12. Principales áreas actuales de aplicación de la investigación en diferencias individuales

Contenidos

  1. 1 Contribución de la PD al ámbito educativo
    1. 1.1 Primeros desarrollos de la aplicación de la PD a la educación
    2. 1.2 Nuevos planteamientos en la aplicación de la PD al ámbito educativo
      1. 1.2.1 Cambios propuestos en la evaluación psicológica aplicada a la educación
    3. 1.3 Perspectiva integradora de la aplicación de la PD al ámbito educativo
  2. 2 Contribución de la PD al ámbito laboral
    1. 2.1 El valor del ajuste entre el trabajador y la labor que desempeña
      1. 2.1.1 Variables de personalidad, adecuación y eficacia laboral
  3. 3 El desarrollo de la carrera profesional
  4. 4 Contribución de la PD al ámbito de la salud
    1. 4.1 Aplicaciones en el diagnóstico clínico: posturas clásicas y debates abiertos
      1. 4.1.1 Cuestiones críticas del DSM-IV
      2. 4.1.2 Integración del diagnóstico categorial y dimensional
      3. 4.1.3 Integración del diagnóstico transversal y longitudinal
      4. 4.1.4 Integración del diagnóstico de carácter nomotético e idiográfico
  5. 5 Nuevas aplicaciones al campo de la prevención y promoción de la salud bajo el modelo biopsicosocial
    1. 5.1 Vías potenciales de influencia de la personalidad sobre la salud
      1. 5.1.1 Personalidad y estrés
      2. 5.1.2 Vías potenciales a través de las cuales la personalidad puede incidir sobre el estrés
    2. 5.2 Dimensiones correspondientes a la vertiente emocional negativa
    3. 5.3 Dimensiones correspondientes a la vertiente motivacional-enérgica
      1. 5.3.1 Creencias y expectativas generalizadas
      2. 5.3.2 Emociones positivas y energía para afrontar los obstáculos
      3. 5.3.3 La personalidad resistente (Hardiness)
      4. 5.3.4 El papel de la personalidad en las enfermedades cardiovasculares e inmunológicas

Contribución de la PD al ámbito educativo

Primeros desarrollos de la aplicación de la PD a la educación

Tradicionalmente, las pruebas de inteligencia y aptitudes han sido contempladas como un reflejo del potencial de éxito del individuo, determinado por predisposiciones innatas, estables y difícilmente modificables por la experiencia o el adiestramiento. Sin embargo, en las últimas décadas, autores relevantes de la disciplina han rechazado este punto de vista.

En la actualidad, aunque sin olvidar la contribución de factores genéticos, las pruebas de inteligencia y aptitudes son valoradas, por un lado, como pruebas de destrezas derivadas de la experiencia y, por otro, como pruebas de exigencia, en donde el sujeto ha de esforzarse al máximo para responder de la mejor manera posible.

Desde el ámbito educativo, Snow (1989) concibe g como una habilidad para aprender, y ello conlleva la existencia de una serie de procesos y destrezas complejas que intervienen en diferentes contextos y tareas de aprendizaje.

La aptitud es cualquier característica psicológica que permite pronosticar diferencias interindividuales en situaciones futuras de aprendizaje y adiestramiento. Snow (1992).

Nuevos planteamientos en la aplicación de la PD al ámbito educativo

La concepción diferencialista de la evaluación ha prevalecido en el contexto educativo durante muchos años, y aún hoy día sigue adoptándose como marco de actuación en todos los niveles educativos en prácticamente todos los países.

Desde la PD la evaluación ha seguido un modelo de medida basado en normas, en donde el objetivo es valorar cómo un individuo difiere de otro o de la población (norma, baremo) y, a partir de aquí, se toman decisiones sobre la capacidad u otros aspectos psicológicos del individuo. Se asume que el rasgo medido es estable, al menos, durante el tiempo efectivo al que se refiere la decisión. El problema del modelo surge cuando se aplica sobre el contexto poco adecuado.

El logro de conocimientos es el resultado del aprendizaje y de la enseñanza, y el modelo más adecuado en este contexto es el basado en el criterio. Los educadores decidirían cuál es el resultado deseable y enseñarían con el objetivo de maximizar sus resultados. Como este modelo se basa en asumir la existencia del cambio (aprendizaje) es contraproducente utilizar instrumentos construidos desde el principio de estabilidad. El problema es que la mayoría de los procedimientos de evaluación utilizados en educación ha adoptado un modelo de medida basado en normas (ej. clasificar y ordenar a los estudiantes en la curva de rendimiento, de menos a más rendimiento).

Cambios propuestos en la evaluación psicológica aplicada a la educación

Reciente y mayor preocupación por el análisis intraindividual del rendimiento en los tests como contraposición a las normas del grupo de referencia -> Elaboración de pruebas referidas al criterio (en caso de Inteligencia pueden ser complementarias a los test basados en normas Perlman y Kaufman (1990)

Reorientación en el objetivo de la evaluación, enfatizando más la de capacidades asociadas al aprendizaje o desempeño, que la referida a las aptitudes mentales o intelectuales.

