07. Las técnicas subjetivas

Introducción

Las técnicas subjetivas están orientadas a recoger y organizar información sobre la estructura psicológica y los procesos de las visiones subjetivas o significados personales acerca de uno mismo y el mundo. Pretenden captar sus construcciones personales, estudiar sistemáticamente la estructura de su subjetividad. Surgen en el seno de teorías que defienden el valor de las construcciones subjetivas a la hora de comprender la conducta y las emociones (el constructivismo sería un ejemplo paradigmático).

La técnica de rejilla

La técnica de la rejilla es un instrumento de evaluación de las dimensiones y estructura del significado personal. Llamado así por su formato de matriz, en la que se entrecruzan los constructos con los elementos, se dirige a captar la forma en que una persona da sentido a su experiencia haciendo uso de sus propios términos. Pretende captar la forma en la que un individuo organiza la visión de sí mismo y de los demás. La TR explora la estructura y contenido de los sistemas de constructos, teorías implícitas o estructuras de significado con los que las personas construyen su experiencia, es decir, la forma en la que perciben el mundo y actúan en él.

Fue creada por Kelly dentro de su Teoría de los Constructos Personales (TCP), y desde entonces han surgido muchísimas variaciones. Es el instrumento más relevante en el ámbito de las técnicas subjetivas-Dada la diversidad en su metodología y aplicaciones hemos optado por presentar la TR en su modalidad interpersonal, que es la más utilizada, especialmente en la psicología de la personalidad y en el ámbito clínico. Se centra en el estudio de la construcción que hace el sujeto de sí mismo y de las personas significativas de su mundo interpersonal. La particularidad de la TR interpersonal es que la persona entrevistada debe identificar a personas significativas de su entorno (que son los elementos de la rejilla); y desde la búsqueda de similitudes y diferencias entre pares de estos elementos, se establecen los constructos. Una vez establecidos los elementos y los constructos, se solicita a la persona que puntúe a cada uno de los elementos, a través de una escala Likert (normalmente 7 puntos) según cada constructo, lo cual da lugar a una matriz numérica. Con esto quedan constituidos los tres componentes básicos de una rejilla: elementos, constructos y puntuaciones.

Fundamento teórico

La TR se origina en el contexto de la TCP de Kelly. Esta teoría se caracteriza por su visión del ser humano como constructor de significados. La personalidad se estructura de acuerdo con los constructos que emplea para dar significado a su experiencia y para anticipar su futuro. Estos constructos personales son distinciones que trazamos en la experiencia.

Un constructo es una dimensión de significado que nos permite asimilar dos eventos y diferenciarlos de un tercero. Es la captación de una diferencia, ya que el significado de algo implica siempre un contraste. Los constructos no son dimensiones aisladas, sino que están organizados jerárquicamente en un sistema (red de constructos). En esta red hay constructos más nucleares que otros, formando en su conjunto el mapa desde el que vivimos nuestro territorio interaccional. Los constructos nucleares sirven para mantener el sistema y son más resistentes al cambio, mientras que los periféricos permiten construir aspectos de la experiencia que no son centrales o que no implican a la identidad. El ser humano tiende a mantener su capacidad predictiva. Esto explica por qué cambiamos en algunas cosas y no en otras. Somos coherentes con nuestra estructura nuclear, prefiriendo a veces el sufrimiento a perder la coherencia. Es por ello que resulta tan importante poder entender cuáles son los constructos nucleares que la persona está protegiendo del cambio que desde fuera son vistos como síntomas o resistencias.

Procedimiento de administración

En la TR no se cuenta con un conjunto de ítems o preguntas concretas, sino que se va construyendo con el sujeto en función de sus respuestas y de acuerdo con unas pautas generales. Cada aplicación de la TR permite ajustarla de acuerdo con los objetivos de la evaluación, las características del sujeto y las del problema o área de estudio.

