que atravesó la metodología correlacional y factorialista.
  2. La separación definitiva y necesaria de otros ámbitos disciplinares relacionados, como la psicometría y los tests mentales.

Las principales objeciones y críticas han sido las siguientes.

Reduccionismo simplista de la PD clásica:

  • Simplicidad de objetivos.
  • Reduccionismo metodológico: según Tyler (1965) los métodos tradicionales se pueden resumir en:
    • Medición de un rasgo.
    • Asignación del individuo.
    • Estudio de la significación de cada rasgo.
    • Búsqueda del origen de las diferencias aparecidas.

Críticas a las técnicas del análisis factorial

El uso intensivo del análisis factorial derivó en la elaboración de una gran variedad de modelos teóricos, muy diferentes entre sí. La falta de acuerdo sobre la naturaleza de los factores identificados en los distintos modelos trajo consigo una crisis en la investigación diferencialista que se manifestó especialmente en el área de la inteligencia.

Para Pueyo habría dos aspectos con respecto a problemas derivados de técnicas factoriales:

  • Críticas metodológicas sobre las bases matemáticas y las presuposiciones de aplicación del Análisis Factorial, agrupadas en cinco observaciones:
    • La utilización de muestras no siempre lo suficientemente amplias ni representativas.
    • Combinación diferencial de factores: mismas puntuaciones utilizando capacidades distintas.
    • Subjetividad de la técnica.
    • Circularidad: la naturaleza de los factores se define a partir de las mismas características que los constituyen.
    • No sirve para verificar hipótesis causales.
  • Separación entre los estudios factoriales sobre las capacidades cognitivas de los estudios experimentales sobre las mismas.

Entre las décadas 50 y 60 se sustituyeron los procedimientos desarrollados por Thurstone por algoritmos matriciales que permitían la realización de una rotación, tanto ortogonal como oblicua, de mayor precisión y menor subjetividad, Análisis Factorial Exploratorio (el clásico).

Jöreskog y Sörbom desarrollaron el Análisis Factorial Confirmatorio derivado de los métodos de ajuste de máxima verosimilitud. Este tipo de análisis tiene mayor potencial explicativo en la medida en que permite comprobar si un conjunto de datos determinado se ajusta convenientemente a un modelo teórico previo postulado.

Estructuras estáticas vs procesos dinámicos

Dada su procedencia metodológica, las estructuras generadas a partir del análisis factorial en los modelos psicométricos de rasgos fueron también cuestionadas desde distintos frentes, intra y extradisciplinares por su carácter marcadamente descriptivo, clasificatorio y escasamente explicativo de la conducta y de la naturaleza de las diferencias individuales.

A partir de un modelo estructural estático se pueden describir las características o rasgos que definen a las personas y situarlas con referencia a su población, pero no se puede explicar el porqué de dichas características ni el cómo de su funcionamiento.

Sus objetivos podrían ampliarse al ámbito de estudio de las diferencias individuales en aquellos procesos psicológicos subyacentes a las estructuras.

Estos procesos representarían la vertiente dinámica y funcional de las estructuras previamente analizadas.

Del personalismo al interaccionismo

El periodo clásico de la investigación en diferencias individuales se caracterizaba por una concepción personalista e interaccionista de las mismas. Por tanto, la persona era más relevante que la situación en la manifestación de la conducta, tal y como se deriva de los postulados principales de los modelos de rasgos.

El concepto clásico de rasgo atravesó por una profunda crisis, en la que jugaron un gran papel los planteamientos y críticas del situacionismo (1968, Mischel), que cuestionó:

  • La importancia de los rasgos frente al valor de los estímulos situacionales como determinantes de la conducta.
  • Su pretendida consistencia, y por tanto, el valor predictivo de este tipo de constructos personales y su interés como objeto de estudio para la Psicología.

Lo extremo de las conclusiones de Mischel fue también muy criticado, dando lugar a un debate que concluyó con el desarrollo de un modelo integrador: el interaccionismo. Este modelo plantea que la conducta está determinada:

  • En parte por los factores personales o rasgos.
  • En parte por las características situacionales.
  • Fundamentalmente, por la interacción entre las características que presenta el individuo y las características de la situación en donde éste actúa.

Los modelos interaccionistas asumen, básicamente, que la interacción entre la persona y la situación es la unidad básica de análisis en la predicción de la conducta.

Consistencia, estabilidad y coherencia de la conducta

La definición de rasgo ha contemplado, desde sus planteamientos iniciales, la noción de estabilidad del comportamiento seguida de la de consistencia de la conducta:
  • La estabilidad temporal de la conducta hace referencia a la regularidad de la misma a lo largo de un periodo significativo de tiempo. Cabe distinguir lo que son variaciones temporales del comportamiento, producto de situaciones y momentos transitorios, de los rasgos habituales que definen a una persona.
  • La consistencia transituacional hace referencia al hecho de que comportamientos similares se produzcan, no sólo en una única situación específica, sino también en distinto tipo de situaciones.

Los conceptos de consistencia y estabilidad son centrales en el estudio de las diferencias individuales y la definición de rasgo:

  • Para detectar características distintivas en cada individuo, han de buscarse diferencias consistentes y estables entre los individuos.
  • Para demostrar estabilidad y permanencia se requiere evidencia de consistencia y estabilidad intraindividuales.
  • Para explicar la conducta individual como fruto de alguna disposición interna, es esencial probar que ésta modela la conducta de forma consistente y estable.