Presencia, en la evaluación de la inteligencia, de un componente curricular y otro extraescolar (experiencia y conocimientos). Esto permite disponer de información sobre los modos habituales en que el individuo se adapta a la vida diaria y soluciona sus problemas.

Inclusión de aspectos dinámicos del funcionamiento cognitivo en la evaluación de la inteligencia (estilos cognitivos, estrategias de PI y de aprendizaje, etc.).

Progresivo interés de la PD por el papel que estas variables, y otras como estilos de pensamiento, de aprendizaje, orientaciones al aprendizaje o intereses, juegan en la predicción del rendimiento académico.

Progresivo reconocimiento del carácter aprendido en ámbitos de la PD cercanos a la educación, y de los expertos en educación, del carácter aprendido y modificable de la inteligencia y, por tanto, susceptible de ser aumentada por la instrucción. A partir de aquí se defiende la contemplación de las habilidades observadas en el estudiante desde un punto de vista evolutivo, como competencias desarrolladas y en desarrollo.

Perspectiva integradora de la aplicación de la PD al ámbito educativo

Una característica esencial del aprendizaje en cualquier ámbito de la vida y, específicamente, en el académico, es su carácter activo, en tanto en cuanto las personas construyen continuamente su conocimiento. Pero, para que el aprendizaje sea realmente activo es imprescindible que el diseño y programación de la enseñanza tome en consideración aquellas características individuales relacionadas con la manera en que los estudiantes aprenden y con la calidad de este aprendizaje en determinadas condiciones: cómo aprenden.

Las variables de diferenciación individual con especial relevancia en el ámbito educativo son:

  • Los intereses: relevante desde los años 20, hacen referencia a inclinaciones afectivas o preferencias por ciertas materias, actividades, áreas, etc., que determinan de manera importante la calidad de la actuación del alumno en sus estudios y, posteriormente, la elección vocacional. Tienen tres características: carácter directivo o conativo (mueven a la persona en una dirección determinada – Snow, 1992), cierto grado de intensidad y son dinámicos (aparecen, cambian, se fortalecen o debilitan en el marco de la interacción continua entre persona y ambiente).
  • Los estilos cognitivos. Nos basamos en las dos dimensiones básicas propuestas por Riding y Cheema (1991), que permiten englobar implicaciones más específicas: por un lado la dimensión Holísticos/Analíticos (H/A) influyen en el modo en que los individuos piensa, ven, y responden a la información. Los holísticos ven la información como un todo, perspectiva global, contexto global. Los analíticos ven la situación como un conjunto de partes.
    • Por otra parte, algunos estudios han encontrado una interacción entre estilo e inteligencia en su efecto sobre el rendimiento académico, en el sentido de que el estilo es más determinante cuando los alumnos tienen una baja habilidad y el material de estudio no se ajusta al estilo preferido. Cuando un estilo es mejor que otro en casi todas las situaciones de aprendizaje, debe considerarse más como una habilidad. En prácticamente todas las situaciones de rendimiento es mejor ser independiente que dependiente de campo.
    • Dentro de las dos dimensiones globales parecen existir estilos específicos que se ajustan más a un perfilo de habilidad que a uno de estilo.
  • Los estilos de aprendizaje: Fueron propuestos específicamente por investigadores en el campo de la educación. Se asume la influencia de factores de socialización y de rpeferencias naturales por un estilo concreto. Los autores atribuyen a estos estilos importantes funciones adaptativas bajo circunstancias específicas de aprendizaje.
    • Merece destacarse el modelo de estilos de aprendizaje de Kolb (1976) que enfatiza las características del contenido a aprender y la importancia de la experiencia afectiva en el aprendizaje (teoría del aprendizaje experiencial). Kolb recoge cuatro estilos de aprendizaje que resultan de dos dimensiones bipolares: experiencia concreta- conceptualización abstracta y experimentación activa- observación reflexiva. Estas dimensiones representan una de las maneras en que las experiencias afectivas con las distintas materias, temas, etc., moldean los intereses del alumno y cómo reflejan preferencias fundamentales por contenidos y métodos.

Orientaciones al aprendizaje: Se trata de un conjunto de variables estilísticas que guardan relación con la intención que los estudiantes tienen cuando leen y aprenden un texto: según sea la intención así será el tipo de aprendizaje que obtienen. No son rasgos estables de personalidad, sino que son función tanto de características individuales como del contexto de enseñanza y aprendizaje. A partir de los estudios iniciales de Marton y Saljo (1976) pueden distinguirse dos intenciones básicas:

  1. procesamiento profundo (conocer el significado de lo que expresa el texto)
  2. procesamiento superficial (recordar los términos clave anticipando posibles preguntas).

