11. Autorregulación de la conducta

Introducción

La mayor parte de la conducta no está controlada desde el exterior, sino que está autorregulada. Bandura: la autorregulación es un prerrequisito crucial para el logro de las metas. Cualquier conducta dirigida a una meta, por lo sencilla que sea, requiere de capacidad de autorregulación, aunque este hecho se acentúa aún más si las metas son a largo plazo.

La autorregulación implica cambiar el self, sobreponerse a patrones preexistentes de pensamiento, sentimientos y conducta.

Es decir, la autorregulación ocurre cuando la persona intenta cambiar la manera habitual en que piensa, siente o se comporta. Se podría decir que las conductas autorreguladoras están diseñadas para maximizar los intereses del individuo a largo plazo y que es una capacidad necesaria a través de todo el desarrollo vital, puesto que las personas tienen que adaptar su conducta constantemente a nuevos ambientes y demandas. La ausencia de autorregulación subyace a muchos problemas personales y sociales, como el fracaso en la escuela, los desórdenes de conducta y un amplio rango de patrones de conducta adictiva o antisocial.

Los procesos de autorregulación son todos aquellos que se ponen en marcha cuando la persona compara su estado actual real con el estado deseado que le gustaría alcanzar, mientas que las estrategias de autorregulación son aquellas que se siguen para conseguir llegar a ese estado deseado.

Procesos de autorregulación

En los procesos de autorregulación la clave se encuentra en la comparación que hace el individuo entre un estado actual y uno deseado. Los resultados posibles de este proceso de comparación son dos: que exista discrepancia o que no. Si se da una discrepancia entre ambos estados, el paso siguiente sería que el individuo se pusiera en acción para intentar reducir dicha discrepancia. Si por el contrario, no existiera discrepancia en ese aspecto, el proceso acabaría, permitiendo al individuo centrarse en otros aspectos diferentes en los que querría conseguir un cambio.

Este mecanismo de comparación es habitual describirlo a través de un modelo secuencial, cuyo acrónimo en ingles es TOTE (test-operante-test-exit) y que se podría traducir como prueba-intervención-prueba-retirada. Por ejemplo, una persona se pesa en la báscula y decide que quiere perder peso. Para ello, se propone hacer ejercicio y llevar una dieta saludable. Después de unas semanas de hacer ejercicio regularmente y comer sano se vuelve a pesar para comprobar si ha perdido peso. Si ha perdido una cantidad de peso que considera satisfactoria puede dejar la dieta y el ejercicio. Cuando la persona se pesa, estaría en las fases de prueba, ya que está probando cuál es su estado actual o cómo se acerca a su objetivo.

Hacer ejercicio regularmente y comer de forma saludable constituye la fase de intervención, mientras que decidir parar de hacer ejercicio y de comer sano, sería la prueba de retirada, puesto que dejará de prestar atención a su peso y de intentar perderlo.

El mecanismo básico de comparación entre el estado actual y el deseado que se ha descrito, implica la ocurrencia de los siguientes procesos:

