04. Estabilidad de la personalidad

Introducción

La creencia de que la personalidad cambia poco a lo largo de la vida está presente en numerosas expresiones de la vida cotidiana.

Se asume que seguimos siendo la misma persona, pese a los cambios biológicos y sociales por los que atravesamos y de la misma forma esperamos que ocurra en las demás personas.

Varias son las razones en las que se apoya esta creencia generalizada:

  • la confianza en que la personalidad sea estable es lo que permite predecir la conducta propia y ajena, además permite establecer compromisos de desarrollo personal.

  • posibilita anticipar y planificar el futuro.

  • es la base del sentido de la propia identidad y el hilo conductor, el factor unificador, que da sentido y coherencia a nuestras vidas.

Uno va formando la imagen que tiene de sí mismo en la medida en que identifica como auténticas señas de identidad personal, un núcleo de características que uno percibe que se mantienen relativamente estables a lo largo de la vida.

Aunque uno perciba que cambia y que no es exactamente la misma persona, existe una tendencia bastante común a identificarse como uno mismo a través de todo el ciclo evolutivo.

Cuando en la edad adulta se hace balance del pasado, lo que se valora es el grado de cumplimiento de los intereses, motivaciones, que han guiado su vida y que constituyen una parte esencial de nuestra personalidad.

El que el estilo de conducta del adulto, pueda predecirse a partir de sus características y estilos de afrontamiento en etapas evolutivas anteriores, evidencia la existencia de un hilo conductor que puede plasmarse en manifestaciones tal vez diferenciadas, pero con un mismo significado y valor funcional.

Este proceso de identificación guía igualmente la formación de la imagen que uno se hace de las demás personas, y recíprocamente, la identificación que los demás hacen de nosotros.

La personalidad es permeable a las circunstancias que acompañan nuestro desarrollo vital y cambia ciertamente a lo largo de la vida. Aunque tales cambios suelen ser pequeños en la mayoría de las personas y al producirse, además, de forma gradual, permiten seguir manteniendo la sensación de que la personalidad es más estable de lo que realmente es.

¿Es estable la personalidad?

Estrategias de investigación

Para analizar si la personalidad se mantiene estable o cambia con el paso de los años, en paralelo al proceso de maduración biológica y social, se han considerado esencialmente 2 criterios:

Criterio 1. Si cambian con la edad las diferencias individuales en personalidad: esto es si el nivel relativo que cada uno tiene en las diversas variables de personalidad, cambia o permanece estable a lo largo de la vida.

Ejemplo: la dimensión de extraversión. Si un individuo se sitúa por encima de la media en esa dimensión a la edad de 15 años, se puede afirmar que la extraversión es una dimensión estable de personalidad, si el mismo individuo a los 40 años sigue puntuando por encima de la media del grupo poblacional que se tome como referencia.

El procedimiento de análisis consiste en calcular la correlación entre las mediciones de personalidad efectuadas sobre la misma población en distintos momentos temporales.

Ejemplo: medir la dimensión de extraversión a un grupo de sujetos cuando tienen por ejemplo 20 años, y volver a realizarla medición pasado un tiempo, 30 años, y calcular el coeficiente de correlación entre ambas mediciones.

Se habla de estabilidad si el coeficiente de correlación test-retest es elevado. Por el contrario, la personalidad ha cambiado durante el intervalo temporal tomado como referencia si el coeficiente de correlación es bajo.

Criterio 2. Ver si se producen cambios en los niveles medios poblacionales en las variables de personalidad asociados a la edad (cambios en términos absolutos en las variables de personalidad paralelos a la edad).

Se han usado 2 estrategias de análisis:

  • correlacionar las puntuaciones en las variables de personalidad con la edad de los sujetos: cuanto más pequeño sea el coeficiente de correlación personalidad-edad, mayor será la estabilidad de la personalidad.

  • calcular si difieren significativamente las puntuaciones medias en las dimensiones de personalidad de grupos de sujetos que se diferencian en edad (o de los mismo sujetos evaluados a distintas edades en el curso de su ciclo vital): la personalidad se mantiene estable (o cambia poco) si no existen diferencias o éstas son insignificantes.

Se han usado 2 tipos de estrategias o diseños de investigación:

1) Estudios transversales: no permiten descartar que otros factores que también hayan podido cambiar con los años, estén contaminando las diferencias observables en personalidad entre distintos grupos de edad, que, además de diferir en edad, se diferencian igualmente en esos otros factores que han ocurrido y cambiado con los años (cambios en el estilo educativo, problemas económicos, guerras…).

