01. Introducción al estudio de la personalidad: Unidades de análisis

Introducción

La palabra Personalidad tiene 8 acepciones en la RAE:

  1. Diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra

  2. Conjunto de características o cualidades originales que destacan en algunas personas. Ejemplo: Andrés es un escritor con personalidad

  3. Persona de relieve, que destaca en una actividad o en un ambiente social Ejemplo: Al acto asistieron el gobernador y otras personalidades

  4. Inclinación o aversión que se tiene a una persona, con preferencia o exclusión de las demás

  5. Dicho o escrito que se contrae a determinadas personas, en ofensa o perjuicio de las mismas

  6. Aptitud legal para intervenir en un negocio o para comparecer en juicio

  7. Representación legal y bastante con que alguien interviene en él

  8. Conjunto de cualidades que constituyen a la persona o sujeto inteligente

Las acepciones más aproximadas a su uso en psicología serán la 1 en la que se enfatiza que la personalidad es lo que constituye a una persona y la distingue de otra y la 8 en la que se siguiere que lo que constituye a una persona, su personalidad, viene dada por un conjunto de cualidades.

El uso cotidiano del término cumple una función adaptativa importante: en función de nuestra idea de cómo es una persona, adaptamos nuestro comportamiento cuando nos relacionamos con ella. También tiene un aspecto inadecuado desde el punto de vista de una disciplina científica: el uso que hacemos cotidianamente del concepto de personalidad lleva asociado a veces connotaciones de valor al transmitir que hay personalidades mejores o peores. Ejemplo: no es mejor ni peor ser introvertido o extravertido.

Parece que todos actuamos como psicólogos de la personalidad (amateur). Lo que hace diferente al psicólogo de la personalidad profesional del amateur es que el primero como científico debe proponer modelos teóricos basados en evidencias sistemáticas y científicamente contrastadas, mientras que el amateur puede aceptar en su vida diaria teorías y supuestos poco claros, que le permiten reinterpretar los hechos si éstos no se ajustan a sus creencias previas.

Concepto de personalidad

Burham: “todo el mundo sabe lo que es personalidad, pero nadie puede expresarlo con palabras”.

Elementos/aspectos que deben estar presentes en un adecuado entendimiento de la personalidad:

  1. La personalidad es un constructo hipotético, inferido de la observación de la conducta, no siendo una entidad en sí misma

  2. El uso del término personalidad, no implica connotaciones de valor sobre la persona caracterizada

  3. La personalidad incluye una serie de elementos (rasgos o disposiciones internas) relativamente estables a lo largo del tiempo y consistentes de unas situaciones a otras que explican el estilo de respuesta de los individuos. Estas características de la personalidad de naturaleza estable y consistente, permiten que podamos predecir la conducta de los individuos.

  4. La personalidad también incluye otros elementos (cogniciones, motivaciones, estados afectivos) que influyen en la determinación de la conducta y que pueden explicar la falta de consistencia y de estabilidad de la misma en determinadas circunstancias.

  5. La personalidad abarcará tanto la conducta manifiesta como la experiencia privada, incluye la totalidad de las funciones y manifestaciones conductuales

  6. La conducta será fruto tanto de los elementos más estables (ya sean psicológicos o biológicos) como de los aspectos más determinados por las influencias personales (percepción de la situación, experiencias previas), sociales o culturales.

  7. La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo a partir de la estructuración peculiar de sus características y elementos.

  8. El individuo buscará adaptar su conducta a las características del entorno en que se desenvuelve, teniendo en cuenta que su percepción del mismo va a estar guiada por sus propias características personales.

Bermúdez propone la siguiente definición de personalidad “organización relativamente estable de aquellas características estructurales y funcionales, innatas y adquiridas bajo las especiales condiciones de su desarrollo, que conforman el equipo peculiar y definitorio de conducta con que cada individuo afronta las distintas situaciones”.

Costa y McCrae la definen como “organización dinámica dentro del individuo de aquellos sistemas psicofísicos que determinan su forma característica de pensar y comportarse”. Consideran que en una definición de personalidad deben estar presentes los siguientes aspectos (los 3 primeros derivan de la definición de Allport):

  • una organización dinámica o conjunto de procesos que integran el flujo de la experiencia y la conducta

  • sistemas psicofísicos, que representan tendencias y capacidades básicas del individuo

  • forma característica de pensar y comportarse, como hábitos, actitudes, o en general, adaptación peculiar del individuo a su entorno

  • influencias externas, incluyendo tanto la situación inmediata como las influencias sociales, culturales e históricas

  • la biografía objetiva o cada acontecimiento significativo en la vida de cada uno

  • el autoconcepto, o el sentido del individuo de quién es él

Figura 1.1 Concepto de personalidad

A partir de los elementos que representan un modelo de la personalidad (figura 1.1) donde las tendencias básicas incluirían las disposiciones personales, innatas o adquiridas, que pueden ser o no cambiables o modificables con la experiencia a lo largo del ciclo vital, como los rasgos (extraversión, neuroticismo…), la orientación sexual, la inteligencia, o las habilidades artísticas.