  1. Auto-observación: la persona compara su estado actual con el deseado, pero para que esto pueda ocurrir tiene que tener una representación mental de su estado actual, y esto es posible gracias a la focalización de su atención sobre sí misma, es decir, esta representación mental de su estado actual se deriva del proceso de auto-observarse o monitorizarse a sí misma. El proceso de auto-observación o monitorización no ocurre sólo al inicio, sino que en el proceso de alcanzar la meta, la persona se vigilará de forma reiterada con el objetivo de comprobar sus progresos. El proceso de auto-observación es fundamental porque de no producirse la persona no tendría información sobre la eficacia del curso de acción elegido para alcanzar sus propósitos y se encontraría perdida sobre los pasos a seguir para conseguirlos.
  2. Auto-valoración: para poder realizar la comparación entre el estado actual y el deseado el individuo también tiene que tener unos valores de referencia o estándares, es decir, una representación mental de aquello a lo que aspira. El hecho de comparar entre el estado actual y el deseado implica que se produce un proceso de auto-valoración, es decir, la persona irá monitorizando periódicamente su propia acción, pero no se limitará a auto-observarse exclusivamente, sino que también valorará si se está acercando o no hacia su estado deseado final. Los valores de referencia suelen tomar la forma de metas, es decir, serían los objetivos que la persona quiere conseguir. Además de las aspiraciones o metas, los valores de referencia pueden tomar la forma de obligaciones, como por ejemplo, las normas y reglas sociales sobre lo que se considera una conducta apropiada.
  3. Auto-reacción: la persona se auto-observa y valora si se está acercando o no hacia su estado deseado final. Y en función de esta auto-valoración la persona se auto-recompensará en el caso de que evalúe progresos, o introducirá cambios en el caso de que considere que no ha conseguido avances. Si bien las auto-recompensas pueden consistir en un esfuerzo externo (una persona se puede premiar a sí misma con un pastel después de haber estudiado 5 horas y aprendido importantes conceptos), las más significativas, desde la perspectiva de la autorregulación, son las que toman la forma de evaluaciones positivas de uno mismo, que derivan, a su vez, en la experiencia de sentimientos positivos como el orgullo o la satisfacción, y en incrementos de la percepción de autoeficacia. El papel que juegan estas evaluaciones positivas es determinante para que la conducta dirigida a meta se mantenga durante los largos períodos de tiempo requeridos para lograr dichas metas, de tal manera que muchos de los fallos de la conducta autorreguladora (como por ejemplo cuando se abandona la meta) se pueden deber a la ausencia de estos auto-refuerzos. Se podría decir que la acción del individuo está guiada, en parte, por los esfuerzos de obtener sentimientos positivos sobre uno mismo, de uno mismo.

Estrategias de autorregulación

La estrategia de subdividir la meta final en submetas o metas parciales, no sólo permite evaluar si se ha logrado o no la meta parcial, sino que también posibilita que la persona consiga refuerzos parciales, que fundamentalmente van a consistir con forma de evaluación positivas sobre el self. Estos auto-refuerzos parciales facilitarán que la persona se siga esforzando para conseguir la meta final.

Otra estrategia, también básica, y de carácter general, es que la meta que se persigue sea importante para el individuo y esté integrada en su sistema motivacional, es decir, que sea congruente con las otras metas y valores que la persona tiene. En relación al valor o importancia de la meta, habría que señalar que el hecho de que la persona se ponga en acción va a depender, al menos en parte, de que la meta perseguida sea valorada por la persona. De hecho, se sabe que el tesón o perseverancia de la conducta dirigida a meta es mayor cuando las metas son valoradas o importantes para el individuo. Por otra parte, el valor de la meta se deriva, entre otros aspectos, de que la citada meta sirva para conseguir otras metas o necesidades de orden superior.

También hay que resaltar la importancia que tiene el hecho de que exista congruencia entre las metas que el individuo está intentando conseguir y las metas o necesidades de orden superior, de cara al inicio y mantenimiento de la conducta dirigida a meta. En este sentido se ha encontrado que las metas intrínsecas (que son aquellas que se dirigen a conseguir lo que el individuo verdaderamente necesita) se asocian con mejor rendimiento que las extrínsecas.

Vamos a exponer el estudio de Stadler, Oettingen y Gollwitzer en el que compararon la eficacia de dos intervenciones sobre la conducta de ingesta de frutas y verduras. Este estudio analizó la eficacia de dos intervenciones, en una sólo se daba información sobre los beneficios de una dieta saludable tanto a corto como a largo plazo, a la vez que se les animaba a consumir 5 raciones de fruta y verdura al día. En la otra condición, además de la información se entrenaba brevemente en diversas estrategias de autorregulación. Los resultados muestran que en ambos grupos el número de raciones tomadas después de 1 semana, y 1, 2 y 4 meses después de la intervención se incrementaron significativamente respecto a las raciones tomadas en línea base. Sin embargo, sólo en el grupo en el que se practicaron estrategias autoreguladoras aumentó significativamente la ingesta de frutas y verduras, respecto a la línea base, a los 24 meses. Además, ambos grupos diferían significativamente en las medidas realizadas a los 4 y 24 meses, indicando que el grupo que ejercitó las estrategias de autorregulación consumía más raciones de frutas y verduras que los que sólo recibieron información sobre los beneficios de una dieta saludable.