Una limitación de estos estudios es que pueden confundir los efectos “madurativos” (debidos al avance de la edad) con los “generacionales” (asociados al hecho de que distintos subgrupos de edad pueden diferir en otros factores, además de en edad)

Ejemplo: En una muestra de sujetos de 20 a 80 años, las diferencias que puedan apreciarse en determinada variable de personalidad entre los sujetos con menos de 30 años y los mayores de 70 años, se deban a la edad, pero también a las diversas circunstancias que acompañan el paso de la edad en los distintos sujetos. Ambos grupos extremos pueden diferir en el tipo de educación recibida, influencias ideológicas imperantes en la sociedad, problemas sociales y económicos…

2) Estudios longitudinales: en estos estudios no se da el “efecto generacional” puesto que todos los sujetos van avanzando en edad al mismo tiempo y van atravesando similares circunstancias. Así los factores más significativos afectan de la misma forma a todos los sujetos de la muestra.

En caso de que se produjesen cambios en las variables de personalidad evaluadas, se podría afirmar (nunca de forma absoluta) que tales cambios se deben al proceso de maduración asociado al crecimiento en edad y no a otros factores ajenos a este proceso evolutivo.

La limitación de estos estudios es su extensión temporal. Requiere una infraestructura económica y humana más costosa que los transversales. El control sobre la muestra es mucho menor por la pérdida de sujetos a lo largo del periodo de seguimiento.

Evidencia empírica

Estabilidad de las diferencias individuales

La cuestión es: ¿el nivel que cada persona alcanza en las variables de personalidad en relación a su grupo de referencia, se mantiene o cambia a lo largo de la vida?

Costa y McCrae en un estudio evaluaron en una muestra de adultos de 25 a 84 años de edad las dimensiones de neuroticismo, extraversión y apertura mental con un intervalo de 6 años entre la primera y la segunda medición, tomando datos de autoinforme (aportados por el sujeto sobre sí mismo) y heteroinforme (aportados por la esposa/o sobre el sujeto evaluado). Con un intervalo entre evaluaciones de3 años se tomaron datos de autoinforme sobre las dimensiones de afabilidad y tesón.

Resultados: por la magnitud de los coeficientes de correlación, las dimensiones de personalidad evaluadas muestran una significativa estabilidad, tanto cuando se consideran los autoinformes como los heteroinformes (esto son menos susceptibles de sesgos que los autoinformes). Cuando se corrigieron los coeficientes indicaron una extraordinaria estabilidad temporal en las 5 dimensiones evaluadas.

Estos resultados no descartan que se produjeran cambios asociados a la edad pero indicarían que dichos cambios se han debido producir en toda la población de forma que la posición relativa de cada individuo en las variables en estudio permanece estable.

Ejemplo: el que estaba por encima de la media poblacional en neuroticismo cuando tenía 25 años sigue estando por encima a los 40, aunque en este intervalo de tiempo su puntuación absoluta haya cambiado, pero no ha cambiado en relación con la media poblacional.

Contraste entre cambio subjetivo y estabilidad objetiva

Las impresiones subjetivas de cambio en la personalidad con el paso de los años son inconsistentes con los datos objetivos que vienen a demostrar que no hay grandes cambios en personalidad asociados a la edad.

Los datos del estudio anterior indican que la mayoría de los sujetos percibía una gran estabilidad en su personalidad (51% no ha cambiado nada, 35% ha cambiado algo pero poco) lo que sería consistente con los datos objetivos, procedentes de las evaluaciones realizadas.

Otros sujetos (14%) piensan que han cambiado mucho, aunque esta “percepción” no recibe apoyo de los datos objetivos, que vienen a indicar que han cambiado tan poco como aquellos que efectivamente pensaban que habían cambiado poco o nada.

La sensación de que nuestra personalidad cambia con el paso de los años, está en gran medida condicionada por el hecho de que nos enfrentamos a situaciones y roles distintos. Hacemos un uso distinto de la personalidad más ajustado a la realidad, de nuestros recursos y potencialidades adaptativas que constituye la parte sustancial de nuestra personalidad.

Cambio en los niveles medios de las variables de personalidad

La personalidad es bastante estable cuando se toma con indicador el nivel que cada individuo mantiene en relación a la población que le sirve de referencia.  Sin embargo, los datos no permiten descartar que se hayan producido cambios en términos absolutos en las características de personalidad en función de la edad.