A lo largo del desarrollo, estas tendencias interactúan con las influencias externas dando lugar a adaptaciones características, como los hábitos de vida, las creencias, los intereses, las actitudes o los proyectos personales, así como las relaciones y los roles sociales que serían adaptaciones interpersonales.

El autoconcepto o la identidad personal es la visión que tiene el individuo de cómo es. Los procesos dinámicos son los mecanismos que relacionan los distintos elementos del modelo.

Desde el planteamiento de Costa y McCrae las tendencias básicas y las influencias externas serían consideradas como las fuentes últimas de explicación de la conducta, entendiéndose como las unidades básicas de la personalidad.

Caprara y Cervone “la psicología debe ir más allá de la identificación de las tendencias de nivel superficial para analizar los mecanismos afectivos y cognitivos que contribuyen de forma causal al funcionamiento de la personalidad”.

La personalidad debe entenderse “como un sistema complejo y dinámico de elementos psicológicos que interactúan recíprocamente los unos con los otros”.

Pervin: la personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una persona. Está integrada tanto por estructuras como por procesos y refleja tanto la naturaleza (genes) como el aprendizaje (experiencia). Engloba los efectos del pasado, incluyendo los recuerdos del pasado, así como construcciones del presente y del futuro.

A partir de la definición anterior se pueden extraer los siguientes aspectos:

  1. el estudio de las diferencias individuales sería solo una parte del campo de la personalidad

  2. se enfatiza el estudio de la cognición, las emociones y la conducta siendo central para la personalidad la organización (interrelaciones) de estos elementos

  3. es necesario incluir una dimensión temporal ya que aunque la personalidad solo pueda operar en el presente, el pasado ejerce una influencia en el momento actual a través de los recuerdos y las estructuras resultantes de la propia evolución y el futuro ejerce su influencia en el presente a través de las expectativas y las metas que se plantea alcanzar el individuo

Uno de los aspectos importantes considerados al definir la personalidad es que incluye características y estilos relativamente estables. Un determinado nivel de estabilidad en la personalidad, no solo es inevitable, sino bastante deseable, es decir, preferimos que las personas con las que nos relacionamos tengan un comportamiento relativamente estable a lo largo del tiempo y de las situaciones y además todos deseamos tener cierto sentido de coherencia con respecto a nosotros mismos.

A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con contextos sociales y etapas propias del desarrollo que podrían afectar a nuestra personalidad. Se hace necesaria la posibilidad de cambio ya que favorece la adaptación a las demandas situacionales y culturales y un adecuado funcionamiento psicológico: Deseamos que la personalidad cambie cuando la misma tiene efectos negativos para las relaciones interpersonales, la salud física o psicológica o para el funcionamiento de la sociedad.

Pervin “debemos desarrollar una teoría de la personalidad que reconozca tanto la estabilidad (consistencia) como la variabilidad (especificidad situacional) del funcionamiento de la personalidad”.

El grado de estabilidad o de cambio que concedamos a la personalidad va a ser uno de los elementos importantes a la hora de definirla.

La personalidad de un individuo comienza con componentes biológicos innatos, algunos compartidos con otras personas y otros más distintivos fruto de la propia herencia o de otras influencias; que a lo largo de la vida, estas tendencias innatas se van canalizando por la influencia de múltiples factores, como la familia, la cultura u otras experiencias; y que las personalidad vendría constituida por el patrón resultante de conductas, cogniciones y patrones emocionales.

Conclusión: la personalidad hace referencia a la forma de pensar, percibir o sentir de un individuo que constituye su auténtica identidad y que está integrada por elementos de carácter más estable (rasgos) y elementos cognitivos, motivacionales y afectivos más vinculados con la situación y las influencias socioculturales y, por tanto, más cambiables y adaptables a las peculiares características del entorno, que determinan, en una continua interrelación e interdependencia, la conducta del individuo, tanto lo que podemos observar desde fuera (conducta manifiesta) como los nuevos productos cognitivos, motivacionales o afectivos (conducta privada o interna), que entrarán en juego en la determinación de la conducta futura.

La psicología de la personalidad como disciplina

El estudio de la personalidad propiamente dicho empezó en el siglo XX, aunque se puede encontrar ya en la cultura clásica algunas de las ideas que tenemos en la cultura occidental: el modelo de Hipócrates.

Hipócrates ofreció una aproximación bastante sistemática al estudio de las causas que explicaban las diferencias individuales, introduciendo el concepto de temperamento. Señalaba la existencia de 4 humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) que, solos o en combinación, determinaban el temperamento psicológico predominante en la persona (sanguíneo, flemático, colérico o melancólico).

En las dos primeras décadas del siglo XX, los psicólogos desarrollaron “tests mentales” para la selección y el diagnóstico, pero a pesar de este énfasis en el desarrollo de tests, el estudio de la personalidad no se formalizó como una rama de la psicología hasta finales de la década de los 30.

Tres autores contribuyeron a su consideración de disciplina científica: Allport, Murray y Stagner.

La psicología de la personalidad consideró como unidad principal de análisis a la “persona total” y analizó conductas privadas, no públicamente observables, como la motivación, así como las diferencias (más que las similitudes) en la aplicación de las leyes de funcionamiento.