De estos datos se desprende que las estrategias de autorregulación son esenciales para el inicio de la conducta dirigida a meta, pero sobre todo para mantener la conducta por largos períodos de tiempo. En este caso, aquellos a los que sólo se les había aportado información también incrementaron su ingesta de fruta y verdura, pero mantuvieron esta pauta por un período corto, mientras que aquellos que ejercieron las estrategias de autorregulación consiguieron mantener la conducta de comer más raciones de fruta y verdura después de haber transcurrido 24 meses.

Estrategias para demorar la gratificación

Un aspecto fundamental en la persecución de metas a largo plazo es la capacidad para demorar la gratificación inmediata en aras de conseguir una compensación mayor en un tiempo posterior. Todas las metas que se prolongan en el tiempo requieren la renuncia a gratificaciones inmediatas. Recordemos a la persona que tiene que renunciar a la satisfacción de comer dulces para conseguir perder peso, o al estudiante que tiene que renunciar a la diversión de sus salidas con sus amigos para estudiar y aprobar.

La demora de la gratificación constituiría un constructo subordinado a otro más amplio al que se denomina resistencia a la tentación. Las tentaciones son posibilidades atractivas, y en el contexto de las metas y la autorregulación, se pueden considerar como metas alternativas que aportan premios más inmediatos, pero menos importantes.

Para estudiar este tipo de fenómenos se ha empleado extensamente el paradigma de la demora de la gratificación. En los estudios realizados desde esta perspectiva, se muestra algún producto consumible (chocolatina, etc...) a los participantes, que normalmente son niños, y a continuación se les presenta un dilema: esperar a que el experimentador vuelva después de un tiempo que o se les determina (aunque son 20 minutos como máximo) y entonces obtendrían dos productos, o tocar una campana y el experimentador se presentaría inmediatamente, pero sólo les daría 1. La capacidad de autocontrol o autorregulación, en este caso de demorar la gratificación, se mide por el tiempo que tarda cada uno de los niños en tocar la campana.

De las revisiones realizadas se pueden destacar los siguientes resultados significativos:

  • Cuando la recompensa está presente, los niños esperan muy poco para tocar la campana, 1 minuto de promedio, es decir, no muestran capacidad para inhibir sus respuestas impulsivas.
  • Cuando la recompensa, aunque esté presente, no resulta sobresaliente (se tapa con un paño o se guarda en un armario), la mayoría de los niños son capaces de esperar bastante tiempo.
  • Aunque la recompensa esté presente y sea sobresaliente, si se emplea una estrategia interna de autorregulación, como es desplegar la atención fuera del objeto (es decir, no prestar atención al objeto y focalizarse en otra cosa), los niños son capaces de esperar por más tiempo.
  • A pesar de la exposición a la recompensa, la mayoría de los niños son capaces de esperar el tiempo requerido si se distraen con algún objeto externo como un juguete. Presumiblemente la eficacia del distractor depende de lo interesante que resulta para la persona.
  • La distracción cognitiva autogenerada, como pensar en cosas divertidas (canciones, etc...) permite a los niños demorar la gratificación hasta el tiempo requerido.
  • Los niños eran capaces de esperar la totalidad del tiempo cuando pensaban en los aspectos no consumatorios del producto, como el tamaño o el envoltorio, mientras que no eran capaces de esperar cuando se centraban en los aspectos consumatorios como su sabor, su olor, o su textura crujiente.