La TR puede aplicarse a personas a lo largo de gran parte del ciclo evolutivo y en la mayoría de niveles socio-culturales. Ello requiere una adecuación de la técnica a las capacidades del entrevistado y aun así su aplicación en niños y ancianos con dificultades perceptivas o de memoria es limitada.

En general la TR se administra mediante una entrevista estructurada. Es importante generar un contexto relajado y permitir que la persona exprese sus impresiones sin que tema el juicio del entrevistador. La rejilla no suele pasarse en la primera entrevista, sino cuando en encuadre general del proceso de evaluación y los datos básicos ya han sido establecidos. No hay respuestas correctas o incorrectas, sino que se trata de que el sujeto exprese sus puntos de vista personales y necesariamente subjetivos sin que el entrevistador deba manifestar su juicio u opinión al respecto.

Podemos dividir la administración de la TR en tres etapas: la obtención de elementos, elicitación de constructos y puntuación.

Obtención de elementos

Consiste en seleccionar un conjunto de personas significativas del mundo del sujeto habitualmente de entre 10 y 20. Se escogen en función de una serie de roles, además de incluir al propio sujeto (yo actual) y cómo le gustaría ser (yo ideal). Se pueden incluir otros elementos del yo como “yo antes de la crisis” o “yo según mi esposo”, que permiten investigar otros aspectos que pueden tener interés en función del caso. A medida que se van identificando, los elementos se anotan en el protocolo de la rejilla, concretamente en las columnas.

Elicitación de constructos

En esta etapa se buscan similitudes y diferencias entre las personas que el entrevistado ha elegido. Tales similitudes y diferencias representan constructos personales que emplea para discriminar los elementos. Hay diversas formas de elicitar constructos, pero es habitual hacerlo por tríadas, díadas de elementos o simplemente a partir de describir los elementos uno a uno (método monádico).

Feixas y Cornejo prefieren el método diádico por su mayor claridad y sencillez. Consiste en seleccionar una serie de pares de elementos y presentarlos de forma consecutiva. Se sugiere incluir principalmente las díadas padre-madre, yo actual-padre..., de forma que todos los elementos aparecen al menos una vez en alguna de las díadas presentadas. Para cada díada se empieza preguntando por las similitudes entre los dos elementos, en términos de su forma de ser, carácter, o personalidad. Para cada similitud que proporciona el sujeto se le pide que diga la característica opuesta, lo que constituye el constructo. Ej: atrevido-reservado. Cuando al entrevistado ya no se le ocurren más similitudes, se pregunta por las diferencias entre las personas de esa misma díada. Si al expresar la diferencia no aporta ya el par de opuestos, se le pide, de forma que se va obteniendo así un listado de constructos bipolares que se anota en las filas del protocolo de rejilla.

Al acabar con las similitudes y diferencias de la primera díada, se sigue con la segunda. Hay que excluir no sólo constructos superficiales sino también los que ya han sido mencionados en díadas anteriores. La elicitación concluye cuando se produce la saturación o dificultad para que aparezcan constructos nuevos. En total se obtienen unos 10 constructos como mínimo, mientras que el número máximo puede ser muy variable.

Puntuación

Una vez disponemos de los elementos, el asignar una puntuación es la forma en que cada constructo se aplica a cada elemento, lo que se materializa en rellenar las casillas de la matriz de constructos (filas) x elementos (columnas) del protocolo. Se ha empleado varios sistemas de puntuación, pero el más empleado es el de intervalos tipo Likert. A cada elemento se le asigna un valor en una escala definida por los dos polos opuestos del constructo.

La escala con 7 intervalos resulta muy adecuada en la práctica.

Al principio puede empezar el entrevistador a rellenar las casillas, preguntando al sujeto cómo valora el elemento de acuerdo con la escala. Pero a medida que el entrevistado se habitúa al sistema puede rellenarlo él. Una vez completado el protocolo queda la tarea de análisis, basada en sintetizar y analizar la riqueza de impresiones y valoraciones que el sujeto ha ido expresando.