Ejemplo: una persona que a los 25 años se sitúa en una determinada característica de personalidad por encima del 25% de la población de referencia puede seguir manteniendo el mismo nivel relativo a los 60 años, aunque su puntuación absoluta (la que obtiene en la evaluación de dicha variable) haya cambiado.

Para estudiar la segunda forma de estabilidad ⇒ la presencia de estabilidad o cambio en los niveles absolutos de las variables de personalidad con el paso de los años, se usan 2 estrategias:

  1. asociada a los estudios transversales: calcular el coeficiente de correlación entre la edad de los sujetos y los valores que obtienen en las variables de personalidad en estudio o contrastar los niveles medios en las variables de personalidad que presentaban sujetos de distintos rangos de edad.

  2. asociada a los estudios longitudinales: consiste en calcular la diferencia entre las puntuaciones en personalidad que obtienen los sujetos en los distintos momentos de evaluación que se lleven a cabo a lo largo del periodo de seguimiento de la muestra.

Ejemplo de la primera estrategia ⇒ En un estudio de Costa y McCrae se calculó la correlación entre edad y los 5 grandes factores de personalidad en una muestra que abarcaba un rango de edad de 21 a 64 años. Los coeficientes fueron significativos debido en parte al elevado número de sujetos de la muestra indicando que se produce algún cambio en la personalidad asociado a la edad aunque el cambio es pequeño.

Los resultados sugieren que los pequeños cambios producidos se orientan en una disminución con la edad de los valores medios en extraversión, neuroticismo y apertura mental y por el contrario, un cierto incremento en las dimensiones de afabilidad y tesón.

Esta evolución parece lineal salvo en el caso del neuroticismo donde los datos mostraban una cierta asociación curvilínea indicando que el neuroticismo descendía hasta aprox. la edad de 75 años, para iniciar un ascenso a partir de esa edad.

Ejemplo de la segunda estrategia ⇒ las principales conclusiones del balance de investigación longitudinal hecho por Helson y Kwan indican que se producen cambios en las diversas facetas de personalidad evaluadas, de forma que las personas mayores, cuando se les contrasta con sus evaluaciones a edades más jóvenes, tienden a presentar mayores niveles de autocontrol, responsabilidad y cooperación (aspectos asociados a la disminución en neuroticismo e incremento en las dimensiones de tesón y afabilidad) mientras al mismo tiempo presentan una menor flexibilidad, habilidad e interés para la interacción social (paralelo al descenso de apertura mental y extraversión).

Las dimensiones de Afabilidad y Tesón muestran un perfil de crecimiento continuo a lo largo de las distintas etapas del ciclo vital evaluadas.

La dimensión de Estabilidad Emocional, donde se aprecia un incremento significativo hasta la edad adulta media (en torno a los 40 años) para seguir mostrando posteriormente pequeños incrementos de escasa significación y un ligero descenso a partir de los 70 años.

La dimensión de Apertura Mental muestra un perfil curvilíneo en el que puede observarse un significativo crecimiento hasta el inicio de la edad adulta, estabilizándose con pequeños cambios poco significativos hasta la década de los 60, iniciando a partir de ella un descenso significativo.

La dimensión de Extraversión. Se analizaron 2 de las principales facetas integradas en la misma:

  • Vitalidad Social (sociabilidad, afecto positivo)

  • Dominancia Social (asertividad, independencia y autoconfianza)

El perfil esperable de la dimensión global de extraversión se cumple en la faceta de Vitalidad Social pero no en la de Dominancia Social que muestra un perfil contrario.

Estos resultados ponen de manifiesto que se siguen produciendo cambios en la personalidad hasta etapas avanzadas del ciclo vital y aunque estos cambios son pequeños en la mayoría de los casos pueden tener efectos profundos en el desarrollo de la persona alo largo del ciclo vital.

Los datos de este estudio apuntan a las primeras etapas de la edad adulta como el periodo en el que se producen mayores cambios en personalidad y de signo positivo en la gran mayoría de las dimensiones, cuestionándose así la idea sostenida de que sería la adolescencia la etapa vital en la que se concentrarían los mayores cambios.

Resumen: Se permiten 2 afirmaciones:

  1. existe una notable estabilidad por lo que respecta a las diferencias individuales en personalidad (el nivel relativo que caracteriza a cada individuo en las diversas características de personalidad cambia poco con el paso de los años.

  2. el peso absoluto medio de las distintas variables de personalidad cambia con la edad. Salvando las diferencias individuales conforme uno se va haciendo mayor va mostrando menor número, o con menor intensidad, de indicadores de Apertura Mental o tiende a mostrar un comportamiento más responsable.