Además de no exponerse directamente a los objetos deseados, parece que la estrategia más importante para conseguir demorar la gratificación o resistir la tentación se refiere al manejo adecuado de los recursos atencionales. En concreto, y por una parte, resulta efectivo no focalizar la atención en los objetos que constituyen la gratificación, sobre todo en sus aspectos consumatorios, y por otra, también parece útil distraerse, empleando tanto otros objetos o tareas que resulten atractivos, como mediante pensamientos autogenerados.

Estrategia de planificación o implementación

Una estrategia que ha mostrado ser muy eficaz es la de planificar anticipadamente qué conducta se va a iniciar, cuándo se va a realizar, dónde se va a llevar a cabo, y por cuánto tiempo se va a mantener. Por ejemplo, una persona que ha decidido que quiere aprender inglés puede planificar apuntarse a una academia, 3 días a la semana un par de horas después de trabajar y seguirá este plan durante un curso. Los planes pueden variar en complejidad y especificidad, pero todos tienen la misma función principal, la de facilitar la ejecución de la tarea.

A la planificación también se la denomina implementación de la intención ya que se refiere a la puesta en marcha de una intención del individuo de perseguir una meta.

La planificación o implementación se basa en la identificación previa de qué conductas son las más instrumentales o adecuadas para lograr las metas y qué situaciones son las más favorables para llevarlas a cabo, y, además, permite crear un vínculo asociativo entre situaciones y la conducta.

La planificación o implementación de la intención es especialmente efectiva cuando emplea el formato “Si... entonces...”, es decir, “Si la situación X ocurre, entonces realizaré la conducta Y”. El componente “Si” describe una situación concreta que se considera como una buena oportunidad para actuar, mientras que el componente “entonces” describe una conducta instrumental dirigida a meta. De esta manera se vinculan las situaciones críticas con la conducta dirigida a meta, la cual se iniciaría una vez que la situación relevante aparece.

Los diferentes estudios realizados han mostrado que la planificación es una estrategia muy eficaz para el logro de las metas.

Así, se ha encontrado que los planes resultan efectivos para conseguir una gran variedad de metas relacionadas con el consumo, el medio-ambiente, el rendimiento académico o la salud. También se ha documentado que la planificación es especialmente útil en la consecución de las metas cuando las personas puntúan bajo en el rasgo de responsabilidad y/o tienen dificultades importantes para regular su comportamiento. En el mismo sentido, los estudios también indican que los efectos de la implementación son más fuertes cuando las tareas son difíciles. Por otra parte se ha demostrado que la implementación es una estrategia muy útil para el logro de las metas pero sólo cuando los participantes tienen intención de llevarla a cabo.

En relación con la intención, parece ser una condición necesaria para que la planificación sea efectiva en el inicio y mantenimiento de la conducta dirigida a meta. Sin embargo, conviene recordar que la mera intención no es suficiente para que la conducta dirigida a meta se inicie y se mantenga hasta conseguir el resultado deseado. Las bajas correlaciones que sistemáticamente se encuentran entre intención y conducta, nos indican que las personas pueden tener una intención, pero luego fallan en ponerse en marcha. Por lo tanto, se puede decir que la planificación resulta una estrategia muy efectiva para que las personas inicien y mantengan la conducta dirigida a meta, una vez que tienen la intención o compromiso con la misma.

La planificación, no sólo es útil para evitar las distracciones, sino que también es eficaz para suprimir respuestas habituales, inhibir respuestas automáticas como las derivadas de los prejuicios o estereotipos (en concreto, de género, ante ancianos y ante mendigos), vencer tentaciones y proteger de interferencias derivadas de tareas precedentes de carácter antagónico. Se puede concluir que es una estrategia muy eficaz cuando los individuos se implican en conductas autorreguladoras, puesto que éstas siempre necesitan actos de evitación de distracciones, superación de tentaciones o sustitución de conductas habituales. La planificación es una estrategia muy eficaz, no sólo para iniciar la conducta, sino también para mantenerla durante largos periodos de tiempo.