Estilos y modos de pensamiento: son modos preferidos de utilizar las habilidades de que dispone cada uno. La Teoría del autogobierno mental de Sternberg, que es como llamó él a su teoría de estilos de pensamientos, defiende que las personas eligen aquellos estilos de manejo que les resultan más cómodos para trabajar; sin embargo, se muestran flexibles en la utilización de los mismos, de manera que intentan, con distinto éxito, adaptarse a las demandas estilísticas que la situación impone. Para este autor, los estilos de pensamiento son en gran parte resultado de la socialización. Distinguió 13 estilos englobados en 5 dimensiones de autogobierno mental: funciones, formas, niveles, ámbito de aplicación e inclinación.

La teoría del autogobierno mental tiene las siguientes características:

  • Cada estilo participa de las 5 dimensiones.
  • Los estilos varían a lo largo de un continuo, en lugar de ser dicotómicos.
  • Ningún estilo es considera como bueno o malo en sí mismo.
  • Su utilidad interactúa con el tipo de tarea a ejecutar y con la situación.
  • El estilo de un individuo está definido por un perfil de estilos (posee un determinado nivel en cada estilo).

Los estilos de pensamiento se han relacionado con orientaciones al aprendizaje y con modos de pensamiento y de ejecución. Los estilos ejecutivo, local y conservador se relacionan con procesamiento superficial, pensamiento analítico y reproducción de lo previamente aprendido; Los estilos legislativo, judicial, global y liberal con procesamiento profundo, pensamiento holístico-creativo y ejecución creativa y novedosa.

Personalidad y educación: en dicha relación, es el proceso autorregulador el que determina la cantidad y calidad de la preparación del alumno en las distintas materias, así como la ejecución final en exámenes u otras pruebas. El proceso autorregulador es el conjunto de pensamientos autogenerados, sentimientos y acciones que el individuo planifica y adapta de manera cíclica con el fin de facilitar el logro de metas valoradas (Zimmerman, 2000). Hay varios puntos de contacto entre rasgos de personalidad y procesos de autorregulación y rendimiento escolar:

  • Rasgos amplios como el neuroticismo y variables asociadas como la timidez y la ansiedad se relacionan con la autorregulación y el significado que los alumnos atribuyen a las interacciones sociales. Personas ansiosas pueden presentar dificultades en el rendimiento (exámenes), y los alumnos extrovertidos pueden rendir peor en ambientes rutinarios.
  • Los rasgos autorreguladores (autoeficacia generalizada, optimismo-pesimismo o autoestima), menos amplios, predicen diferencias individuales en autorregulación.
  • La personalidad afecta a los procesos atencionales, esenciales para que la autorregulación opere adecuadamente. Rasgos como la preocupación (woory), un componente de la ansiedad de prueba (miedo a fallar en los exámenes desviando los pensamientos hacia otros no relacionados con la tarea) afecta no sólo al proceso de ejecución, sino también al de preparación y a las estrategias de afrontamiento de las dificultades relacionadas con el aprendizaje.

Teniendo en cuenta todas estas variables, las áreas de intervención educativa pueden dividirse en tres grandes ámbitos:

  • El cognitivo, con un doble objetivo: potenciar las capacidades cognitivas en aquellos casos en que éstas son deficitarias y estimular un crecimiento positivo de las capacidades intelectuales en todos los alumnos.
  • El motivacional, dentro del cual debe aprovecharse el potencial que ofrece toda la gama de variables estilísticas y de personalidad, así como una serie de estrategias destinadas a fomentar la implicación en el estudio.
  • El emocional, que permite entrenar aquellas destrezas socio- emocionales que favorecen la integración social en el aula y la actualización de todo el potencial del estudiante.

Contribución de la PD al ámbito laboral

Recordemos que Terman (el gran promotor de la medida CI) popularizó la versión de la escala de Binet en Norteamérica convirtiéndola en el primer test de inteligencia de aplicación masiva. Münsterberg (1913) jugó un papel decisivo en el área de la psicología industrial al sentar las bases para realizar una selección de personal adaptada a los perfiles requeridos por las empresas.

Las aplicaciones de la PD al contexto laboral se llevaron a cabo desde una perspectiva que se ha convenido en denominar teoría clásica de la organización, cuyos autores más representativos pretendieron lograr un mejor funcionamiento de las empresas en aspectos meramente estructurales, olvidándose del bienestar que estos pudieran ofrecer a los trabajadores.

En el transcurso de los últimos años, se ha venido produciendo un cambio en las concepciones sobre la eficacia organizacional, desde estas posiciones que la entendían en términos de competitividad, calidad del producto y, en definitiva, de beneficios económicos, hacia otras en que el bienestar físico y psicológico de los individuos es considerado como un aspecto importante de cara a los resultados organizacionales.

El valor del ajuste entre el trabajador y la labor que desempeña

La fase de selección de personal, tradicionalmente restringida a la elección por parte de la empresa del mejor candidato para desempeñar un puesto vacante en la misma, se conceptúa, actualmente, de forma más amplia, como la “fase de ingreso del individuo en la empresa”.