¿Cuándo está consolidada la personalidad?

Existen varias hipótesis que fijan un punto en el curso vital de las personas en el que se puede decir que la personalidad está consolidada. Hipótesis:

  1. Hipótesis psicoanalítica: sugiere que la personalidad está estructurada en la infancia, en torno a los 5 años de edad. La evidencia empírica la descarta ya que la adolescencia es un periodo vital caracterizado por intenso cambios y reajustes en el modo en que el individuo se enfrenta a los nuevos retos y situaciones. El inicio de la edad adulta conlleva un esfuerzo adaptativo que se traduce en cambios importantes en su estilo adaptativo, en el modo de interpretar y reaccionar a las situaciones de la vida diaria.

  2. Hipótesis de Bloom: parte del supuesto de que la personalidad está consolidada en la edad adulta y que ésta se alcanza en torno a los 20 años, pero la propia investigación de Bloom tas revisar la evidencia aceptó que a los 20 años se seguían produciendo cambios en la personalidad.

  3. Posteriormente 2 hipótesis ⇒ Una liderada por Costa y McCrae que propone que la máxima estabilidad se alcaza en torno a los 30 años, aunque pudiesen presentarse cambios en edades posteriores, pero de escasa importancia y otra que se apoya en los datos aportados en el meta-análisis de Roberts y Del Vecchio que sostiene que la personalidad se mantienen flexible y sigue evolucionando a lo largo de la edad adulta, hasta edades bastante posteriores a los 30 años.

¿Se alcanza el techo de estabilidad de la personalidad en torno a los 30 años?

Costa y McCrae concluyen que si se toman conjuntamente los resultados de los estudios transversales y longitudinales, todo apunta a que hay poco cambio durante la mayor parte de la edad adulta en los niveles medios de los rasgos de personalidad.

Esta hipótesis se apoya en el supuesto del mayor peso determinante de los factores genéticos en la expresión de los distintos rasgos de personalidad, pero existe evidencia que pone en cuestión dicho supuesto.

La investigación disponible sugiere que el efecto de los factores genéticos y del ambiente compartido tiende a disminuir con la edad y que los cambios que se producen en la personalidad a lo largo del ciclo vital van teniendo que ver cada vez menos con la predisposición genética y más con las particulares circunstancias que configuran el entorno psicosocial en que se desenvuelve la vida de cada persona.

Como los cambios suelen ser pequeños y tienen lugar a lo largo de periodos dilatados de tiempo (salvo en situaciones muy excepcionales como experiencias traumáticas o acontecimientos vitales severos), la presencia de cambio es menos perceptible y se tiene la impresión de que prácticamente no se ha cambiado.

El entorno en el que cada uno lleva a cabo su vida, se va estabilizando paulatinamente, incrementando con ello la impresión de que uno no cambia, pero cuando el entorno estable que suele acompañar gran parte de la edad adulta cambia (jubilación, cambio de residencia…) puede observarse que la percepción de estabilidad disminuye y se incrementa la sensación de cambios en el modo en que uno afronta las dificultades y se relaciona con los demás e incluso en el modo en que uno se percibe y valora a sí mismo.

¿Sigue evolucionando la personalidad en la edad adulta?

La hipótesis de los 30 años sería apoyada si se pudiera observar que los coeficientes de estabilidad alcanzados en torno a esa edad, se mantienen en edades más avanzadas. Si se afirma que la personalidad está consolidada en torno a esa edad, supone que en torno a los 30 años se alcanzan los niveles máximos de estabilidad en las distintas variables de personalidad, de forma que si estos niveles fluctuasen en edades posteriores, habría que asumir que la personalidad no necesariamente está consolidada a los 30 años sino que puede seguir evolucionando, presentando cambios, en etapas posteriores del curso vital del individuo.

Esto es lo que viene a demostrar el estudio de Roberts y Del Vecchio ⇒ la estabilidad de la personalidad crece de forma escalonada en paralelo a la edad, alcanzando sus niveles más elevados con posterioridad a los 50 años, mientras alcanza sus niveles más bajos en la infancia.

Los resultados ponen de manifiesto que la personalidad sigue evolucionando, continúa mostrando cambio, más allá de la edad establecida como límite (en torno a los 30 años) en la hipótesis sostenida por Costa.

En consecuencia, la personalidad se mantienen flexible a lo largo de todo el ciclo vital, posibilitando la introducción de cambios que serían fruto del esfuerzo adaptativo del individuo y que suponen el reajuste de las competencias, potencialidades y recursos desde los que el individuo seguirá haciendo frente a los retos futuros.