Procesos subyacentes a la implementación

Las investigaciones más recientes dentro de este contexto se están dirigiendo a estudiar los mecanismos subyacentes a través de los que la implementación consigue ser efectiva en el logro de las metas.

Incremento de la accesibilidad de las claves situacionales específicas: una de las características de la planificación o implementación de la intención es que implica la selección de las características de las situaciones que son buenas oportunidades para actuar. Estas claves que señalan una buena oportunidad para actuar pueden pasar desapercibidas, porque el individuo tiene focalizada su atención en otras cosas (preocupaciones, etc...) o porque estas señales no son obvias a primera vista, o simplemente sólo están disponibles por un corto período de tiempo. Cuando las situaciones críticas o relevantes se han especificado previamente mediante la planificación, estas situaciones no escapan a la atención del individuo. Se postula que el hecho de especificar las claves situacionales que son buenas oportunidades para actuar provoca que su representación mental se active más fácilmente y que, por lo tanto, sea más accesible.

Diversos estudios han corroborado esta idea, pues han encontrado que la selección de las características críticas de la situación futura hace que la representación mental de la misma se active y sea más accesible. Es decir, una parte de los efectos de la implementación se basan en el aumento de la accesibilidad de las señales críticas de la situación seleccionada. El componente “si” de la implementación, por lo tanto, facilita la ruta planificada de la meta incrementando la accesibilidad de las señales especificadas.

Fuerza de la asociación entre las claves situacionales y las conductas: otra característica de la planificación es que permite crear un vínculo entre la situación crítica y la conducta dirigida a meta, de tal manera que la conducta se inicia cuando la situación oportuna se presenta. Esta conducta que se inicia, lo hace de forma inmediata, es efectiva, no consume apenas recursos y no requiere de intención consciente, por lo que cumple todos los requisitos para ser considerada una conducta automática. Esta conducta sería semejante a un hábito que se forma después del repetido emparejamiento de la situación crítica y la conducta, sin embargo, es diferente de los hábitos porque mediante la planificación no se requiere el emparejamiento reiterado, sino que la automatización se produce de forma inmediata.

Por ello, se dice que la planificación constituye una estrategia de automatización o una manera instantánea de instaurar hábitos.

Planificación y flexibilidad

La conducta dirigida a meta se caracteriza por su flexibilidad, ya que existen muchas maneras de lograr las metas, las metas del individuo pueden cambiar y, además, las maneras de conseguirlas se pueden sustituir si éstas no son eficaces. Una línea de investigación, dentro del marco de la implementación se ha dirigido a comprobar si esta estrategia se asocia con reducción de la flexibilidad, ya que la implementación implica la aplicación de un plan de acción previsto anticipadamente.

Los datos de los que se disponen hasta la fecha parecen indicar que las personas no aplican los planes de forma rígida, sobre todo si tienen información sobre su eficacia.

Factores que afectan a la conducta autorreguladora

Reducción o agotamiento de la capacidad de autorregulación

Después de un acto inicial de autorregulación, el rendimiento en un segundo acto, que también requiere autorregulación, disminuye. El empeoramiento del rendimiento en el segundo acto ocurre aunque los actos impliquen esferas de actuación completamente diferente. Para explicar este hecho se ha planteado un modelo de funcionamiento en el que se postula que las diferentes formas de autorregulación tienen unos recursos comunes, que además son limitados por lo que el uso de forma consecutiva de la capacidad de autorregulación reduciría la energía disponible, pudiéndose llegar a producir agotamiento o fatiga del self. La reducción de la energía disponible para el ejercicio de la autorregulación no sería permanente y las personas la podrían recuperar en determinadas condiciones favorables. El modelo también defiende que hay diferencias individuales en la capacidad de autorregulación, y que el éxito o fracaso de la misma depende de la fuerza de autorregulación con que cuenta la persona.