Interpretación psicológica

Análisis cualitativo

Supone una primera aproximación que permiten los datos de la rejilla. La propia administración ya proporciona mucha información cualitativa sobre el entrevistado. Guías para llevar a cabo este tipo de análisis de forma más sistemática:

  • Número de elementos: nos aporta información sobre la extensión de la red de relaciones interpersonales del cliente.

  • Número de constructos: proporciona una primera impresión de la complejidad del sistema de construcción del cliente. Alguien con muchos constructos construye su mundo personal de forma multidimensional, pero alguien que sólo elicite siete u ocho constructos tiene pocas alternativas disponibles y una percepción de su mundo interpersonal reducida.

  • Contenido temático de los constructos: el sistema de Feixas contiene seis grandes áreas: moral, emocional, relacional, personal, intelectual/operacional y de valores e intereses. Dentro de cada área se distinguen entre tres y diez categorías según el área. La presencia de varios constructos con el mismo contenido temático indica cuales son las áreas del sistema de construcción del sujeto con un mayor grado de estructura y mayor relevancia personal.

  • Alternativas conductuales ofrecidas por los constructos: la consideración de los constructos personales como avenidas de movimiento lleva a plantearse qué alternativas quedan abiertas a la conducta del sujeto. Son especialmente relevantes los constructos que presentan dos polos igualmente deseables o indeseables puesto que plantean el conflicto de que se escoja lo que se escoja siempre se pierde algo.

  • Constructos idiosincrásicos o sorprendentes: la presencia de estos sugiere un nivel de idiosincrasia que puede plantear dificultades en la comunicación entre el sujeto y los demás.

Análisis cuantitativo I. Técnicas de análisis multivariante

Se han desarrollado varios programas informáticos específicamente diseñados para el análisis de la TR, como el RECORD. Un mero análisis de las correlaciones entre constructos ya nos aporta información sobre cómo se asocian los constructos entre sí.

Hay diversos procedimientos orientados a proporcionar una imagen global y gráfica de la estructura de los constructos, como el Análisis Factorial de Correspondencias (AFC). Es una técnica de factorialización multidimensional idónea para la TR, ya que analiza conjuntamente constructos y elementos y es llevada a cabo por el programa RECORD. La salida gráfica del programa nos da diagramas duales (representación conjunta de elementos y constructos) para cada uno de los ejes. Cada eje se ha de interpretar como una dimensión de significado definida por

los polos de los constructos que aparecen en sus extremos. Estos ejes permiten analizar las asociaciones entre constructos, elementos y constructos y elementos.

El programa RECORD permite también la graficación conjunta de los dos ejes principales, que conjuntamente explican el 55.75 % de la varianza.

Análisis cuantitativo II. Índices cognitivos

Uno de los aspectos que presenta ventaja de la rejilla frente a otras formas de cuantificación es la medida de la autoestima, evaluada en función de los términos que la propia persona utiliza para valorarse a sí misma, frente a las escalas tradicionales de autoestima, que evalúan de acuerdo con parámetros estandarizados.

Especialmente relevante es la correlación entre los elementos “yo actual” y “otros”, fundamental para la construcción del sí mismo en tanto que diferenciación de los demás. Esta correlación, cuanto más pobre resulte, deviene una medida de aislamiento social autopercibido, de especial interés clínico en situaciones de sujetos deprimidos o que han sufrido abuso sexual. Cuando la correlación entre el “yo actual” y los “otros” es muy alta, hablamos de identificación. La correlación entre el “yo ideal” y “otros” es indicadora de la adecuación percibida en los otros, que indica el grado de satisfacción del sujeto con sus semejantes, aunque también puede ser signo de un ideal desmesurado y poco realista.