Ardelt sugirió que la evolución de la estabilidad relativa de las variables de personalidad seguiría un perfil curvilíneo, de forma que la estabilidad va creciendo hasta aprox. los 50 años para descender en edades más avanzadas.

Cambio y periodos críticos

Los datos que muestran un cierto escalonamiento de la evolución de la personalidad, con momentos de estancamiento han llevado a muchos a pensar que existen fases de transición, periodos críticos, en los que se producen mayor cantidad de cambios. Si el índice de estabilidad no crece, indicaría que se ha entrado en una fase de cambios (lo que supone una menor estabilidad).

La idea que identifica momentos críticos suele estar asociada al entendimiento de la evolución vital como una sucesión de etapas cronológicamente pautadas, por las que se supone pasan todas las personas en ciclos de edad más o menos prefijados.

Se interpretan las fases de estancamiento observables en los intervalos 40-49 y 60-73 asociado a la supuesta crisis de la edad adulta media y al periodo en torno a la jubilación.

Esta sugerencia no posee gran apoyo empírico ya que hay que señalar que el modo en que se hace frente a determinadas circunstancias influye en la personalidad, produciendo cambios de mayor o menos intensidad y duración, en función de la naturaleza de la situación y de los recursos personales desde los que uno la afronta.

Personalidad y cambio contextual

En un estudio se planteó la siguiente cuestión: ¿cambia la personalidad en los periodos de transición, por ejemplo al pasar de la escuela primaria a la secundaria? (fase de transición que además coincide con la adolescencia.

Se analizaron los cambios en Autoestima y Autoconcepto, expresado en la percepción que tiene el sujeto respecto de su competencia en distintos ámbitos, como las relaciones interpersonales (ámbito social), áreas escolares (ámbito académico) o actividades físicas (deportes).

Se tomaron 3 criterios:

  1. presencia o ausenta de cambio grupal en las variables mencionadas a lo largo de las distintas fases en que se evaluó el efecto de la transición

  2. estabilidad de las diferencias individuales en cada una de las variables, en los distintos momentos temporales del proceso de transición

  3. objetividad o subjetividad del cambio

¿Se producen cambios globales en las diversas facetas evaluadas? Si.

  • el nivel de Autoestima disminuye al pasar a la nueva situación aunque se recupera a lo largo del nuevo curso.

  • con lo que respecta al Autoconcepto, la evolución varía según la faceta concreta evaluada: social (relaciones interpersonales), académica o deportes. Los patrones de cambio tienden a ser parecidos en chicos y chicas.

Estabilidad en las diferencias:

¿El nivel relativo de autoestima o autoconcepto de cada individuo en sus diversas facetas cambia significativamente a lo largo del periodo de transición? Mediríamos en este caso la “estabilidad relativa”.

En términos generales, la estabilidad de los diversos criterios evaluados parece incrementarse incluso durante este periodo de transición. Cuando la transición provoca un cambio significativo, ello suele ocurrir en aquellos ámbitos en los que la situación ha cambiado más significativamente, dando lugar a que cambien de forma sustantiva las experiencias del individuo en las que basa su autoconcepto.

Ejemplo: las consecuencias de haber cambiado de profesor, haber pasado de la escuela al instituto…haber pasado a un entorno académico claramente distinto explicaría que los mayores cambios se produzcan en las facetas ligadas a las actividades académicas.

Por lo que respecta a las diferencias de sexo, los chicos en general parecen más estables que las chicas. En la faceta académica y social las diferencias no son muy relevantes, en cambio, sí lo son en la faceta deportes.

¿Son estos efectos algo puramente subjetivo, o se corresponden con la realidad, de forma que coincidirían con la valoración que de los mismos aspectos hiciera una persona que observa al sujeto?

Los datos tienden a indicar la certeza con la que los sujetos (más los chicos que las chicas) se evalúan a sí mismos se incrementa a lo largo del periodo de evaluación. Esto va en la misma dirección que el aumento de maduración y consolidación de la identidad personal, que se estaría produciendo en esta etapa del ciclo vital de los individuos y que no se ve alterada por cambios situacionales como los estudiados en la investigación.

Personalidad y situaciones traumáticas

A diferencia de lo que puede ocurrir en transiciones o periodos de cambio suaves, otras situaciones pueden producir cambios más significativos en la personalidad y en la vida de las personas y sus efectos podrían rastrearse aunque haya transcurrido un número importante de años. Este puede ser el caso de experiencias traumáticas severas, como muestra por ejemplo la investigación llevada a cabo por Elder y Clips en la que analizaron el impacto de la experiencia de combate en soldados americanos que participaron en la 2ª Guerra Mundial y en la de Corea y de quienes se disponía de evaluaciones de su personalidad cuando eran adolescentes.