La segunda guerra mundial influyó en la psicología de la personalidad a través del desarrollo de intervenciones clínicas para readaptar a los soldados, sus familiares y población en general para superar los problemas originados por los desastres bélicos. Como consecuencia de los fenómenos acaecidos durante la guerra, llamó la atención las conductas asociadas con determinados estilos cognitivos de personalidad (autoritarismo, dogmatismo…) y sus repercusiones sociales y culturales.

Desde su origen, la psicología de la personalidad ha estado vinculada a la búsqueda de soluciones de los problemas encontrados en la práctica clínica o en la necesidad de seleccionar personas para distintos fines, lo que hizo que desarrollara un carácter eminentemente funcional. Esta funcionalidad tuvo sus pros y sus contras en el curso del desarrollo y adquisición de los conocimientos sobre personalidad.

Entre los factores positivos se señala que la psicología de la personalidad diera un peso importante a los procesos motivacionales, como clave fundamental para el entendimiento de la conducta humana.

Los psicólogos de la personalidad mantenían (como hoy) que la única forma de comprender la conducta era analizando al individuo total. Siguiendo este objetivo, la psicología de la personalidad emprendió la tarea de formular teorías que integraran los aspectos aislados que otras disciplinas de la psicología iban comprobando en sus investigaciones; adquiriendo, de esta forma, un papel eminentemente integrador.

La psicología de la personalidad “debe ser una disciplina integradora que incluya tanto el estudio de los determinantes y dinámica del funcionamiento de la personalidad como el desarrollo del potencial humano”.

El punto de partida para un análisis holístico o integrador del funcionamiento individual radica en que la persona funciona como una totalidad, y que cada aspecto estructural (rasgos) o procesual (percepciones, cogniciones, planes, valores, metas, motivos, factores biológicos, conducta…) adquiere su significado a partir de su papel en el funcionamiento total del individuo.

El principal inconveniente de su carácter funcional e integrador es que prescindió en algunas ocasiones del uso de una metodología rigurosa llegando a guiarse a veces por:

  • informaciones extraídas de la observación no controlada

  • de la intuición clínica

  • de la generalización de principios a partir de datos poco contrastados.

Además esta funcionalidad le llevó a tener fuertes vinculaciones con otras disciplinas de la psicología, como la psicología clínica y social.

Entre los años 30 y los 70, se formularon las grandes teorías de la personalidad de tipo clínico, tanto dinámicas, como humanistas, como las factoriales o multirasgo, o las biotipológicas, además de las más basadas en los supuestos más conductuales o en las aportaciones primeras del aprendizaje social.

Desde finales del siglo XX y a lo largo de esta primera década del XXI, cabe destacar el papel adquirido por las concepciones sociocognitivas que presentan a la personalidad como un “sistema complejo integrado por subsistemas relacionados entre sí de elementos cognitivos y afectivos, donde la persona es proactiva y no reactiva, habiendo elección y creación de situaciones así como intencionalidad en su camino hacia las metas y objetivos que se propone”.

Las aproximaciones basadas en el estudio de estos sistemas o procesos consideran que la personalidad es un sistema de unidades mediadoras (expectativas, metas, creencias…) y procesos psicológicos (cognitivos y afectivos), conscientes e inconscientes, que interactúan con la situación.

Se ha investigado como funciona psicológicamente la persona, analizando los procesos mediadores que subyacen a las diferencias entre los individuos en la conducta que manifiestan ante una misma situación, al tiempo que dan sentido a la variabilidad del propio individuo a lo largo de las distintas situaciones y momentos temporales. Se centran en la interacción entre el sistema de procesamiento social-cognitivo-emocional del individuo y la situación específica.

Resumen: la psicología de la personalidad ha puesto su énfasis en el estudio de la persona total, la dinámica de la motivación humana y la identificación y medida de las diferencias individuales entre las personas.

Principales acuerdos que existen en el campo:

  1. Se han hecho muchos esfuerzos para llegar a una conceptualización (los 5 grandes factores) ampliamente aceptada por los investigadores de las diferencias individuales.

  2. Se ha producido un progreso muy significativo en la conceptualización de la motivación humana para entender la dinámica de la conducta y la interacción social.

  3. Donde se ha progresado menos es en la conceptualización de la persona total. Aunque ha resurgido el interés por el estudio del self, aún no se ha aportado una conceptualización realmente integradora para comprender a la persona total.

Modelos teóricos

Las distintas teorías formuladas para describir y explicar la personalidad pueden organizarse en torno a 3 modelos teóricos:

  • Modelo internalista: entiende que la conducta está fundamentalmente determinada por factores personales o definitorios del individuo

  • Modelo situacionista: entiende que la conducta está principalmente determinada por las características del ambiente o situación en que ésta tiene lugar

  • Modelo interaccionista: (reúne las dos posiciones anteriores) señalando que la conducta está determinada, en parte, por características personales, en parte por parámetros situacionales y fundamentalmente por la interacción entre ambos conjuntos de determinantes.