Combinando estos tres índices, Feixas y Cornejo han identificado una serie de perfiles cognitivos que han mostrado cierta utilidad clínica, por ejemplo al investigar el fenómeno de la resistencia. También se han descrito otros índices que orientan a la apreciación de la estructura del sistema de constructos del sujeto, como:

  • La diferenciación cognitiva, que se refiere al grado en que una persona puede construir los acontecimientos desde varios puntos de vista. Se han empleado dos índices: la intensidad, que se calcula elevando al cuadrado cada una de las correlaciones entre cada par de constructos de la rejilla y sumando las puntuaciones obtenidas; y el Porcentaje de Varianza Explicado por el Primer Factor (PVEPF) o eje, que goza de mayor prestigio. Ambos correlacionan significativamente.

  • La polarización, que se refiere a la tendencia de la persona a emplear puntuaciones extremas, que se consideraría otra vertiente de la rigidez cognitiva.

  • La indefinición, que se mide con respecto al uso de puntos medios en las puntuaciones de la rejilla.

La identificación de conflictos cognitivos

Desde los enfoques piagetianos se entiende el conflicto cognitivo como la percepción de discrepancias entre los esquemas del sujeto y la realidad, o entre éstos y cómo ven las cosas los demás, o bien entre varios esquemas cognitivos propios. Según Feixas sería esta última la más apropiada, es decir, un conflicto, contradicción o desacuerdo con los fines que representan varios constructos, de forma que lo que resulta validante para un constructo, resultaría desconfirmación para otros. Se distinguen dos tipos de conflicto cognitivo susceptibles de ser identificados en la TR.

Los constructos dilemáticos, definidos como aquellos cuya puntuación en el “yo ideal” está en el punto medio, sugieren un tipo de conflicto cognitivo en el que la persona no tiene clara qué opción tomar. Un dilema implicativo se presenta cuando el síntoma está asociado con aspectos positivos, a menudo nucleares para la identidad del sujeto. El abandono de estos aspectos podría representar una amenaza para el propio sentido de sí mismo. En estos casos la persona se encuentra con un dilema: por un lado su deseo de abandonar la sintomatología con todos sus efectos negativos; por otro, esta sintomatología conlleva connotaciones e implicaciones positivas y su abandono llevaría al paciente a pasar a un polo opuesto e indeseable.

Los dilemas implicativos se detectan en la rejilla cuando se da una correlación positiva entre un “constructo congruente” (aquel en el que no hay diferencias mayores de 1 entre el yo actual y el yo ideal) y un “constructo discrepante” (aquel en el que hay diferencias mayores de 4 entre el yo actual y el yo ideal), en el sentido de que el cambio deseado en el constructo discrepante implica un cambio no deseado en el congruente.

Esta técnica revela uno de sus mayores potenciales al realizar el análisis de los resultados de rejillas de un mismo sujeto realizadas en momentos temporales diferentes. Se puede observar así el impacto de una intervención, para ello las rejillas deben estar diseñadas de manera que contengan los mismos constructos.

La TR permite precisar el cambio que el sujeto lleva a cabo en la forma como construye la realidad.

El diferencial semántico

Se trata de un instrumento de evaluación que aparece en el contexto de la teoría mediacional de Osgood.

Según esta teoría “las palabras representan cosas porque producen en los organismos humanos algún tipo de réplica de su conducta con respecto a esas cosas, como proceso mediacional”. El interés principal de Osgood fue estudiar la estructura del significado, para lo cual realizó una serie de experimentos en los que se fundamenta el Diferencial Semántico (DS). Éstos consistieron en proporcionar a muestras grandes de sujetos listas con 50 o más adjetivos tomados al azar de un gran diccionario. Con ellos tenían que puntuar una serie de conceptos en una escala de 7 puntos, y así se obtuvieron cantidades ingentes de datos que pudieron ser analizadas mediante análisis factorial.