De este estudio se destacan 2 aspectos:

  1. la persistencia del balance que hacían de la experiencia de guerra

  2. el impacto que tal experiencia crítica ha ejercido en sus vidas

1. Cuando 40 años después se pidió a aquellos sujetos que sufrieron las severas condiciones de combate que recordaran la experiencia e hicieran un balance de la misma, seguían manteniendo vivos algunos de los aspectos más negativos de aquella situación. Ejemplo: ansiedad, pesadillas, dolor por la muerte y pérdida de amigos…

Al mismo tiempo reconocían que de aquella experiencia también habían sacado consecuencias positivas, que aún les eran de utilidad en sus vidas. Ejemplo: aprender estrategias para hacer frente a la adversidad, incremento de la capacidad de autodisciplina y en general que había aprendido a valorar la vida.

2. Para analizar el impacto psicosocial contrastaron indicadores de funcionamiento psicosocial (problemas emocionales y de conducta) cuando terminaron el servicio militar activo y posteriormente cuando ya habían cumplido 55 años. El análisis puso de manifiesto que si en el momento de licenciarse, presentaban problemas emocionales y de conducta, en la siguiente evaluación, unos 30 años más tarde, aún seguía presentando síntomas de estrés

Un segundo indicador analizado del impacto psicosocial fue la posible incidencia sobre aspectos diversos de su personalidad. En esta nueva esfera del funcionamiento psicosocial del individuo se apreció también una significativa incidencia de la experiencia por la que habían pasado unos 20 años atrás.

En comparación con la personalidad adolescente, quienes habían sufrido la experiencia de combate habían incrementado su nivel de asertividad, capacidad y flexibilidad adaptativas, capacidad de esfuerzo y autocontrol y se mostraban significativamente más seguros de sí mismos y con capacidad para hacer frente a las dificultades.

Factores moderadores

Factores que moderan la magnitud de los datos sobre estabilidad relativa de la personalidad

 Factor moderador
 Efectos
 Intervalo entre evaluaciones  Mientras más corto es el intervalo, mayor tiende a ser el coeficiente de estabilidad
 Fuente de los datos  El coeficiente de estabilidad tiende a ser mayor cuando se basa en datos de autoinforme
 Globalidad/Especificidad del indicador de personalidad medido  Los datos tienden a mostrar una mayor estabilidad cuando se evalúan dimensiones estructurales globales (5 dimensiones) que cuando se miden facetas o variables más específicas (autoestima)
 Edad del sujeto en la 1ª evaluación  El coeficiente de estabilidad tiende a ser menor (menor estabilidad) mientras más joven era el sujeto cuando se le evaluó por primera vez
 Género  No existen diferencias en estabilidad entre hombres y mujeres (en las 5 dimensiones). Consideradas las dimensiones por separado, las mujeres tienden a presentar mayor estabilidad que los hombres en neuroticismo y extraversión y el patrón opuesto en afabilidad y apertura mental. No hay diferencias en la dimensión de tesón
 Nivel de evaluación: grupal o individual (en rasgos concretos o sobre el perfil o configuración de rasgos que definen al individuo  A nivel individual no se aprecian diferencias significativas y sistemáticas en estabilidad, según se evalúen rasgos concretos y configuraciones de rasgos, los índices de estabilidad/cambio a nivel grupal no siempre corren paralelos a los observables a nivel individual
 Diferencias individuales  Notable evidencia sobre la existencia de diferencias individuales en los indicadores de estabilidad/cambio en la personalidad en todas las edades (infancia, adolescencia, edad adulta, vejez)

Interacción personalidad-ambiente

La personalidad sigue evolucionando a lo largo de toda la vida.

Evolución de la que la personalidad es producto y al mismo tiempo agente activo de cambio.

La personalidad es potencial de acción y adaptación y como tal actúa y se actualiza en interacción con el medio.

La personalidad no se desarrolla en el vacío, sino que es producto del conjunto de circunstancias que rodean la vida del individuo.

Es producto igualmente de los esfuerzos adaptativos del sujeto, pero al mismo tiempo, es agente y parte activa de la evolución y cambio de esas mismas circunstancias contextuales.

Parte muy activa del proceso adaptativo mediante el que se va desarrollando el proyecto vital de cada persona, grupo, de la sociedad en general.