La coherencia en el comportamiento supone que las personas presentan conductas similares ante situaciones percibidas intraindividualmente como equivalentes. La similaridad conductual se entiende como la equivalencia funcional que el individuo establece entre sus respuestas para la obtención de sus propósitos, lo que no implica conductas idénticas.

Nivel de generalidad de los postulados diferencialistas

En un principio, las características de la PD establecieron una vía de conexión necesaria entre lo puramente nomotético, representado por las leyes postuladas por una Psicología General, y lo puramente idiográfico, es decir, el estudio de la personalidad única e irrepetible del individuo defendida por Allport (1937). La investigación en PD respondería a un acercamiento nomotético pero con pretensiones de generalización menores que la Psicología General.

Hasta el momento, muy pocas dimensiones parecen cumplir con aquellos requisitos que les permitan ser consideradas categorías universalmente significativas, o lugares de clasificación compartidos por todos los seres humanos y presentes en todos los modelos de rasgos. Esto se hace especialmente evidente en el área de la personalidad; tan sólo dos dimensiones de la personalidad, Extraversión y Neuroticismo, son comunes a prácticamente todas las taxonomías de rasgos clásicas.

Dos criterios principales se esgrimen para defender un cierto grado de universalidad en algunas de estas dimensiones, uno de carácter organicista y otro de carácter social:

  • El origen constitucional y genético defendido por los modelos factoriales biológicos del temperamento, como en el caso de las dimensiones Extraversión y Neuroticismo.
  • La afirmación de que para todo lo que existe hay una palabra que lo nomina, hipótesis que ha dado lugar a los modelos factoriales- léxicos.

La PD debe ser capaz no de estudiar al individuo y a la situación, sino al individuo en situación , y ello implicará, necesariamente, un menor nivel de generalización de los resultados de nuestros diseños.

La orientación más consolidada en la investigación de las diferencias individuales, es, siguiendo a Pueyo, la de una disciplina que tiene como objetivo último, de carácter idiográfico, el conocimiento del individuo, valiéndose, para alcanzarlo, de medios nomotéticos que pretenden atrapar las leyes básicas de la diferenciación individual.

Perspectivas actuales en el estudio científico de las diferencias individuales

El término que mejor define y resume el estudio científico de las diferencias individuales es el de integración. El interés por la integración viene dado por tres vías fundamentales.

La integración de objetivos y métodos de investigación

Probablemente, la crítica más importante resida en la imposibilidad de que el solo recurso a las técnicas correlacionales, dentro de un paradigma metodológico R-R, posibilite el estudio de relaciones funcionales entre los fenómenos, y, en consecuencia, el nivel explicativo que la ciencia persigue.

Reuchlin habla de un primer estadio correspondiente al desarrollo de una labor taxonómica indispensable, de carácter descriptivo y clasificatorio, que orden el espacio de los fenómenos objeto de estudio, y un segundo estadio correspondiente al estudio de los procesos y la elaboración de modelos explicativos como objetivo fundamental para el desarrollo de una auténtica ciencia de las diferencias individuales psicológicas.

La integración de constructos bajo una perspectiva holística

Para Lubinski (2000), la panorámica general de las diferencias individuales se amplía y enriquece enormemente cuando las variables consideradas son tenidas en cuenta bajo constelaciones o sistemas de diferencias individuales relevantes, abogando, por tanto, por una aproximación más holística.

A este cambio ha contribuido notablemente la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy (1901-1972), para quien los seres vivos pertenecen a un tipo de sistemas denominado sistemas abiertos que, a diferencia de los cerrados, comportan intercambios materiales y energéticos con su entorno. Este tipo de sistema comporta cuatro elementos:

  • Objetos: partes o elementos (subsistemas).
  • Atributos: cualidades o propiedades de los objetos y de los sistemas.
  • Relaciones: los elementos provocan efectos mutuos.
  • Ambiente: los sistemas se encuentran afectados por sus entornos.

En el caso de la PD, los objetos y atributos se corresponderían con las dimensiones y características asociadas a las mismas y a las estructuras o niveles que configuran, mientras que las relaciones entre ellos y con el ambiente nos hablarían del estudio de los procesos.

La Teoría multifactorial-sistémica está fundamentada, por un lado, en la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy, estableciendo una interpretación dinámica de la naturaleza y, dentro de ella, del comportamiento humano bajo una organización de sistemas y subsistemas permanentemente interconectados en donde son contemplados aspectos cognitivos, motivacionales y afectivos.

La integración disciplinar

En este impulso renovado que caracteriza actualmente a la PD se conjuga, además de los avances tecnológicos, un fenómeno contrario a la desintegración de áreas de conocimiento.

Según Sternberg (2001), lo tres malos hábitos de la Psicología en general son:

  • El apoyo casi exclusivo en un solo tipo de metodología en las investigaciones, en vez del uso convergente de métodos para el estudio de los fenómenos psicológicos.
  • La excesiva división de subdisciplinas o áreas psicológicas, en vez de estudiar los fenómenos globalmente para tener una visión menos parcelada.
  • La adherencia a un paradigma de investigación único, lo que empobrece la visión obtenida y dificulta la comunicación entre “escuelas”.

Para finalizar, Lubinski también hace referencia al concepto de unificación del conocimiento bajo el término Consilience utilizado por Wilson (1998); esta unificación puede extenderse no sólo a las disciplinas psicológicas sino a la integración de éstas con otras ciencias en busca de una mayor comprensión de la realidad.