Se pretendía estudiar las dimensiones generales del significado. Los resultados mostraron una gran convergencia hacia un factor principal que denominaron de evaluación que explicaba alrededor del 35% de la varianza, seguidos de un segundo factor, potencia, y un tercero, actividad. Se concluyó asumiendo que éstas eran las tres dimensiones básicas del significado que configuran el espacio semántico en el que los individuos sitúan un concepto en particular.

La aplicación del DS a un proceso de evaluación específico suele consistir en seleccionar una serie de escalas de adjetivos que estudios previos han mostrado que son relevantes para el objeto de estudio, y pedirle al sujeto que las aplique a los conceptos que representan el tema de estudio. Este procedimiento permite la comparación entre los significados de dos conceptos distintos para un mismo sujeto, o la de un mismo concepto para un grupo.

El DS se parece a la TR, pero tienen importantes diferencias que ponen de manifiesto un enfoque mucho más ideográfico en la TR:

  • En el DS los adjetivos los proporciona el investigador, mientras que en la TR se obtienen del propio sujeto.

  • Los elementos a puntuar en la TR son más homogéneos y significativos para el sujeto.

  • El DS calcula las puntuaciones de cada sujeto en función de los tres grandes factores ya establecidos, mientras que la TR la interpretación siempre se establece en función de los datos aportados por el propio sujeto.

  • El espacio semántico en el que trabaja el DS está conformado por los tres factores mencionados y representado por los adjetivos asociados a cada uno, mientras que en la TR tanto los elementos como los constructos configuran el mundo de significados del sujeto.

El DS ha sido bastante utilizado en la psicología social y de la personalidad. En los últimos 15 años el DS ha caído en declive, lo que se atribuye tanto a la falta de un desarrollo teórico que lo acompañe como a su escasa utilidad más allá de la investigación básica, en campos aplicados.

Métodos hermenéuticos y narrativos

Como textos narrativos pueden considerarse los diarios, los epistolarios, las memorias e historias de vida, así como las narraciones espontáneas surgidas en el contexto de la entrevista. Su valor psicológico se basa en la hipótesis de la naturaleza narrativa del proceso de construcción de la identidad y la experiencia.

Los campos específicos en los que se han utilizado las narrativas con fines evaluativos comprenden la sociología, la pedagogía, la antropología e incluso la medicina con fines diagnósticos. A través de las narrativas se han evaluado características de género, raza, clase social... o aspectos relativos al desarrollo evolutivo de la infancia, la juventud o la vejez. Son importantes en tareas de evaluación y reconstrucción terapéutica en lo que se ha llamado terapia narrativa.

Fundamento teórico

El punto de partida de la mayoría de los enfoques que proponen el uso de métodos hermenéuticos y narrativos es compatible con una epistemología constructivista: los sistemas humanos se orientan proactivamente hacia la atribución de significado a la experiencia como forma de coordinación de su acción conjunta.

Desde una visión discursiva, lingüística y contextual del significado se entiende que atribuir significado a la experiencia es un proceso que implica posicionar dicha experiencia en discursos culturalmente disponibles. La experiencia es una candidata al significado en un conjunto de afirmaciones sostenidas relacionalmente que la constituyen como objeto del lenguaje. El significado depende del lenguaje, concebido no como mecanismo de apropiación de un mundo externo, sino como el origen mismo del proceso de establecer distinciones que dan lugar a un mundo. En este sentido el lenguaje configura la experiencia e inunda toda nuestra actividad como seres sociales.

Así, se consideran los procesos psicológicos como formas discursivas. Se parte de la base de que las cuestiones existenciales sobre las que versan las narrativas de identidad incorporan inevitablemente la dimensión temporal, así los procesos de construcción de la identidad se manifiestan en forma de discurso narrativo.