Este papel activo explica que existan diferencias individuales en el proceso adaptativo que define e identifica el proyecto vital de cada persona. Este proceso adaptativo es propio de cada individuo, en base, a la compleja y dinámica interacción recíproca que en cada momento se está produciendo entre sus potencialidades y recursos, y las restricciones y demandas contextuales.

Personalidad y contexto sociohistórico

El contexto cultural en el que se desenvuelve la vida del individuo condiciona su personalidad, de forma que ésta irá reflejando los cambios que en aquél se vayan produciendo (tanto a nivel individual como a nivel poblacional).

La personalidad es fruto de y viene moldeada por el esfuerzo adaptativo que lleva a cabo el individuo para hacer frente a las demandas que en cada caso la situación, la sociedad, le plantean.

En la medida en que estas demandas cambien en el curso del devenir histórico, el tipo de estrategias implicadas en el proceso adaptativo cambiarán en consonancia con las nuevas demandas.

No sería sorprendente observar que los niveles poblacionales en las dimensiones básicas de personalidad también fluctúen con los cambios históricos.

Twenge analiza los valores medios poblacionales en extraversión y neuroticismo/ansiedad a lo largo de los últimos 30-40 años y cómo la evolución de las puntuaciones en estas dimensiones podría estar asociada a los cambios producidos en la sociedad durante este mismo periodo de tiempo.

En la dimensión de extraversión observó un incremento significativo durante el periodo evaluado.

En la dimensión de neuroticismo/ansiedad se dio también un incremento significativo en los valores medios poblacionales.

¿Qué cambios producidos en la sociedad podrían dar cuenta de estos cambios en personalidad?

Los datos sugieren una significativa asociación entre evolución de la dimensión de extraversión y aspectos como el incremento en la movilidad de la población y cambios en el estilo educativo, tanto en la familia como en la escuela, orientado hacia una mayor permisividad, la potenciación de valores como la cooperación y el entrenamiento en habilidades sociales.

El incremento en neuroticismo/ansiedad parece asociado a un cierto deterioro en la calidad de las relaciones interpersonales (incremento de personas que viven solas, aumento de divorcios, disminución de la tasa de nacimiento, incremento del individualismo) junto al incremento (subjetivamente percibido) de ciertas amenazadas procedentes del aumento de la criminalidad, nuevas enfermedades, problemas de desempleo…

Ajuste Personalidad-Contexto social

Los datos solo estarían reflejando que la personalidad es en parte producto de las condiciones sociales propias del momento histórico-cultural en el que a uno le toca vivir, pero lo importante sería explicar cómo se produce ese cambio.

Roberts y Helson analizaron la incidencia sobre la evolución de la personalidad del incremento en la sociedad americana durante los años 60 y 70 del “individualismo” como filosofía de vida y la significación adaptativa del ajuste o desajuste que en el individuo pudo producirse entre su personalidad y el estilo de vida dominante en la sociedad.

Cambio social y personalidad

El estilo de vida dominante en la sociedad (años 60 y 70) produjo un incremento en individualismo en la muestra para descender en los años 80, en paralelo de nuevo al debilitamiento en la sociedad de la filosofía individualista.

Esto quiere decir que las mujeres de la muestra asimilaron el estilo de vida imperante en la sociedad, identificado por:

  • una mayor confianza en sí mismo y menos en los líderes políticos

  • mayor espontaneidad y expresividad emocional

  • incremento en desinhibición conductual y defensa de valores, ideas y manifestaciones no convencionales

La asimilación del patrón y clima cultural de la época produjo cambios apreciables en la personalidad.

La asimilación de la presión cultural corrió paralela a un descenso en aspectos como adherencia a las normas, incremento en narcisismo (dimensión que engloba aspectos como impulsividad, asertividad, rebeldía o satisfacción e indulgencia consigo mismo), individualismo (englobando originalidad, amplitud de intereses, espontaneidad e imaginación) y energía (escala integrada por indicadores de agresividad, asertividad o dominancia).

La personalidad como agente del cambio

La personalidad del individuo cambia en la medida en que asimila y se ajusta a los distintos factores de influencia social existentes en cada momento histórico, pero al mismo tiempo, ese proceso de asimilación y ajuste se produce, o puede producirse, de distinta forma en cada individuo, en base, a la peculiaridad e idiosincrasia (personalidad) con que cada persona se acerca y negocia (asimilando, cambiando o rechazando) la influencia contextual.