El objetivo de las empresas asesoradas por expertos en este campo está centrado en el ajuste al perfil que ese puesto requiere, de manera que se logre la mejor adaptación entre la tarea a realizar y las características intelectuales y de personalidad de los aspirantes al puesto. Las pautas de actuación son, sucesivamente:

  1. Investigar la índole de la tarea, es decir, se procede a un análisis del puesto antes de atender a las fuentes de captación de posibles candidatos.
  2. Elección de la fuente idónea de captación de los candidatos, proceso en el que resulta de utilidad tener en cuenta los requisitos anteriores.
  3. Estrategias de selección propiamente dichas y una vez descartadas las personas que no reúnen los requisitos previos: entrevista preliminar y/o aplicación de tests psicológicos.

De cara a la predicción de éxito laboral, cada vez son más las organizaciones que vienen sustituyendo el concepto de CI por el de competencia, un concepto de mayor utilidad en el ámbito laboral, debido a su vinculación con las tareas concretas que deben realizarse. Bajo este enfoque, antes de evaluar a las personas se trazan los perfiles de competencias más adecuados para la ejecución en determinados contextos laborales.

Goleman (1996) ha generado un enfoque aplicado al ámbito laboral a partir de la noción de inteligencia emocional. Se defiende que, para lograr el éxito en las organizaciones del siglo XXI, el trabajador debe cultivar competencias personales y sociales, tales como la conciencia emocional, la valoración adecuada de uno mismo, el control de nuestros estados de ánimo y nuestros impulsos, la empatía y las habilidades sociales. Las diferencias individuales en dichas competencias parecer mostrar un nivel más alto de predicción en cuanto al rendimiento laboral que la medida del CI.

Cada vez es más frecuente la utilización de variables de personalidad a la hora de llevar a cabo una selección de personal. Los estudios realizados han puesto de manifiesto cómo, en el ajuste de una persona a su trabajo, ejercen una gran influencia aspectos, en parte desvinculados del ámbito cognitivo.

En este contexto, un factor relevante es la percepción subjetiva que el sujeto hace de las condiciones y características de su trabajo.

Variables de personalidad, adecuación y eficacia laboral

El locus de control es un tipo de expectativa cognitiva relativamente estable, referida a la creencia generalizada sobre el lugar desde el que son controlados los eventos de la vida:

  • Este lugar puede situarse en uno mismo (LCI, locus de control interno), favoreciendo la percepción de un mayor control sobre las situaciones, y, consecuentemente, la puesta en marcha de acciones dirigidas a afrontar los problemas de manera más directa.
  • O puede situarse en fuerzas externas como el destino o la suerte (LCE, locus de control externo), siendo, de esta forma, más probable que la persona caiga en un sentimiento de indefensión o desamparo ante una situación ambigua.

Otra característica de personalidad relacionada con la eficacia en el desempeño laboral en aquellas empresas que se caracterizan pro su flexibilidad y probabilidad de cambio en las labores desempeñadas, es la llamada personalidad resistente. En este sentido, recientes estudios han puesto de manifiesto la capacidad predictiva de esta variable de personalidad en la prevención del síndrome de desgaste profesional conocido como burnout.

Por último, podemos citar la característica de personalidad relativa a la tolerancia a la ambigüedad.

En los últimos años han surgido un gran número de estudios que tratan de predecir el rendimiento laboral tomando como referencia el modelo de personalidad de los cinco grandes, un modelo especialmente útil desde una perspectiva interaccionista en la cual el comportamiento en la organización se considera como el resultado de las características de las personas y el ambiente organizacional.

Antes de concluir el proceso de ingreso, sería adecuado realizar una presentación previa del puesto a los candidatos seleccionados, ya que para que tal proceso resulte eficaz, a corto y a largo plazo, debe hacerse de tal modo que se generen expectativas realistas y se produzca una adaptación mutua, conociendo previamente sus ventajas e inconvenientes.

El siguiente paso consistiría en comprobar la eficacia de los métodos utilizados en la selección. Con esta finalidad, compararíamos el rendimiento y la satisfacción del empleado con la puntuación lograda en los instrumentos de selección. Si la relación existente entre dichas variables es muy baja, quedaría claro que se necesita un cambio en los métodos de selección. Si, por el contrario, está relación es alta, podríamos estimar que hemos utilizados los instrumentos y consideraciones oportunas.

El desarrollo de la carrera profesional

Por un lado, las inadecuaciones en los procesos de promoción, referidos a la infra-promoción o a la promoción excesiva, conllevan no sólo consecuencias negativas para la empresa, sino también para los trabajadores, generando con probabilidad, en el primer caso, frustración y alteraciones emocionales, y, en el segundo, estrés y sentimientos de impotencia.

Hay que tener en cuenta la posibilidad de perder el ajuste entre la persona y la labor realizada hasta el momento. A esta posibilidad que, de hecho, ocurre con bastante frecuencia, Goleman hace alusión bajo la denominación de Principio de Peter (que afirma que la gente promociona hasta llegar a su nivel máximo de incompetencia).