Figura 1.2 Representación gráfica de los modelos teóricos en psicología de la personalidad, analizando las relaciones y peso entre variables personales (P), variables situacionales (S) y conducta (C).

Resumen de las características de los modelos teóricos en psicología de la personalidad:

  • Internalista (organísmico)

    • Conducta fundamentalmente determinada por variables personales

    • Consistencia – estabilidad

    • Variables personales permiten predecir la conducta

    • Metodología clínica y/o correlacional

    • Persona: activa

  • Situacionista (mecanicista)

    • Conducta fundamentalmente determinada por variables situacionales

    • Especificidad

    • Personalidad = Conducta

    • Metodología experimental

    • Persona: reactiva

  • Interaccionista (dialéctico)

    • Conducta fundamentalmente determinada por la interacción entre variables personales y situacionales

    • Por parte de las variables personales: mayor peso de los factores cognitivos

    • Por parte de las variables situacionales: mayor peso de la situación psicológica o percibida

    • Persona: activa e intencional

Modelo Internalista

El modelo internalista entiende a la persona como organismo activo, determinante fundamental de la conducta que manifiesta en las distintas situaciones. La característica principal es que los determinantes principales de la conducta son los factores, dimensiones estructurales, o variables personales, que definen a un individuo.

Junto con esta característica, este modelo mantiene que la conducta de los individuos es altamente consistente a lo largo de las distintas situaciones y estable a lo largo del tiempo ⇒ si las expresiones comportamentales de los individuos dependen de sus características personales, no afectando apenas la situación, se esperará que, en la medida en que dichas características son relativamente duraderas y consistentes, la conducta a que dan lugar reúna también estas condiciones.

Si la conducta es función de las variables personales, conocidas éstas, podrán hacerse predicciones válidas del comportamiento de los individuos. Para llevar a cabo este análisis de las variables personales se usa la metodología clínica y/o correlacional.

Mientras el modelo mecanicista (o situacionista) ha guiado la investigación hacia los elementos básicos de la personalidad, el modelo internalista u organísmico ha moderado ese reduccionismo manteniendo como objeto de estudio la persona como todo integrado y los aspectos subjetivos o no directamente observables de la personalidad.

En este modelo internalista pueden establecerse diferencias entre los planteamientos en función de la naturaleza de las características personales. Pueden distinguirse 3 tipos de planteamientos teóricos: procesuales, estructurales (ambos otorgando a las variables personales una naturaleza psicológica) y biológicos.

Planteamientos procesuales

Las teorías procesuales (de estado) consideran que las variables personales que determinan la conducta y que posibilitan su predicción, son de naturaleza dinámica, como estados y mecanismos afectivos y/o cognitivos, existentes en el individuo.

Este tipo de planteamientos ha estado vinculado a la práctica clínica y pretendía dar respuesta a los problemas observados entre los pacientes o clientes que asistían a la consulta. Se usa la metodología clínica lo que implica el estudio del individuo total, con su peculiar y definitoria organización de los estados o procesos internos estudiados a partir de la recogida de datos basados en las observaciones de la conducta, en contextos terapéuticos.

Las afirmaciones realizadas a partir de los datos se extrapolan a contextos no clínicos, proponiéndose como teorías generales de la conducta.

Entre estos planteamientos se incluyen las teorías psicodinámicas, las teorías fenomenológicas o la teoría de los constructos personales de Kelly. Estas teorías comparten los supuestos generales del modelo internalista y los particulares de las teorías procesuales pero a su vez, existen entre ellas diferencias en la naturaleza concreta de las variables personales analizadas en cada caso.

Planteamientos estructurales

En este tipo de planteamientos se considera que las variables personales son de naturaleza “estructural”, denominándolas como rasgos o disposiciones estables de conducta, cuya organización y estructuración peculiar configura la personalidad del individuo.

Allport define el rasgo como algo que tiene una existencia real: “sistema neuropsíquico generalizado y focalizado, dotado de la capacidad de convertir muchos estímulos en funcionalmente equivalentes y de iniciar y guiar formas coherentes de comportamiento adaptativo y expresivo”.

Definiciones en términos de constructos han sido dadas por Cattell o Guilford como disposiciones relativamente estables y duraderas que ejercen efectos generalizados sobre la conducta.

Los rasgos son comunes a las distintas personas, explicando las diferencias individuales en función de la posición que cada individuo ocupa a lo largo de la dimensión (o rasgo), así como de la peculiar organización entre los distintos rasgos.

Se sostiene que la conducta es consistente y estable a lo largo de las distintas situaciones y en diferentes momentos temporales, es decir, la ordenación de los individuos en una variable o determinante personal específico se mantiene cuando se observa la conducta en otros contextos.

La mayor parte de la investigación sobre rasgos ha estado guiada por el uso de  metodología multivariada, basada en un modelo acumulativo de medición. En este tipo de modelos acumulativos, los indicadores de rasgo (o conductas a partir de las que se infieren los rasgos como determinantes subyacentes explicativos de dichas manifestaciones conductuales) están aditivamente relacionados con la disposición inferida (relaciones directas entre personalidad y conducta), en cambio en los planteamientos procesuales se atribuyen relaciones no aditivas o indirectas entre la conducta y los estados fundamentales supuestos.