La evolución del cambio personal en sintonía con el cambio social se debe, al mismo tiempo, a las consecuencias que tiene para el individuo el ajustarse a lo que comúnmente se ha denominado “reloj social” (conjunto de expectativas que la sociedad mantiene acerca de los roles, valores, actitudes y conductas que cada uno debería desarrollar en las distintas etapas de su vida).

Caspi señala que la trayectoria vital se puede analizar como una secuencia de roles, definidos culturalmente para cada edad, que cada uno va enfrentando en las distintas edades y que vienen a constituir la realidad psicológica a la que cada uno se enfrenta con sus recursos personales y sociales.

Esta especie de “reloj social” define la conducta que sería apropiada en cada momento, ayuda a entender la conducta que cada uno desarrolla y condiciona en gran medida las consecuencias que se reciben por la misma.

Ejemplo: El seguir la “norma asignada a la edad” que sugiere la edad apropiada para tener los hijos facilitará la obtención de apoyo social para hacer frente a las demandas que la “paternidad” comporta. En cambio, la posibilidad de encontrar dificultades para afrontar tal situación se incrementará si uno entra en el rol de “padre” a destiempo.

La transición y ajuste exitosos a los roles previstos socialmente para cada edad vienen a constituir la realidad nuclear a la que el individuo se enfrenta a lo largo de su vida.

La diferencia entre unas personas y otras no estaría en las unidades específicas sino en el patrón interactivo que caracteriza el modo en que cada uno intenta adaptarse a los retos propios de cada edad.

Diferencias individuales en estabilidad/cambio

La distribución de los porcentajes de la muestra que introduce cambios en su estilo de vida en cada tramo de edad, pone en evidencia que pese a las presumibles ventajas que pueda reportar el introducir cambios en nuestras vidas en el momento apropiado  en sintonía con los vectores de influencia social existentes en cada momento, no todos los sujetos cambiaron al mismo tiempo, no todos siguieron el mismo patrón de cambio.

¿Quiénes cambiaron en el momento oportuno, adaptándose al reloj social y cultural? Aquellos que previamente presentaban un mejor ajuste personal y social.

En apoyo de esta hipótesis, los datos de esta investigación indican cómo las mujeres que cambiaron “a tiempo” en contraste con las que lo hicieron demasiado pronto o tarde, mostraban una mayor confianza en sí mismas, presentaban menores niveles de ansiedad, eran abiertas, éticamente consistentes y menos vulnerables psicológicamente.

Aquellos sujetos que presentaron un mayor ajuste psicosocial y fueron acompasando su evolución personal con la evolución de las presiones culturales, a diferencia de quienes asumieron el cambio en un momento inadecuado de sus vidas, mostraban un mayor grado de ajuste personal, reflejado en mejores indicadores de salud, un clima familiar basado en la interacción igualitaria entre los miembros y bajo en jerarquización y una más sólida red de apoyo social.

Helson y Soto analizaron los cambios en personalidad asociados a la evolución de los roles sociales (en el ámbito familiar y laboral) y estatus profesional de las mujeres entre los 27 y los 61 años.

Se observó cómo en paralelo al mayor número de roles sociales e implicación en el trabajo, se produjo un incremento en aspectos relacionados con las dimensiones de tesón y extraversión (esfuerzo, disciplina, responsabilidad, adherencia a las normas sociales, confianza en sí mismo, asertividad y dominancia social) que iniciaban un descenso a partir de la mitad de la década de los 50 a medida que iba disminuyendo la presión sociolaboral sobre las participantes en la investigación.

Conclusión: la evolución que experimenta la personalidad de un individuo a lo largo de su ciclo vital está condicionada por los eventos y circunstancias sociohistóricas y personales que corren paralelos a su ciclo vital.

Al mismo tiempo se afirma que el individuo con su peculiar idisosincrasia, con su personalidad, es agente, parte activa de su propio desarrollo, en la medida en que el contexto en el que se desenvuelve la vida de cada persona es fuente eficaz de influencia en tanto es contexto subjetivado, asimilado por el individuo desde la realidad biopsicosocial que le identifica como persona única y desde la que persigue el logro de los objetivos y planes que guían su particular trayectoria vital.

Importante peso para el desarrollo de la personalidad tienen las circunstancias contextuales “no compartidas”, no solo a las circunstancias que acontecen específica y diferencialmente al individuo, sino también al carácter modulador que las características del individuo introducen en la situación, de forma que es vivida hasta cierto punto como única, aún cuando por las propias características intrínsecas de la situación pueda ser común a otras muchas personas.