Por otro lado, la consideración de los cambios intraindividuales que se van produciendo a lo largo de la vida del trabajador, puede dar lugar a nuevas valoraciones, requerimientos y ajustes.

Contribución de la PD al ámbito de la salud

Aplicaciones en el diagnóstico clínico: posturas clásicas y debates abiertos

Como señala Gross (1994), los trastornos psicológicos representan una de las manifestaciones más importantes de las diferencias individuales. El paso de las diferencias individuales que constituyen la variabilidad psicológica considerada “normal” en una población, a las manifestaciones psicopatológicas, ha sido frecuente desde comienzos de nuestra historia.

La conjunción de conocimientos procedentes de la PD, tanto en su vertiente psicométrica y nomotética, como idiográfica, y la perspectiva clínica, tradicionalmente vinculada al diagnóstico categorial, ha llegado a ser, en nuestros días, una de las reivindicaciones realizadas con más frecuencia por los profesionales de la psicología patológica y clínica.

El objetivo de dicha reivindicación no sólo es superar algunas de las limitaciones que presentan los sistemas diagnósticos utilizados habitualmente en el ámbito clínico (DSM IV y CIE-10), sino también la posible implantación de tratamientos psicológicos más ajustados a las características individuales.

Cuestiones críticas del DSM-IV

Sin restar valor a este sistema de diagnóstico, quizás el más utilizado por los psicólogos clínicos, exponemos ciertas observaciones que continúan generando insatisfacción entre sus usuarios. Vaillany y Vaillant (1998):

  • Reduccionista
  • No enfatiza la distinción entre estado y rasgo
  • Es adinámico, presta poca atención al conflicto, adaptación, curso longitudinal y desarrollo
  • Y sacrifica consistentemente la validez diagnóstica en aras de la fiabilidad diagnóstica.

Otros como Follette y Houts (1996) creen que la proliferación de categorías en ediciones recientes del DSM es sintomático del problema, ya que cualquier sistema nosológico adecuado debe ir con el tiempo reduciendo sus categorías por referencia a su organización teórica.

Carson (1991) argumenta que el hecho de ser un modelo categorial puede ser considerado en sí mismo como posicionamiento teórico, que en la persistencia de las categorías diagnósticas tradicionales (el sistema proviene de la medicina y psiquiatría) supone un estancamiento y frena la adopción de un acercamiento más empírico que actualmente se vería facilitado por la sofisticación de las técnicas estadísticas multivariadas.

Dadas las controversias existentes, los profesionales del ámbito psicológico, sobre todo, vienen apostando en los últimos años por la realización de diagnósticos de connotaciones dimensionales y carácter idiográfico y diacrónico.

Integración del diagnóstico categorial y dimensional

De acuerdo con Clark (1993), las aproximaciones dimensionales a los trastornos de personalidad presentan una serie de ventajas, resumidas en los siguientes aspectos:

  • Son teóricamente consistentes con la complejidad de los patrones de síntomas que se observan en la clínica, incrementan la fiabilidad.
  • Son congruentes con la observación de la ausencia de límites discretos entre diferentes tipos de psicopatología –y entre la normalidad y la psicopatología–.
  • Aportan una base para la comprensión de la heterogeneidad de síntomas de cada diagnóstico reteniendo la información de los niveles de componentes tipo rasgo.

Clark, Watson y Reynolds (1995) añaden que se cree ampliamente que los modelos categoriales y dimensionales son inherentemente incompatibles y que uno debe elegir entre ellos. Sin embargo, en la actualidad, es más exacto describir estos modelos como si se relacionasen de forma jerárquica el uno con el otro, con dimensiones que constituirían los bloques a partir de los cuales pueden construirse las categorías.

Integración del diagnóstico transversal y longitudinal

Para Barlow (1991), la clasificación o diagnóstico, en general, no debería estar sustentado en exclusiva en una investigación de carácter transversal, cuyo objeto de estudio sean grupos de sujetos con características similares, sino que debería ser validada longitudinalmente.

La APA revisó los conjuntos de criterios diagnósticos y aportó información adicional al DSM IV para indicar cómo cada desorden varía en su presentación a través de la vida, o más exactamente cómo un desorden particular varía en su expresión a través de la infancia, la adolescencia, la edad adulta y la senectud.

Integración del diagnóstico de carácter nomotético e idiográfico

Hurt, Reznikoff y Clarkin (1991) explican cómo, al efectuar un diagnóstico nomotético en el ámbito clínico, la información que se ha ido acumulando sobre la categoría diagnóstica correspondiente pasa al sujeto y nos sirve para hacer predicciones. El diagnóstico nomotético, utilizado por la psicología clínica y en la psiquiatría, no sería suficiente para el planteamiento y diseño del tratamiento, ya que proporciona un análisis topográfico o estructural, identificando cómo se comporta la gente, pero no un análisis factorial, o por qué se comporta de esa forma. Así, dos pacientes con el mismo diagnóstico DSM pueden requerir intervenciones muy distintas.