Los planteamientos teóricos más significativos dentro de este enfoque serían el modelo de los 16 factores de personalidad de Cattell, el modelo de los 3 factores o modelo PEN (psicoticismo, extraversión y neuroticismo) de Eysenck y el modelo de los 5 grandes factores (neuroticismo, extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia) de Costa y McCrae.

Se usan métodos correlacionales y como técnicas de recogida de datos los cuestionarios, inventarios, escalas y tests.

Actualmente se habla de un modelo de 6 factores de personalidad que se denomina HEXACO. Las dimensiones que contienen serían Honestidad-Humildad, Emocionalidad, Extraversión, Afabilidad, Responsabilidad y Apertura a la experiencia.

Planteamientos biológicos

Son teorías que consideran que la conducta manifestada por un individuo está determinada por su peculiar configuración anatómica, estableciendo a partir de la observación sistemática, tipologías constitucionales que han sido usadas en contextos clínicos y en el estudio de la conducta delictiva, como las tipologías de Kretschmer o de Sheldon.

Dentro de este contexto se incluyen las concepciones que explican la conducta a partir del funcionamiento del sistema nervioso.

Modelo Situacionista

Los supuestos principales del modelo situacionista o mecanicista parten de la idea de que las causas que ponen en marcha y dirigen la conducta de las personas están fuera de ellas, lo que las hace ser más reactivas que activas.

El conocimiento de los factores o condiciones externas permite establecer predicciones exactas de lo que ocurrirá en posteriores evaluaciones o momentos y establecer secuencias causales.

Los planteamientos integrados en el modelo situacionista se caracterizan con respecto al modelo internalista por un cambio en la consideración de los factores determinantes de la conducta: en el internalista el mayor peso explicativo del comportamiento recaía sobre variables personales (rasgos o procesos afectivos y/o cognitivos) y en el situacionista se deja recaer dicha determinación sobre factores ajenos o externos al individuo (sobre las condiciones estimulares que configuran la situación en que se desarrolla la conducta).

Esta característica general se traduce en 2 supuestos principales:

  • la consideración de que la conducta es aprendida: deben estudiarse los procesos de aprendizaje por los que adquirimos nuevas conductas. Este estudio se realiza mediante metodología experimental.

  • el énfasis en el estudio de la conducta como unidad de análisis: sería el objeto principal de la investigación. Esto contrasta con el modelo internalista donde el estudio de la conducta era el instrumento mediante el que se llegaba a analizar (a través de relaciones directas o indirectas) los determinantes personales subyacentes a la misma que eran su objetivo primario.

Desde el momento en que el peso explicativo de la conducta recae en variables ajenas al organismo, no se habla de consistencia sino de especificidad: la conducta variaría en función de las peculiares condiciones estimulares a que se enfrenta el individuo.

Las aproximaciones integradas en este modelo introducen matizaciones en sus formulaciones: hay teorías que se limitan a aplicar los principios del aprendizaje a la conducta humana, otras usan dichos principios para explicitar y contrastar supuestos de los planteamientos de naturaleza dinámica o procesual y otras conceptualizadas como teorías de aprendizaje social siguen enfatizando el carácter determinante de las situaciones pero incluyen en sus análisis de la conducta variables personales siempre moduladas por la percepción, significado o reacción que produce la situación a la que los individuos se enfrentan (primer intento de integración de los modelos internalista y situacionista)

En la actualidad el modelo situacionista se ha reconducido a partir de las aportaciones pioneras sobre aprendizaje social cognitivo de Rotter y Bandura y por el sistema cognitivo-afectivo de personalidad (CAPS) representado por Mischel y Shoda.

Modelo Interaccionista

Los modelos anteriores (internalista y situacionista) son modelos unidimensionales que solo pueden postular relaciones de naturaleza aditiva entre los elementos determinantes de la conducta o de naturaleza interactiva unidireccional donde a partir de la interacción entre variables independientes se predice el efecto dependiente.

El modelo interaccionista (o dialéctico) vendría a superar las limitaciones de los planteamientos unidimensionales (modelo internalista y situacionista) al entender que la conducta estaría determinada en parte por variables personales, por otra parte por variables situacionales pero sobre todo por la interacción entre ambos tipos de determinantes.

Bajo este modelo de sistema abierto, la personalidad sería un sistema autorregulador en permanente interacción con otros sistemas. Los conceptos de autorregulación y de interacción serían las piedras angulares de la personalidad.

Los 4 postulados teóricos del interaccionismo (Endler y Magnusson):

  1. La conducta es función de un proceso continuo de interacción bidireccional entre el individuo y la situación en que se encuentra

  2. El individuo es un agente activo e intencional en este proceso de interacción

  3. Por parte de la persona, los factores cognitivos son los determinantes más importantes de la conducta

  4. Por parte de la situación, el determinante principal viene dado por el significado psicológico que el individuo asigna a la situación

El primero de los supuestos implica lo esencial del modelo interaccionista: la conducta está determinada por un proceso continuo de interacción entre los factores personales y situacionales en un contexto bidireccional.