El modelo de reducción o agotamiento de la capacidad de autorregulación permite explicar algunos hechos evidentes, como por ejemplo, que después de afrontar situaciones estresantes, que requieren capacidad de autorregulación, las personas que están a dieta o las que están dejando de fumar fallen en sus intentos, dado que son actividades que requieren mucha capacidad de autorregulación. De la mima manera también nos permite entender conductas cotidianas como que después de un día de trabajo duro, muchas personas elijan actividades que exigen bajo esfuerzo o nula capacidad de autorregulación, como ver la televisión.

Mejora de la capacidad de autorregulación

Si se realiza un entrenamiento, es decir, si se practica de forma repetida seguida de descansos, la capacidad o fuerza de autorregulación se podría incrementar a largo plazo. Los estudios realizados han comprobado esta predicción, pues han encontrado que con la práctica continuada de actividades autorreguladoras se mejora la capacidad de autorregulación. Por ejemplo, en el estudio de Muraven, Baumeister y Tice se comparó el rendimiento en una tarea que requiere autorregulación antes y después de entrenar la capacidad de autorregulación. En concreto, tanto en la primera como en la segunda sesión, los participantes realizaban una primera tarea de resistencia consistente en apretar un agarrador manual (a la que vamos a denominar tarea previa). Se media el tiempo, en segundos, que eran capaces de mantener la presión.

Después realizaban una tarea de supresión de pensamientos, en la que explícitamente se les pedía que no pensaran en un oso blanco. Este tipo de instrucciones que insta a no pensar en algo, lo que produce es precisamente el efecto contrario pues al mencionar el tema en el que no se puede pensar, éste se hace más sobresaliente y se incrementa considerablemente su accesibilidad. Y por último, volvían a realizar la tarea de presión manual (a la que denominaremos tarea posterior). Tanto la tarea de presión manual como la de supresión de pensamientos requieren de capacidad autorreguladora pues implican la inhibición de respuestas automáticas y de control de la atención.

En la sesión 1, ambos grupos mostraron agotamiento, pues ambos valores son negativos (es decir, mantuvieron por menos tiempo la presión en la tarea posterior que en la previa). En la sesión 2, sin embargo, el grupo que se había estado entrenando en la capacidad de autorregulación mostró una mejora significativa, pues el resultado de la sustracción es casi cero, lo que indica que mantuvieron la presión prácticamente por igual tiempo tanto en la tarea previa como en la posterior.

Por el contrario, el grupo control, mostró un agotamiento más acentuado que en la sesión 1, ya que resistieron 22,6 segundos menos en la tarea posterior que en la previa. Estos resultados, junto con otros similares, parecen apoyar la idea de que la capacidad de autorregulación se puede mejorar con la práctica regular de dicha capacidad.

Reposición de la capacidad de autorregulación

La manera más natural de restaurar la capacidad de autorregulación es mediante el descanso y/o el sueño. De hecho, se ha comprobado que los fallos de autorregulación son mucho más frecuentes cuando las personas están cansadas. Sin embargo, cuando las personas descansan después del trabajo (por ejemplo, en el fin de semana) rinden mejor y tienen más iniciativa.

También se ha comprobado que los niños que duermen poco muestran signos de fallos en la capacidad de autorregulación como hiperactividad, labilidad emocional, conducta agresiva o dificultades sociales.

Una línea de investigación actual dentro de este contexto se dirige a identificar actividades adecuadas que puedan contrarrestar los efectos de agotamiento. En este sentido, algunos estudios ya han comprobado que la experiencia de emociones positivas o la autoafirmación del self son actividades efectivas para reducir los efectos del agotamiento de la capacidad de autorregulación.