Para elegir y diseñar la intervención terapéutica más adecuada se necesitan otros datos de carácter idiosincrásico que hacen referencia tanto a las características personales del individuo como al contexto psicosocial en el que se desenvuelve. Este tipo de datos pueden ser proporcionados por un análisis idiográfico, en el que se contemple al individuo como una entidad única y diferenciada del grupo al que, en función del trastorno, haya sido asignado.

Versen (1988) afirma que es posible conceptual el DSM como un acercamiento molar o paraguas bajo el cual se destacan los aspectos comunes de los pacientes, acercamiento que debe ir seguido de un análisis molecular más refinado en el que sean cuidadosamente valoradas las características específicas del individuo.

Nuevas aplicaciones al campo de la prevención y promoción de la salud bajo el modelo biopsicosocial

En el modelo clásico de la Medicina han primado durante siglos los planteamientos dualistas derivados de la separación mente cuerpo propugnada por Descartes en el S. XVI. Estos planteamientos propiciaron el desarrollo del Modelo Biomédico predominante en los S. XIX y XX.

Actualmente, el ser humano es concebido bajo un prisma holístico, ya recogido por Engel y Schwartz en su propuesta de recuperación de la interacción mente-cuerpo para un entendimiento de la salud bajo el denominado modelo biopsicosocial.

Este modelo señala que, tanto la salud como la enfermedad, son consecuencia de la continua interrelación existente entre factores biológicos, psicológicos y sociales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como un estado de bienestar físico, mental y social completo, y no sólo la ausencia de enfermedad e incapacidad, sino un estado positivo que concierne al individuo en sí mismo en el contexto de su vida.

Las enfermedades actuales de mayor prevalencia se han transformado en enfermedades crónicas. Tres grandes Cs (corazón, cáncer y coche) son las principales causas de mortalidad en las sociedades avanzadas. Este nuevo tipo de enfermedades y trastornos está tremendamente vinculado al estilo de vida, y de forma más específica a la práctica de hábitos nocivos para la salud o la imprudencia en la conducción; es decir, a patrones de comportamiento perjudiciales.

El hecho de que patrones de comportamiento perjudiciales y el estrés sean dos de las principales causas de la morbilidad y mortalidad de las personas en sociedades industriales avanzadas, ha propiciado el potente desarrollo de una nueva disciplina psicológica desde los años 80: la Psicología de la Salud, encargada, fundamentalmente, de la investigación sobre:

  • Los posibles mecanismos psicológicos que puedan estar contribuyendo a mantener y/o favorecer la salud de las personas, a la etiología y desarrollo de sus enfermedades, y a la forma de afrontar la enfermedad y los procesos de recuperación bajo un entendimiento biopsicosocial de la salud.
  • La intervención sobre estos aspectos desde el punto de vista de la prevención en sus distintos niveles: prevención primaria, o prevención de la enfermedad antes que ocurra; secundaria, o prevención de episodios de recurrencia; y terciaria, o reducción de la incapacitación que la enfermedad pueda producir.

Vías potenciales de influencia de la personalidad sobre la salud

Muchos investigadores han planteado distintas vías por las cuales la personalidad ejercería su influencia sobre la salud y la enfermedad:

  1. Efectos de la personalidad sobre los hábitos de salud. La personalidad estaría en el origen del desarrollo de determinados comportamientos potencialmente peligrosos para la salud (consumo de tabaco y drogas, etc)
  2. Efectos de la personalidad sobre la percepción y manejo del estrés y las respuestas fisiológicas asociadas al mismo. Determinadas características personales, por representar formas estables y consistentes de comportamiento a lo largo de la vida, propician una mayor frecuencia, recurrencia e intensidad de determinadas respuestas psicológicas y fisiológicas, potencialmente dañinas si se producen en exceso.
  3. Efectos sobre la forma de afrontar la enfermedad o la posibilidad de estar enfermo. Relativa a la prevención secundaria y a la terciaria.
  4. Efectos sobre la conducta de enfermo.

Personalidad y estrés

Sánchez-Elvira (2000) afirma que las investigaciones existentes hasta la fecha revelan que la personalidad representa la forma habitual de afrontar los acontecimientos a lo largo de la vida, y en consecuencia influye sobre la determinación del tipo de valoración y afrontamiento posterior que los individuos suelen presentar ante las situaciones potencialmente estresantes.

De forma muy general, las investigaciones muestran que podríamos hablar de dos grandes grupos de individuos (Folkman, 1984): individuos más proclives a la percepción de amenaza y daño e individuos más proclives a la percepción de reto situacional.