Hay 2 tipos de interacción:

  • la mecanicista (o unidireccional): se centra en la interacción entre los efectos principales (persona y situación) sobre la conducta. Usa como técnica estadística el análisis de varianza distinguiendo entre variables independientes (factores personales y situacionales) y dependientes (conducta analizada). La interacción sería entre causas, no entre causa y efecto.

  • la dinámica (recíproca o multidireccional): se centraría en la interacción recíproca entre conducta, factores personales y factores situacionales. Sería multidireccional, analizando tanto las interacciones entre variables independientes, como entre variables independientes y dependientes.

En el modelo de interacción multidireccional se consideran 4 fases representadas por rectángulos: en la Fase A habría 2 categorías de fenómenos, la variables personales y las situacionales que afectarían  a la percepción de las situaciones (Fase B). Como consecuencia se producirán cambios en el nivel de activación (Fase C) y finalmente las consecuencias de dichos cambios se recogerían en la Fase D. A su vez, la Fase D puede afectar a la percepción de la situación y de ahí a la Fase C. Todas las fases están continuamente interactuando siendo causa y efecto en todo momento. Al pasar a otra situación, las variables personales (incluidas en A) pueden verse modificadas (motivaciones, cogniciones) por la experiencia de la situación previa.

Figura 1.3 Modelo de Interacción Persona x Situación


El segundo supuesto de los planteamientos interaccionistas señala que el individuo es un agente intencional y activo en el proceso continuo de interacción. La persona interpreta las situaciones, les asigna un significado y como resultado de su historia de de aprendizaje elige las situaciones a las que se enfrenta, seleccionando de ellas aquellos aspectos que le resultan más significativos, convirtiéndose en señales de su conducta.

En relación con el tercer supuesto, los determinantes personales que son más importantes desde este entendimiento interaccionista de la conducta son los factores cognitivos. Mishel ofrece un entendimiento más estructurado de los determinantes personales de naturaleza cognitiva.

Finalmente el cuarto aspecto señala que el aspecto más relevante de la situación en la interacción, como determinante de la conducta, es su significado psicológico.

Existe una diferencia entre:

  • Entorno: marco general en que tiene lugar la conducta (factores sociales y culturales)

  • Situación: marco momentáneo o escenario en que ocurre la conducta

  • Estímulos: elementos que integran y conforman la situación

La distinción entre entorno y situación es análoga a la distinción entre rasgo y estado, siendo los entornos conceptualizados como marcos generales (rasgos), y las situaciones como marco momentáneo y cambiante (estados).

Los estímulos formarían parte de las situaciones y éstas a su vez formarían parte de los entornos.

El término situación percibida (factores psicológicos) hace referencia al proceso por el que las situaciones y las condiciones situacionales son percibidas, construidas cognitivamente y valoradas por la persona.

Elementos importantes en el estudio de la personalidad

El psicólogo de la personalidad tiene como meta comprender la estructura y los procesos psicológicos que contribuyen al funcionamiento distintivo del individuo, sin olvidar los factores ambientales y genéticos que influyen y afectan al mismo.

La estructura

La estructura se refiere a los aspectos más estables de la personalidad.

El concepto de rasgo recoge la consistencia de la respuesta de un individuo ante distintas situaciones y se aproxima al concepto que se usa para describir la conducta de los demás (hostilidad, agresividad, sociabilidad…).

El concepto tipo recoge la agrupación de diferentes rasgos. En comparación con el rasgo, el tipo implica mayor generalidad de la conducta.

A lo largo de los distintos modelos, hay 2 dimensiones recurrentes, la Extraversión y el Neuroticismo, ambas con una importante carga genética y generalidad en las distintas culturas. Por otro lado, están los rasgos que llamamos cognitivos (expectativas, planes, estrategias) y emocionales (ansiedad, ira, afecto positivo y negativo).

Los rasgos son constructos usados para describir, comparar y predecir la conducta de las personas, pero no para explicarla. Los rasgos se entienden como dimensiones bipolares a lo largo de las cuales se sitúan las distintas personas. Se consideran tendencias de respuesta y proporcionan una firma reconocible de lo que una persona tiende a expresar en un amplio rango de situaciones (aunque no en todas) y a lo largo de un periodo de tiempo relativamente amplio (aunque no necesariamente para siempre).

El proceso

El proceso se refiere a los conceptos motivacionales, cognitivos o afectivos que dan cuenta de la conducta. Cuando el individuo lleve a cabruna u otra conducta intervendrán estos aspectos dinámicos que interactúan con las características de la situación o contexto considerado.

Las teorías disposicionales o de rasgo, más centradas en la estructura, tienen como meta caracterizar a los individuos en términos de un número (preferiblemente pequeño), de disposiciones estables que permanecen invariantes a lo largo de las situaciones y que son distintivas para el individuo, determinando un rango amplio de conductas importantes.

Se centran en características estables que diferencian consistentemente a los individuos, buscando evidencia a favor de la amplitud y duración de estas diferencias a lo largo de las diversas situaciones.