Por otra parte, también se ha constatado que la autoafirmación del self tiene efectos beneficiosos en relación al fenómeno de la reducción o agotamiento de la capacidad de autorregulación, que son similares a los que tiene la experiencia de emociones positivas. La autoafirmación se refiere a aquellos actos que realiza la persona para apoyar su sentido de adecuación. La autoafirmación se ha estudiado en el contexto de la amenaza psicológica al yo, es decir, cuando se presentan situaciones o información que tienen implicaciones desfavorables para la persona. En situaciones de amenaza al yo se producen respuestas defensivas de carácter autoensalzante, que incluyen, entro otras, cambios de actitudes autojustificantes o sesgos atribucionales autoensalzantes. Lo que se ha encontrado es que las autoafirmaciones provocan que las personas amenazadas actúen como si no hubieran sido amenazadas. Es decir, las autoafirmaciones suavizarían la tendencia a reaccionar con autoensalzamiento ante las amenazas, y al mismo tiempo permitirían a la persona mantener una visión positiva de sí misma. Se ha propuesto que los beneficios de la autoafirmación podrían amortiguar los efectos del agotamiento de la capacidad de autorregulación, lo cual se ha probado en diversos estudios.

Diferencias individuales en la capacidad de autorregulación

Algunos autores mantienen que la capacidad de autorregulación puede ser considerada como un rasgo, ya que se mantiene bastante estable en el tiempo. Por ejemplo, se ha encontrado que la capacidad de inhibir respuestas predominantes pero irrelevantes para la tarea, de niños de preescolar, valorada en una situación de demora de la gratificación (en concreto la capacidad de retirar la atención de los aspectos tentadores o consumatorios de los premios), se mantenía diez años después, en una tarea que requería de esta capacidad en la ejecución de la respuesta.

Por otra parte, la capacidad de demorar la gratificación de los niños de preescolar también se ha mostrado como un potente predictor de su competencia cognitiva, emocional y social cuando alcanzaban su adolescencia o juventud. Así, se ha comprobado que existe una relación directa entre el tiempo que los niños eran capaces de demorar la gratificación y diversos índices, entre los que destacan el rendimiento académico y capacidades como el razonamiento, la planificación y la concentración, así como el manejo del estrés y de situaciones frustrantes.

La capacidad de autorregulación o autocontrol, además de medirse en situaciones concretas, también se puede medir mediante cuestionarios que evalúan las maneras de comportamiento habitual de las personas. Se puede decir que una buena capacidad de autorregulación contribuye al éxito en la vida, en diferentes dominios como el escolar, laboral y social, ya que predice un amplio rango de resultados deseables, como buen rendimiento escolar, popularidad interpersonal, relaciones personales de calidad, utilización de estrategias de afrontamiento efectivas y salud mental. Por otra parte, una capacidad de autorregulación baja aumenta la susceptibilidad a presentar problemas de abuso de sustancias, de desordenes de la conducta alimenticia, de conducta agresiva y violenta y de criminalidad.

Breves notas sobre el sustrato fisiológico de la capacidad de autorregulación

Las personas con lesiones en el córtex frontal presentan déficits de autorregulación, como alta impulsividad, por lo que se la considera la región cerebral responsable de la conducta autorregulada. Así mismo, el córtex frontal dorsolateral, que está implicado en la modulación de la atención, se cree que juega un rol importante en los procesos de autorregulación.

La investigación sugiere que los bajos niveles de glucosa en sangre se asocian con peor autorregulación. Por ejemplo, se ha encontrado que el nivel de glucosa en sangre bajaba si los participantes veían un vídeo en el que tenían que controlar la atención, pero el nivel de glucosa no variaba si simplemente veían un video. También se ha comprobado que los bajos niveles de glucosa después de realizar una tarea que implicaba autorregulación (tarea tipo Stroop, etc...) predecía el peor rendimiento en una tarea posterior que también requería autorregulación (tarea de persistencia, tarea tipo Stroop, etc...).

Además también se ha comprobado que los efectos del agotamiento se eliminaban si se tomaba una bebida con glucosa, pero no si la bebida contenía un edulcorante sustituto del azúcar. También se ha constatado que los fallos en la conducta de autorregulación son más probables según va avanzando el día, lo que es paralelo con el declive en la eficiencia con que el organismo usa la glucosa, así como con el ritmo metabólico que es más rápido durante el día que por la noche.