Nos vamos a centrar en el aspecto de la construcción de la identidad, que acarrea implicaciones metodológicas. Según James, el self puede dividirse en el Yo: el self como observador/sujeto/autor y el Mí: el self como lo observado/objeto/actor o personaje narrativo. La construcción narrativa de la identidad es posible porque el self como autor, el Yo, puede construir imaginativamente una historia de la que el Mí es el protagonista..., el self como autor puede imaginar el futuro y reconstruir el pasado, describiéndose a sí mismo como actor.

El self como autor es un narrador absolutamente parcial y apasionado. Así el proceso de narrativización implica inevitablemente mecanismos retóricos de suavización narrativa consistentes en una doble estrategia: por una parte, se presenta una versión de los hechos que contribuye a la credibilidad de los aspectos nucleares de la identidad del self. Por otra, se intentan socavar las versiones alternativas incompatibles, en la medida de lo posible.

Sin embargo este proceso es imperfecto por definición, dejando la mayoría de los textos de identidad expuestos a fisuras en forma de incoherencia interna que el análisis puede llegar a revelar. El self como autor es un narrador parcial, apasionado y subjetivo, el self como personaje puede equipararse a un centro de gravedad narrativo.

El análisis del texto puede encaminarse a revelar como la consecución de un sentido de identidad y continuidad existencial es un logro narrativo construido a base de una combinación de mecanismos retóricos tales como la atribución selectiva del origen de los hechos narrados y de la capacidad de modificarlos.

Métodos de análisis. Introducción

Los métodos de análisis deberían permitir al interpretador trabajar con textos producidos de forma natural, como los diarios, epistolarios, autobiografías o conversaciones terapéuticas, sin que ello vaya en detrimento de la calidad del análisis, pero no siempre es el caso. Mientras algunos métodos como el análisis de autocaracterizaciones propuesto por Kelly son demasiado impresionistas, otros imponen demasiadas restricciones a los textos analizados o tienen el objetivo de evaluar únicamente unas pocas dimensiones del texto narrativo.

Autores como Villegas postulan una hermenéutica textual sobre la base de conceptos de la lingüística, tales como texto y contexto, coherencia, relevancia, macroestructuras y macroproposiciones. Se intenta con ello extraer de la propia estructura del texto las claves hermenéuticas para su interpretación, atendiendo más al aspecto discursivo que al narrativo que consideran sólo una modalidad de aquél.

Análisis de narrativas con apoyo computarizado

En términos narratológicos, leer un texto puede equipararse a procesar los datos textuales gradualmente formulando preguntas al texto y respondiéndolas basándose en él. Leer un texto de forma competente implica que las preguntas sean relevantes y que las respuestas estén fundamentadas en el texto. Una pregunta es relevante si su posible respuesta lo es, es decir, si aporta información referida al tópico de la reconstrucción narrativa del concepto de identidad del autor. Así, la finalidad de un método constructivista de análisis de narrativas de identidad es desarrollar una estructura conceptual formalizada para la lectura de dichas narrativas a la búsqueda de una mejor comprensión del concepto de identidad de sus autores.

Así, comparte la finalidad general de la investigación desde un paradigma constructivista: “La comprensión y reconstrucción de las construcciones que la gente mantiene inicialmente, aspirando al consenso pero abierta a nuevas interpretaciones a medida que se incrementa su grado de información y sofisticación. El criterio de progreso consiste en la idea de que, con el tiempo, todo el mundo formula construcciones más informadas y sofisticadas y se hace consciente del contenido y significado de sus alternativas.”

Leer y analizar una narrativa de identidad desde una perspectiva constructivista también significa respetar las restricciones textuales y mantener la propia interpretación tan próxima y fiel al texto como sea posible. La forma de análisis que proponemos se distingue de otras dado que estas últimas asumen una dicotomía entre manifestaciones externas y elementos o fuerzas más profundas internas. El análisis de narrativas está entroncado con la tradición post-estructuralista y asume una concepción constitutiva del lenguaje según la cual las manifestaciones discursivas de la experiencia son la propia experiencia. El procedimiento de análisis que presentamos se compone de varias etapas:

  1. Se divide el texto en unidades significativas de análisis, que no deben ser ni demasiado pequeñas ni grandes.

  2. A partir de la lectura competente de la narrativa se sintetiza el significado de cada unidad de análisis, creando tantas categorías diferentes como sea necesario y manteniéndose fiel a la filosofía implícita del método.