Relacionado con la anterior clasificación en lo que respecta a los modelos de personalidad, las investigaciones actuales muestran que las dimensiones de personalidad más clásicamente relacionadas con la salud, y aquellas dimensiones generales de los modelos de personalidad estructurales pueden ser agrupadas en torno a dos amplios grupos claramente diferenciados:

  • Dimensiones de carácter emocional negativo, que incluyen falta de cordialidad, inestabilidad emocional, ira y hostilidad, impaciencia, pesimismo, entre otras. Muestran un estilo de afrontamiento emocional, asociado a una vertiente emocional negativa como consecuencia de una mayor percepción de amenaza y daño potencial en un número mayor de situaciones, una percepción más negativa del mundo, así como una menor valoración de recursos personales producto de una autoestima pobre y bajas expectativas de autoeficacia; escasa percepción de control.
  • Dimensiones de carácter motivacional-enérgico, relativas a motivación de logro, competitividad, autoeficacia, LCI, optimismo, extraversión, etc. Muestran una mayor percepción de retos y desafíos positivos en un número mayor de situaciones, una visión más positiva del mundo, en general y de sí mismos, cuentan con recursos personales adecuados y control suficiente y, en consecuencia, utilizan sistemáticamente estrategias de afrontamiento centradas en la resolución activa de los problemas.

Vías potenciales a través de las cuales la personalidad puede incidir sobre el estrés

Incrementando el encuentro con un mayor número de situaciones potencialmente estresantes, en la medida en que el individuo busca y provoca, de forma activa, este tipo de situaciones.

Determinando de qué forma como se perciben y valoran las situaciones, ya sea exacerbando o atemperando, el valor estresante que los acontecimientos tienen en general.

Determinando la percepción habitual de control y de recursos que las personas tienen.

Contribuyendo a la selección de las estrategias de afrontamiento que se ponen en marcha en respuesta a la situación de estrés percibido, con el objetivo de restablecer el equilibrio.

Generando más estrés en función del afrontamiento realizado.

Dimensiones correspondientes a la vertiente emocional negativa

Afectividad o afecto negativo, Neuroticismo: reúne una serie importante de características de personalidad, bien establecidas. Dimensiones como el Neuroticismo y el rasgo de ansiedad configurarían esta amplia disposición del estado de ánimo de carácter muy estable, que marca la tendencia a la experiencia habitual de un amplio rango de emociones de tipo negativo.

Estilo Explicativo Pesimista: más centrado en aspectos cognitivos, representa un estilo explicativo estable, caracterizado por expectativas generalizadas de fracaso, baja autoestima y atribuciones de carácter interno, global y estable de los acontecimientos negativos, así como sentimientos de falta de control, indefensión y desesperanza.

Hostilidad, Ira: las distintas manifestaciones emocionales y cognitivas asociadas a los comportamientos hostiles y a la ira representan, hasta el momento, el tipo de características personales significativamente más nocivas para la salud. Stone y Costa(1990) distinguen una Hostilidad Neurótica (vinculada a la afectividad negativa anteriormente descrita, aquello individuos que tienden a percibir un número mayor de situaciones como amenazantes) y una Hostilidad antagónica (personas que desconfían de los demás, niveles de vigilancia sostenida del entorno). Esta dimensión es un predictor fiable de hiperreactividad cardiovascular ante el estrés, tanto en el laboratorio como en situaciones reales, así como una mayor morbilidad y mortalidad cardiovasculares.

Dimensiones correspondientes a la vertiente motivacional-enérgica

Creencias y expectativas generalizadas

Las personas que estiman que sus deseos y metas son alcanzables y se consideran aptas para lograrlos, luchan activamente por su consecución y experimentan emociones y pensamientos más positivos:

Locus de control interno. En el área de la salud, cuando las expectativas de control son generalizadas, sesgan de forma consistente las valoraciones primaria y secundaria ante cualquier acontecimiento potencialmente estresante. Los individuos con esta característica estiman menos situaciones como potencialmente amenazantes, consideran que pueden controlarlas y perciben que tienen mayores recursos para afrontarlas.

Auto-eficacia: Dichas expectativas representan los juicios y expectativas de éxito que el individuo cree que puede tener en función de sus capacidades y habilidades, y de su potencial para desarrollar, de forma satisfactoria, la vía de acción elegida. Este tipo de expectativas influye a su vez, sobre otro constructo importante de la personalidad, la autoestima.

Optimismo: El optimismo disposicional se define como la expectativa generalizada que la persona tiene cuando cree y confía que, a lo largo de su vida, tendrá más experiencias positivas que negativas.

Emociones positivas y energía para afrontar los obstáculos

Afectividad positiva/Extraversión: el polo opuesto a la afectividad negativa, de la dimensión propuesta por Watson y Clark, caracterizada por la tendencia a experimentar emociones de carácter positivo y bienestar, y a sentirse lleno de energía y entusiasmo.

Todas estas dimensiones se han asociado de forma significativa con la prevención de estrés y salud.