Las aproximaciones basadas en el proceso consideran que la personalidad es un sistema de unidades mediadoras (expectativas, metas, creencias…) y procesos psicológicos (cognitivos y afectivos), conscientes e inconscientes, que interactúan con la situación.

Estudio del afrontamiento ante el estrés (Mishel y Shoda): desde un marco disposicional se habla de “estilos de afrontamiento” mientras que desde un marco dinámico se habla de “procesos de afrontamiento”.

La aproximación de “estilos” más vinculada al concepto de rasgo y relacionada con los grandes factores, dimensiones o tipos, asumiría que cada persona se caracteriza por un estilo de afrontamiento ante el estrés que usaría de forma consistente en las diversas situaciones que se encuentra, con cierta independencia del tipo concreto de problema o estresor del que se trate.

La aproximación de procesos se centraría concretamente en lo que hace la persona cuando se enfrenta con un determinado acontecimiento estresante analizando el cambio a lo largo del tiempo o de las situaciones. La respuesta que da es fruto de la percepción de la situación que está analizando y/o viviendo, percepción que puede estar influenciada por sus características más generales.

Para analizar la capacidad de adaptación de la persona a los cambios que se encuentra, así como las mejores o más convenientes estrategias a usar en cada caso se necesita conocer los patrones o regularidades de las personas así como su adaptación (interacción) con las distintas situaciones.

El Sistema Cognitivo-Afectivo de Personalidad o CAPS entiende que las diferencias individuales reflejan en parte un nivel distinto de accesibilidad o de activación de las representaciones mentales y emocionales (cogniciones y afecto) en cada persona, así como una organización distintiva de las relaciones entre las propias cogniciones y afectos, que determinada su diferente peso o importancia en unas situaciones frente a otras.

Esta organización estable de interrelaciones entre elementos sería el resultado de la historia de aprendizaje de la persona en interacción con su potencial biológico. El resultado son patrones o perfiles relativamente estables.

Los determinantes ambientales y culturales

Además de estos aspectos de estructura y proceso, el individuo a lo largo de su vida recibe influencias ambientales y genéticas que afectan a su personalidad (estructura y dinámica).

Entre los determinantes ambientales se encuentran los factores culturales, sociales y familiares. El pertenecer a una u otra cultura determina las metas que nos proponemos, nuestra forma de valorar el éxito o el fracaso o lo que es o no importante y de ahí las consiguientes reacciones cognitivas y afectivas que se experimentan ante estas situaciones.

Por otro lado, hay conductas que vienen determinadas por la pertenencia a un determinado grupo social, como los aspectos que serán más valorados en función de criterios como el estatus social o la ocupación profesional.

Finalmente, la familia ejerce una importante influencia desde el momento en que las distintas prácticas de crianza afectan al desarrollo de la personalidad, su conducta sirve de modelo para los niños, recompensan o castigan determinados comportamientos y determinan el tipo de situaciones y estimulaciones que el niño recibe en sus primeros años.

No hay que olvidar la propia situación en que tiene lugar la conducta. La conducta y reacciones de las personas van a estar en función de cómo perciban las situaciones en las que está inmersos pero al mismo tiempo ellos afectan a las situaciones por lo que hay una constante y continua interacción entre las personas y las situaciones.

Por otro parte, la personalidad viene determinada, en parte, por factores biológicos (más importantes en características como la inteligencia y menos en otras más socioculturales, como las creencias o el sistema de valores de la persona) que incluyen variables genéticas, constitucionales, fisiológicas y bioquímicas.

Los niveles de análisis

Además de los grandes rasgos, factores o tipos, reservados para referirse a las variables más estables, el estudio de la personalidad debe implicar también a esas otras variables más modificables en función de la experiencia que se pueden llamar variables psicosociales (por su particular influencia del entorno) o variables o unidades de nivel medio (por su mayor proximidad a la conducta). Entre estas unidades están los motivos, metas, planes, valores, estilos de afrontamiento, logros o proyectos personales, expectativas, afectos, estilos de apego… variables de la personalidad que está muy vinculadas a la conducta y son importantes para la descripción total de la persona.

El estudio de estas unidades permite no solo predecir la conducta, como ocurre con los rasgos más estables, sino identificar los mecanismos causales responsables de la conducta.

Además de predecir y explicar la conducta, también permite el cambio en mayor medida que un planteamiento basado en rasgos más o menos fundamentados biológicamente y con una mayor estabilidad y consistencia.

El problema de si la personalidad se mantiene o cambia va a depender del nivel al que nos movamos. Si hablamos de rasgos disposicionales, estamos indicando en general una alta estabilidad, pero si hablamos del proceso o de los elementos dinámicos (metas, creencias, actitudes…) la posibilidad de cambio y adaptación a las circunstancias es mucho mayor.

McAdams propone que para entender la estructura y dinámica de la personalidad se deben incluir al menos 3 niveles, teniendo en cuenta que cada uno incluye a su vez una amplia gama de constructos de personalidad:

  • los rasgos disposicionales (nivel I)

  • los intereses personales (nivel II)

  • la narración de la propia vida (nivel III)

Nivel I: incluye aquellas dimensiones de personalidad, relativamente descontextualizadas que se denominan rasgos y que se caracterizan por una cierta estabilidad temporal y consistencia transituacional.