  3. Se jerarquizan las categorías obtenidas antes en forma de mapa conceptual de modo que confluyan en una categoría raíz.

  4. Se asigna cada una de las unidades de análisis a las categorías que conforman el mapa jerárquico.

  5. El apoyo computerizado (QSR-NUD-IST) durante todas las fases del procedimiento permite que las ideas, impresiones, intuiciones o hipótesis cualitativas del analista a medida que codifica el texto se puedan contrastar de forma cualitativa y/o cuantitativa mediante el análisis de las unidades codificadas en cada categoría y de las relaciones lógico-matemáticas entre ellas.

El mapa jerárquico que empleamos se compone de tres ramas a partir de un nódulo nuclear. El tema y la construcción de los personajes varían en función de cada narrativa a partir de un nivel inicial. La trama se decide dando lugar a una pequeña red de categorías.

El punto final de la narrativa es el objetivo de la narrativa, meta. ¿De qué trata? La trama es la construcción e interconexión de los acontecimientos de forma que se desarrollen estructuras significativas.

El origen es la causa que el autor atribuye a los acontecimientos narrados, interno o externo. La iniciativa es la posibilidad de modificación del curso de los acontecimientos narrados, tal y como la percibe el autor. En función del grado de modificación que el autor considere posible, puede ser activa o pasiva.

La relevancia es la medida en la que un acontecimiento está conectado temáticamente con el punto final de la narrativa, y puede ser alta o baja. La forma narrativa es el movimiento narrativo con relación a los cambios evaluativos a lo largo del tiempo, puede ser progresiva, regresiva o estable. El nivel de conciencia narrativa es el nivel de reflexión que el autor manifiesta en la narrativa, puede ser externo; interno o reflexivo. La apertura a alternativas es la medida en que los acontecimientos narrados podrían interpretarse de forma alternativa, puede ser rígida o flexible. Y la coherencia es la medida en la que un acontecimiento concuerda lógicamente con el punto final de la narrativa, y puede ser contradictoria o no contradictoria.

El tema es el concepto, pensamiento o idea general del cual se toman una serie de proposiciones como ilustración. La construcción de los personajes son los atributos, cualidades, características, constructos que el autor de la narrativa asigna a los personajes que aparecen.

Dada la complejidad que reviste un análisis de corte cualitativo, el uso de software que facilite la tarea del analista prolifera cada vez más. Pero los programas informáticos no sólo son importantes en el manejo de los datos sino también en la construcción de las teorías que se desarrollan a partir de ellos. Uno de estos es QSR-NUD-IST que utilizamos como apoyo del método de análisis de narrativas, que se basa en la indexación, búsqueda y teorización a partir de datos no numéricos y no estructurados. Su objetivo era poder dotar a los investigadores de un programa informático que permitiera almacenar, codificar, recuperar y analizar textos, a la vez que facilitara la tarea de análisis.

Este programa está diseñado, en general, para manipular todo tipo de documentos, crear, manejar y explorar ideas y categorías y hacer preguntas al texto para construir y probar teorías. Los proyectos que se llevan a cabo con este programa disponen de dos subsistemas con los que manipular los datos: el sistema de documento y el sistema de indexación que permite la categorización del texto en nódulos, cada uno de los cuales corresponde a una categoría de análisis que recoge información sobre el título que se da al nódulo, el número que le corresponde dentro del sistema y las unidades de análisis codificadas en cada uno de ellos. Por todas las posibilidades de acción que ofrece esta metodología de análisis de textos es por lo que se propone como una alternativa complementaria a las demás metodologías.