La personalidad resistente (Hardiness)

El patrón comportamental denominado personalidad resistente se caracteriza por un mejor afrontamiento de las situaciones estresantes, vinculado a una mayor resistencia frente al estrés y sus perniciosas consecuencias. Este tipo de individuo presenta una orientación vital optimista evaluada a partir del compromiso, del reto y del control (LCI).

El papel de la personalidad en las enfermedades cardiovasculares e inmunológicas

A) Enfermedades cardiovasculares y comportamiento pro-coronario

El Patrón de Conducta Tipo A (PCTA) representó durante décadas el ejemplo más importante del valor predictivo de las variables de personalidad en el desarrollo de enfermedades específicas y del interés por este nuevo tipo de estudios. Este patrón se define como un complejo de acción-emoción que puede ser observado en cualquier persona que esté involucrada, de forma agresiva, en una lucha crónica e incesante para conseguir más y más en menos y menos tiempo, y, si es necesario, en contra de los esfuerzos que otras cosas o personas puedan llevar a cabo en oposición. Tiene las siguientes manifestaciones:

  1. Manifestaciones comportamentales complejas: el PCTA reúne cuatro componentes fundamentales: competitividad y ambición elevadas; sobrecarga laboral; impaciencia y un tipo de hostilidad de carácter instrumental.
  2. Manifestaciones conductuales de carácter específico: a nivel psicomotor, los PCTA presentan movimientos rápidos y enérgicos, tensión facial y muscular, contracción frecuente del puño y la mandíbula, gesticulación excesiva y un estilo general agresivo e impaciente.

La hipótesis general se centra en que los individuos Tipo A, caracterizados precisamente por un estilo de afrontamiento activo que exacerba la reactividad descrita, presentarían una mayor reactividad cardiovascular ante estímulos potencialmente amenazantes. La recurrencia con la que este tipo de personas genera y se ve involucrado en situaciones que implican una activación frecuencia, daría lugar a un impacto dañino sobre el sistema cardiovascular a lo largo de la vida.

La investigación ha demostrado, de forma consistente, que el comportamiento pro-coronario está asociado, fundamentalmente, al eje

Hostilidad-Irritabilidad-Impaciencia, tanto en lo que se refiere al estudio de la morbilidad y mortalidad cardiovascular en estudios transversales y longitudinales, como en lo que respecta a la hipótesis de hiperreactividad cardiovascular.

Según la reciente revisión del estado de la cuestión realizada por Smith y Ruiz (2002), el área de investigación no se centra ya en exclusiva en el PCTA sino por otras variables relacionadas fundamentalmente con la vertiente emocional negativa.

B) Enfermedades inmunológicas y la Psiconeuroinmunología

Las relaciones entre las enfermedades inmunológicas y posibles factores psicológicos precursores del mismo no son tan claras como en el caso de las enfermedades cardiovasculares; sin embargo, han dado lugar al desarrollo de un área de investigación de nombre propio: la Psiconeuroinmunología. Las causas pueden deberse a:

  • Heterogeneidad de los procesos patológicos característicos de este tipo de enfermedades, que aúnan muy diversos tipos de manifestaciones derivadas de fenómenos complejos como el cáncer.
  • Dificultad de estimar el papel previo de las variables psicológicas con antelación al diagnóstico de la enfermedad
  • La sofisticación tecnológica, los elevados costes asociados que se requieren para una investigación metodológicamente potente en este campo.

La evidencia clínica de la relación entre el estrés y la presencia de enfermedades inmunológicas como el cáncer, infeccionas, autoinmunes, etc. va siendo cada vez mayor. La evidencia apoya que el estrés produce, fundamentalmente:

  • Un descenso en la regulación del sistema inmunológico.
  • Puede afectar el desarrollo de tumores malignos a través de alteraciones en el sistema endocrino.
  • Alteraciones en los mecanismos de reparación celular de ADN.
  • Alteraciones en la reparación de tejidos.

El Patrón de Conducta Tipo C representa un patrón de comportamiento totalmente opuesto al de tipo A. Para el individuo tipo C su motivación prioritaria es lograr la armonía en su entorno a costa de sacrificar sus propios deseos y objetivos, la resignación en consecuencia y la represión emocional.

Por último, el Tipo C tiende a resolver las situaciones estresantes con estrategias de afrontamiento emocional pasivas. ha sido vinculado con el desarrollo de algunos tipos de cáncer, especialmente el de mama. La motivación prioritaria bajo este patrón es lograr la armonía en su entorno a costa de sacrificar sus propios deseos y objetivos, la resignación y la represión emocional. Spielberger interpreta esta última característica como un exceso de conductas lógicas y racionales, junto a una defensividad emocional elevada basada en el control racional de las emociones.

Esta búsqueda de un equilibrio social, a expensas del equilibrio psicológico, puede suscitar, a la larga, sentimientos de indefensión y desesperanza, y una ruptura de la homeostasis biológica. Todo en el individuo está enfocado en la activación recurrente y sostenida ante situaciones en que debe resistir porque no va a haber cambio.