Nivel II: se refiere a lo que la persona quiere (expectativas, creencias, motivaciones) y los métodos que usa para conseguir lo que desea (estrategias, planes…) y evitar lo que no desea, lo que se denomina “unidades de nivel medio” o “constructos de acción personal”.

Las personas tienen sus características (rasgos) pero a la hora de hacer cosas, de comportarse, se expresan en el dominio del nivel II, por ello estas características están más sujetas a las influencias situacionales, culturales o a los cambios evolutivos.

Nivel III: considera la auténtica identidad de una persona, su propia narración o historia vital.

El nivel II nos dice qué hace una persona y como lo hace pero el nivel III iría más allá, indicando quién o qué está intentando ser (su identidad).

Las historias de vida incluirían distintos elementos, como un tono emocional, imágenes o metáforas significativas, ideologías, episodios concretos con un marcado carácter o significado para el individuo, las idealizaciones o aspiraciones sobre uno mismo y su papel en la vida, y un final, que marca el legado que uno deja y que genera nuevos comienzos en generaciones posteriores.

Las integraciones recientes

La psicología de la personalidad debería proporcionar un marco integrador para entender las características comunes a todas las personas, las diferencias individuales en esas características comunes y finalmente el patrón único de cada individuo.

McAdams y Pals proponen 5 grandes principios de una nueva ciencia integradora de la personalidad, donde añaden a los 3 niveles del modelo de McAdams, el papel de la evolución y los aspectos culturales:

Primer principio: sobre “evolución y naturaleza humana” diría que las vidas humanas son variaciones individuales en un diseño evolutivo general, lo que recogería las formas en que cada persona es como las demás.

Segundo principio: “la estructura disposicional”, diría que las variaciones en un conjunto pequeño de rasgos disposicionales implicados en la vida social constituyen los aspectos más estables y reconocibles de la individualidad psicológica.

Tercer principio: “adaptaciones características”, indicaría que más allá de los rasgos disposicionales, nuestras vidas varían con respecto a un amplio rango de adaptaciones motivacionales, socio-cognitivas, y evolutivas, contextualizadas en el tiempo, lugar y/o rol social.

Estas adaptaciones características incluyen los motivos, metas, planes, estrategias, valores, virtudes (aspectos definitorios de la individualidad humana). Estos aspectos, más relacionados con la motivación y la cognición, frente a los rasgos, serían más manejables e influenciables por el entorno y la cultura que los rasgos, lo que implica que pueden modificarse con el paso del tiempo y las experiencias vividas o a través de terapia. Mientras los rasgos abordan la cuestión de qué clase de persona es alguien en particular; las adaptaciones características avanzan hacia una pregunta más existencial: Quién es la persona.

Cuarto principio: “narraciones de vida e identidad personal”, indica que más allá de los rasgos y de las adaptaciones características, las personas varían con respecto a las historias de vida que integran, o narraciones personales, que los individuos construyen para dar significado e identidad a sus vidas en el mundo en que viven.

La identidad narrativa incorpora el pasado reconstruido y el futuro imaginado en un todo más o menos coherente que da a la vida de la persona un cierto nivel de unidad, propósito y significado.

Quinto principio: “el papel diferencial de la cultura”, resalta el papel de la cultura en los distintos niveles de la personalidad. Aunque proporciona reglas para la expresión conductual, tendría un papel más modesto en la expresión de los rasgos; un mayor impacto en las adaptaciones características y ejercería su influencia más profunda en las historias de vida, proporcionando temas, imágenes, argumentos para la construcción psicosocial de la identidad narrativa.

Uniendo estos 5 principios: la personalidad sería la variación única de un individuo sobre el diseño evolutivo de la naturaleza humana, expresada como un patrón de rasgos disposicionales, adaptaciones características e historias de vida integradoras, compleja y diferencialmente situadas en la cultura.

Los autores de los modelos socio-cognitivos más actuales en lugar de usar el término de psicología de la personalidad, hablan de “ciencia del individuo” como forma de enfatizar el estudio de las personas en el contexto. La visión más contextualizada de la personalidad, permite analizar rasgos y procesos, hacer estudios idiográficos y nomotéticos, avanzando en el estudio de la personalidad contextualizada (ciencia del individuo).

Estructura del texto

Para alcanzar los objetivos que caracterizan al estudio de la personalidad se han seguido 3 orientaciones:

  1. se han generado distintas teorías de personalidad, que parten del hecho de que las personas están continuamente manifestando conductas cuyo significado puede interpretarse desde distintos puntos de vista.

  2. entiende la psicología de la personalidad no como “teorías de personalidad” sino como investigación en personalidad. Investigan constructos y elaboran “microteorías” que no persiguen los objetivos tan comprehensivos de las tradicionales teorías de la personalidad, sino un acercamiento más puntual a un rango más limitado de fenómenos.

  3. adopta una postura intermedia combinando la presentación de formulaciones teóricas con aplicaciones e investigación en problemas o aspectos concretos.